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Niños testigos de la Historia

Una escritora y artista polifacética enseña a los escolares qué son la migración y la II Guerra Mundial con novelas históricas para jóvenes

Niños testigos de la Historia

Niños testigos de la Historia

Nazario Ojeda y Juan Hernández - Skuld- son los jóvenes protagonistas de sendas historias ambientadas en las primeras décadas del siglo pasado y que llegan años después a manos de Charles y Fran, dos chicos que se adentran en sucesos como la migración canaria a América o la Segunda Guerra Mundial que pudo entrar de lleno en Gran Canaria por el espionaje. Telde, con sus playas y vías con nombres clave, estuvo bien presente, como otras zonas de la Isla, en los despachos aliados y nazis.

Este es el panorama que presenta a los escolares Fátima Cabrera Rodríguez (San Mateo, 1956), escritora, pintora y escultora que reside en Playa del Hombre desde hace 21 años. Con sus dos únicos libros publicados en la editorial Círculo Rojo - Al sur del Misisipí y Skuld, el pequeño espía-, aunque ha escrito diez, introduce con su lectura y las unidades didácticas realizadas por su hija, historiadora, a los estudiantes en la guerra y la migración, con un lenguaje sencillo y que la convierten en una especialista en novela histórica juvenil, un género prácticamente inexistente en la literatura en estos lares.

Fátima Cabrera no es ajena a los temas que describe en estas dos novelas, ya que para hablar de la migración se basa en su propia familia, Nazario Ojeda Navarro, un ascendiente nacido como ella en la Vega de San Mateo y que se marchó a Cuba en los años 20 del pasado siglo. El personaje del otro libro, Juan Hernández, sí es ficticio, pero le sirve de vehículo para contar cómo la guerra mundial estuvo más cerca de desarrollarse en Gran Canaria de lo que se cree, donde un nido de espías de ambos bandos tenían bien informados a los cuarteles generales de aliados y nazis de cada movimiento que se realizaba por estos lares.

Muy sensibilizada con la migración y por el horror de la guerra, considera que las nuevas generaciones deben conocer estas constantes históricas, pero con un lenguaje que les llegue y unos relatos que les atraigan, lejos de un academicismo que pueda aburrirlos, pero con un gran rigor histórico, como han descrito expertos sus libros.

Conocedora por su labor docente del dolor que produce al migrante el abandono de su hogar, de su ciudad, de su país, para marcharse a un lugar que desconoce y del que no sabe cómo se le tratará, en Al sur del Misisipi refleja la angustia del que huye. "El emigrante es el que cabalga entre dos mundos y no pertenece a ninguno", explica, al tiempo que rebate a quienes defienden que la migración es solo una cuestión de mejora económica del que viene de fuera. "Aunque sí es cierto que muchas personas se van de sus países para buscar una mejor vida en otros lugares, no se debe olvidar que no todo es la búsqueda de dinero, sino de huir de la guerra a las que se ven abocados en sus territorios".

En Al sur del Misisipi, Cabrera muestra dos mundos, el de niño Nazario y su hermano Paco que emigran a Cuba huyendo de las levas de la guerra de Marruecos en los años 20 y recalan en la isla caribeña, de la que se va luego Nazario para quedarse en Nueva Orléans en 1929, el año del crack de Wall Street. Los alumnos conocen así cómo fue con este ejemplo la migración canaria, pero es Charles, un chico neoyorkino rebelde el que llega a adentrarse en las peripecias de Nazario, su tatarabuelo. Él, un niño rico y sin ningún interés por nada, va transformando su percepción de la vida con lo que conoce de su ascendiente gracias al trabajo castigo que le han impuesto por indisciplinado. Un siglo entre uno y otro personaje para llegar a un acercamiento vital.

La otra novela de Cabrera es Skuld, el pequeño espía, un relato de lo que pudo ser y no fue, pero que permite a los más jóvenes -aunque el lector de más edad puede encontrar también atractiva su lectura- saber que Gran Canaria en general y Telde, en particular, estuvieron en los mapas que tanto Winston Churchill y el alto mando aliado como Adolf Hitler y sus generales usaban para entablar una batalla más de mentideros y filtraciones que cañones y vehículos acorazados.

La autora crea el personaje ficticio de Juan Hernández, un niño de Arucas que tendrá relaciones con la resistencia alemana y la operación Valkiria, en la que se intentó matar a Hitler. Pero en esta obra la narración de la Segunda Guerra Mundial no es al uso, los hechos no se desarrollan en Europa o África, sino en las puertas de nuestra casa, en Gran Canaria, un hervidero de espías de uno y otro bando para informar a sus gobiernos sobre planes del desembarco aliado por la costa de Telde, aunque luego fueron las playas de Calais, en Francia, las que pasaron a la Historia.

" Skuld", expone Cabrera, "es la más pequeñas de las valkirias y es el nombre que le ponen a Juan Hernández como alias. Un niño que observa la cruenta Guerra Civil y como a su padre, un farmacéutico, lo sacan de su casa y nunca vuelve. Se involucra con la resistencia alemana y encuentra documentos importantes para las tropas aliadas.

Décadas después, su nieto Fran, al que le he había regalado una llave que no sabe qué abre, indaga sobre la historia de su abuelo y con esta trayectoria aprovecha la escritora para contar la historia del espionaje desde la civilización de Mesopotamia hasta la Guerra Fría. Y así, entre otras cosas, sabrán que en la costa de Telde, al igual que pasó en Calais, tenían nombres clave, pero también cada carretera de la Isla estaba perfectamente marcada en los mapas de los ingleses para preparar una ofensiva aliada para desde aquí saltar a África y empezar el contraataque contra las tropas alemanas. No hizo falta, pero hubo esa posibilidad y fue bastante real. No hubo Día D, aunque pudo ser una realidad. El nombre clave de Telde como Edimburgo es un ejemplo de la importancia que se le dio.

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