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La curiosa monotonía de la abeja

Iván Santana es el apicultor que se encuentra detrás de la marca de miel Colmenar La Violeta, producto que posee tres estrellas del Instituto de Sabor y Calidad de Bruselas

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Colmenar La Violeta, en Telde

La monotonía de la vida corriente aburre. El pago de las facturas, el cuidado de la familia, currar sentando frente a un ordenador durante horas y/o realizar las tareas de la casa. Existen tantas formas de vivir (y sobrevivir) como personas hay en el mundo, y aún así siempre hay algún momento en el que esas maneras caen en la repetición de actos. Y nos cansamos. Sin embargo, otras especies que habitan en nuestro planeta contribuyen al bienestar general del planeta sin queja alguna, expectativas o ambiciones de ningún tipo.

Dicen que si las abejas desaparecieran de la Tierra, el mundo se iría a pique en cuestión de tiempo. Aún así, todavía no ha salido ninguna de estas pequeñas criaturas a reivindicar sus derechos o a luchar contra la explotación (a excepción de la película de animación Bee Movie). "Son dignas de estudio, muy organizadas, y la sociedad debería aprender de ellas", explica Iván Santana, apicultor teldense y la cara que se esconde tras la miel Colmenar La Violeta, "quizá la más premiada de Canarias, aunque me sepa mal decirlo yo", cuenta orgulloso, con una sonrisa tímida, el casi domador de abejas.

Lleva más de veinte años dedicándose a este curioso mundo que es "muy poco conocido", según afirma, y sólo tres de ellos han sido comercializando la miel que elabora (o más bien que elaboran sus abejas) con las sesenta colmenas que posee en Telde y Moya. El 11 de junio recibió del Instituto Internacional de Sabor y Calidad de Bruselas tres medallas de oro por su miel, aunque no es el primer premio internacional que recibe y probablemente no será el último.

"Estoy muy orgulloso y contento porque es el único producto de Gran Canaria que tiene una certificación de este instituto". Trabaja solo, con la excepción del apoyo de su mujer, aunque sus abejas, de procedencia canaria, hacen la mayoría de las funciones. "Es mi trabajo que me apasiona y al que hay que invertir tiempo, cada vez intento mejorar más y aprender más del funcionamiento de la colmena", confiesa el apicultor.

Define su producto como miel de costa, que se elabora dos veces al año con resultados muy dispares. "La primera miel del año es de barrilla, por lo que sale muy clarita, amarillenta y es de fácil cristalización", aclara el experto. "Sin embargo, a final de año las abejas se acercan a las floraciones de plataneras o a los eucaliptos y se consigue una miel más líquida", y añade que no todo depende de las flores. El clima es un factor esencial y, de hecho, Santana admite que este año han habido demasiados altibajos, aunque eso no impide que las trabajadoras continúen realizando sus funciones. Porque otra cosa no, pero disciplinadas lo son un rato.

Y su forma de trabajar es digna de análisis: la colmena se divide por pisos, y de ahí se distribuyen las abejas por edad. "Según sus edades tienen unas tareas u otras, aunque también depende de la cantidad de población que tengan". De jóvenes se encargan de la limpieza y la alimentación de las crías, cuando desarrollan las glándulas cereras se dedican a construir panales y en última instancia a salir fuera para recoger el néctar.

La abeja reina es lo más importante, y nadie lo discute. No hay golpes de Estado ni linchamientos en redes sociales. "Una colmena sin reina no tienen ningún sentido, acaba muriéndose porque una abeja ordinaria que asuma este papel sólo podría tener zánganos; estarían totalmente perdidas", revela Santana. Estas mismas enseñanzas las trasmite también a niños y mayores en diferentes cursos que imparte durante el año.

"Mi finca de Moya la reservo como aula didáctica, doy lecciones a colegios y también a adultos que quieran descubrir este mundo tan desconocido". Además, añade que el interés suele ser más elevado que lo que comúnmente podría pensarse. "Cuando impartí un curso con el Cabildo de 25 plazas, se apuntaron 100 personas", y los niños también sienten curiosidad. "Hace poco fui al instituto La Rocha, donde yo estudié, con un pequeño panal para explicarles el funcionamiento a los chicos de cuarto de la ESO y la verdad es que salieron muy ilusionados". Lo único que echa en falta es "más profesionalidad en la apicultura canaria".

Explica que muchas fincas cuidan colmenas como hobby, "pero faltan más personas que se interesen a fondo por este mundo y quieran investigar e invertir para aprender más de estos animales".

Y quizá las mismas abejas se lo puedan agradecer, ya que aunque calladas y constantes nunca vendría mal una ayudita para agilizar el trabajo duro del día a día.

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