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Religión Las ofrendas de los teldenses a sus santos benefactores

'Regalos' de Telde a los santos

La basílica de San Juan Bautista concentra la mayor cantidad de los exvotos ofrecidos por los feligreses por los favores concedidos

'Regalos' de Telde a los santos

'Regalos' de Telde a los santos

Este patrimonio intangible, como lo define Echedey Bassó Falcón (Telde, 31 años), profesor de Geografía e Historia en el IES José Arencibia Gil, es una de las tradiciones del municipio que considera debe dársele igual de importancia que al conocimiento del patrimonio histórico-artístico. El motivo que argumenta es que refleja también la evolución de las costumbres de los ciudadanos.

En la basílica de San Juan Bautista es donde se conserva la mayor cantidad de estos presentes a los santos que según los donantes obraron el milagro solicitado. Se encuentran, fuera de la vista de losfeligreses, en la parte trasera de la capilla donde se encuentra la imagen de San Amaro o San Mauro, aunque también en las de San Gregorio Taumaturgo o la de San Francisco existen, en menor número estas singulares piezas.

Ahora en desuso o con otras formas de agradecimiento por las súplicas atendidas, los exvotos ofrecidos se encuentran ocultos o no son detectados en las iglesias donde se encuentran, bien por desconocimiento bien porque no son apreciables a simple vista. Y en esta labor divulgadora es en la que se encuentra Bassó Falcón, máster en gestión del patrimonio, quien elabora un estudio sobre este patrimonio nacido de la devoción popular. "Desde niño, cuando era acólito de la basílica de San Juan Bautista, me interesó conocer lo que para mí era entonces un conjunto de huesos y con el paso de los años comprendí que eran unas ofrendas realizadas en cera y fruto de las promesas de los feligreses", explica el investigador.

El exvoto, una suerte de regalo prometido si se cumplía el favor solicitado, surge desde el propio origen del ser humano por su vacío existencial y la necesidad de refugiarse en un ser superior ante las vicisitudes y problemas que le asolan cada día. "El actual exvoto", añade Echedey Bassó, "nace en las civilizaciones grecolatinas con el votum, que implicaba una promesa o una petición muy concreta y si era favorecedor, traía consigo el exvotum. Por lo que podemos decir que el exvoto es la entrega de un objeto tangible como agradecimiento a los favores recibidos de una divinidad".

En Canarias estas ofrendas no siempre fueron bien recibidas por la Iglesia Católica, ya que, de hecho, en el siglo XIX se celebró un Sínodo Diocesano para prohibir esta práctica por temor a que fomentara el paganismo. Una fina línea entre la religión monoteísta y las prácticas consideradas paganas que no debía traspasarse.

"Aquí no fueron ni amparados ni protegidos al considerar que se podía confundir con la idolatría y prohibió la entrega de exvotos, además de la custodia de los mismos", apunta Bassó Falcón. Sin embargo, después del Concilio Vaticano se epecifica en el Derecho Canónico, en el canon 1254 especifica que la Iglesia Católica debe recoger de la feligresía los diferentes exvotos no solo para conservarlos, sino también para custodiarlos.

Por eso, expone este investigador, la presencia votiva en Canarias es abundante y se encuentra tanto en áreas urbanas como rurales, con sus diferentes características. Es precisamente la Iglesia la que en los primeros siglos potencia y fomenta esta práctica "porque era una forma de propagar la fe y la religiosidad, dar testimonio de vida y de fe por los que los males que abundan en la sociedad pueden ser sanados".

En Telde, la práctica votiva nace desde el inicio de los templos parroquiales y el estudio de este investigador se basa en los de San Gregorio Taumaturgo, San Juan Bautista y San Francisco, aunque "aquí adquiere protagonismo a partir del siglo XVII cuando al templo matriz de San Juan llega la imagen de San Amaro o San Mauro, un santo que tiene un gran fervor en Galicia y Portugal y probablemente con la importante presencia de portugueses que vinieron a trabajar en los ingenios azucareros se desarrolla una importante práctica votiva asociada a este santo, patrón de pies y manos. Es, además, según los datos que he estudiado, la imagen que más exvotos ha recibido, aunque existe otra tipología de exvotos".

