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Las virtuosas calles de La Viña

Nueve vías de esta población llevan los nombres de virtudes y comportamientos humanos excelsos l La elección del callejero surge por el empuje de los vecinos

Una vecina camina por el barrio de La Viña, junto a la calle Caridad.

Una vecina camina por el barrio de La Viña, junto a la calle Caridad. yaiza socorro

Un paseo por La Viña es un recorrido por las virtudes teologales y cardinales -siete- que la Iglesia Católica reconoce como forma de acercarse a Dios en el caso de las primeras y del compendio de la moral humana, en las segundas. En este barrio, cuatro de ellas tienen su placa y las acompañan, además, los nombres comportamientos virtuosos como la bondad, la sinceridad o la amistad.

A este conjunto de virtudes se suma la advocación a Nuestra Señora de la Paloma, símbolo de la paz, que tiene en este núcleo de población cercano a la autovía GC-1, en la trasera de las más conocida población de El Calero, como el único en Canarias en celebrar su festividad, que se remonta a cuatro décadas.

En este peculiar callejero no están las vías dedicadas a la fe, la justicia o la templaza, pero sí a la esperanza, caridad, prudencia y fortaleza y se suman las de sinceridad, amistad, bondad, nobleza y humildad. Este recorrido es terrenal, se realiza a pie o en un vehículo, no es un estado espiritual, ya que todas dan nombre a sendas calles de este barrio, nacido en los albores de la década de los años 60 del siglo pasado con las primeras casas construidas, aunque su historia se remonta a la segunda mitad del siglo XVI.

El cronista oficial de Telde, Antonio González Padrón, expone que "existen documentos fechados en el siglo XVI, en 1560 concretamente, donde se habla de la producción de vino en esta zona, de cuyos viñedos surge el origen de su nombre".

Eran tierras donde se producía un vino malvasía exquisito, según se alababan en las crónicas de la época por los viajeros que llegaban a la Isla, atraídos por los caldos que llegaban a sus países desde las Afortunadas.

"Los vinos de Gran Canaria eran muy apreciados, pero a diferencia de los del Monte, en Santa Brígida, donde había más humedad y sus cepas sufrían enfermedades por los hongos, los de Telde y en concreto los de La Viña, en zona seca, se les consideraba de mejor calidad".

Su comercio con países como Gran Bretaña se mantuvo durante varios siglos y los terrenos estuvieron activos para las vides hasta que la economía insular y la del municipio se decantó por otros productos más solicitados.

De viñedos a barrio en los 60

Después del abandono de la actividad, esta zona de viñedos se quedó en el olvido durante años. Posteriormente, a este lugar vinieron en los años 60 del siglo XX gentes de Valsequillo, Tenteniguada y San Mateo, entre otras localidades, que empezaron a construir en las laderas las primeras casas porque el suelo allí era más barato.

"Al inicio eran muy pocas las viviendas que existían, pero a finales de la década de los 70 y principios de la de los 80 comenzó a urbanizarse y se ha ido configurando el barrio hasta la fecha", argumenta González Padrón. Un lugar que se ha convertido en el hogar en estas décadas de vecinos originarios de otros municipios en su primera generación y donde han crecido sus hijos y nietos. El cronista apunta a la elección de Nuestra Señora de la Paloma como su patrona, una devoción única en el Archipiélago como un "símbolo de la paz -la paloma-, la concordia y la convivencia". El origen de los nombres de las calles, alega, tiene más que ver con el empuje popular que el institucional.

Así, Antonio González explica que hubo en esos años unas directrices oficiosas del ministerio de la Gobernación -Interior hoy en día- que aconsejaba la nominación de las calles en grupos temáticos para que vecinos y visitantes de las poblaciones pudieran acceder a ellas sin mayores problemas en sus direcciones.

"Son los casos de Playa del Hombre, donde las vías tienen nombres de afamados artistas y escritores españoles; Clavellinas, con calles dedicadas a marinos españoles o en La Garita, muchas de ellas con denominaciones de flores", indica. En La Viña, aunque hay calles con otros nombres, los de las cuatro virtudes y comportamientos humanos son su santo y seña, los que hacen del barrio un compendio de virtuosismo y bonhomía, además reivindicación de nombres de los antiguos pobladores de Canarias o historiadores de la Conquista.

Cristianos de base

El origen de estas nominaciones, apunta el cronista, se debe con toda probabilidad a que en la etapa predemocrática primero y luego con las primeras elecciones municipales de 1979 y la llegada a la alcaldía de Telde de Francisco Santiago, líder de Asamblea de Vecinos de Telde (AVT), "la mayoría de sus miembros procedentes del movimiento de cristianos de base y de la JOC, que se extendía también a los municipios del Sureste, optaron por estas denonimaciones para las calles del barrio".

Con estas dos premisas, la rotulación de las calles por temas y su ascendencia cristiana hacen de La Viña una exposición y loa de los valores y virtudes ensalzados por la Iglesia. Aunque conviven con otros nombres como Pedro de Pazo, Princesa Mesequera, Princesa Abenchara, Fray José de Sosa o Fray Juan de Abreu y Galindo. Todo un crisol de religiosidad, historia y etnografía en un peculiar callejero.

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