Así, explica que en la iglesia de San Gregorio Taumaturgo, la imagen de la Virgen del Buen Suceso, copatrona del templo, alberga a sus pies unos barcos de vela como agradecimiento de haberse salvado de alguna tempestad o algún fenómeno meteorológico complicado. "Otro tipo de exvoto que tenemos estudiado es la peluca de pelo natural que tiene Santa María Magdalena en la iglesia de San Francisco y que donó una vecina del barrio con el pelo de dos de sus hijas". En el resto de iglesias o ermitas del municipio los exvotos, aunque sin descartar que los hayan, no es apreciable porque su ofrenda fue cayendo en desuso en el transcurso de los siglos y fueron estos primeros templos los que tienen un mayor peso.

Y entre ellos, sin duda, la basílica de San Juan es donde más cantidad y variedad se concentran. Detrás de la capilla de San Amaro, en una de esas puertas invisibles a los ojos poco observadores, se encuentran más de un centenar de estas figuras de cera que Echedey Bassó estudia para catalogarlas, conocer su número exacto y su estado de conservación.

Apilados en la parte trasera del retablo, pies, manos o cabezas -estas para San Juan Bautista, patrón de la basílica y que murió decapitado-, pero también vísceras en honor a San Gregorio Taumaturgo -santo al que se le atribuye la curación de enfermedades intestinales-, pechos por Santa Águeda u ojos por Santa Lucía. "Son exvotos con formas como fueron martirizados esos santos y donde los feligreses que veían representados dolencias en esas partes de su cuerpo", expone.

No obstante, hay una temática muy heterogénea en los exvotos. Así, en los primeros tiempos se ofrecían por haberse salvado de algún conflicto bélico, solían estar hechos en hierro, cobre, metal o terracota, aunque también "se encontraba el matiz diferenciador si el exvoto era público o privado. En el primero de los casos porque afecta a la sociedad, como una pandemia, una epidemia, una sequía o la plaga de cigarrones africanos -en este caso se entregó una cigarra en Santa María de Guía o en San Bartolomé en Fontanales, en Moya- y el exvoto de carácter privado, que pese a ser anónimo se exponía públicamente como testimonio de fe y estaban relacionados con la fertilidad, la salud, los abortos, los oficios peligrosos como los de pescadores, maleantes o salvados de un conflicto bélico como la Guerra Civil española.

Estaban expuestos al público, pero con el Sínodo Diocesano del siglo XIX se hizo un expurgo de ellos y pasaron a estar detrás de los retablos, en las sacristías o en camarines y pierden su protagonismo y no cumplen así su función. Aunque se fabricaron con diferentes materiales, de madera los relacionados con las enfermedades y luego la cera fueron la materia prima utilizada. "Con los exvotos en cera, además, la iglesia lograba con la fundición de los exvotos la cera necesaria para hacer los diferentes cirios, como el cirio pascual para el ciclo litúrgico, una suerte de reciclaje y un ahorro económico para los templos. En los libros de fábrica de los archivos parroquiales, como el de San Juan, que data de 1503, nos dicen de su alto valor económico".

Las ofrendas no son exclusivas de una clase social, sino de todos los estratos, aunque sí hay diferencias en el tipo de exvotos. Sobre todo, según apunta Echedey Bassó, en la elaboración y la calidad de estos. Así, "probablemente los que tuvieran un mayor poder socioeconómico la morfología del cerero, que era la persona que elaboraba la cera, a tener que usar mayor calidad acarreaba un mayor gasto, pero la fe no sabe de economía, ni de trato social, ni de país ni de nada", indica, al tiempo que considera muy difícil que se pueda estudiar en los archivos "porque el exvoto tiene un matiz privado".

La economía cerera se concentraba en las poblaciones más rurales y los encargos se solicitaban por parte de municipios limítrofes. No hay constancia de que existieran talleres en la ciudad de Telde, apunta Bassó Falcón,quien considera que se trataba de una demanda de mercado interno que se satisfacía en la propia isla, no de productos procedentes de fuera. Hoy son más objeto de estudio que de conocimiento por la población.

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