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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Telde

Las últimas líneas de la Librería Cruz

El negocio cumplió las bodas de oro en 2018

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La Librería Cruz, en Telde, se traspasa

Un buen olfato, templanza y mucha dedicación. Los tres ingredientes que Mauricio Cruz ha llevado consigo a lo largo de estos 68 años por todo Telde. El empresario y procurador cuelga el cartel de traspaso en la mítica Librería Cruz después de cincuenta años al frente del negocio con la conciencia tranquila y una dilatada experiencia que empezó cuando era apenas un "niño con 18 años". Haber cumplido las bodas de oro entre las estanterías llenas de tomos no ha alterado las graves preocupaciones que vienen dadas por la falta de aparcamiento en el municipio, la competencia desleal venida por la venta de libros didácticos en los centros escolares o las novedosas plataformas digitales que ha provocado pérdidas en el negocio y ha mantenido en vilo el tesón del comerciante en estos últimos cinco años hasta que ha tomado la decisión.

"Mi padre me decía que yo estaba loco y que me pusiera a estudiar", rememora frente al entrañable número 47 de la Avenida de la Constitución. Dentro, trabajan Elisa Cabrera y Maribel Alonso como dependientas desde hace tres décadas. Hacen las cuentas y le recuerdan a Mauricio que hay que recoger los pedidos o que alguien dejó un recado. La aglutinación de material escolar, de oficina, los cuadernos llenos de dibujos, rizados y palmeras son la novelería del comienzo de cada nuevo curso escolar y las novedades que inundan los best-sellers el regocijo del verano.

Todo empezó cuando un joven Cruz se dio cuenta de cómo podía ser que los libros que necesitaban en el conocido como colegio Labor se compraran en la antigua sombrería de la esquina. "Los profesores pedían el material a la Península y ahí vi el negocio, entonces, le dije a mi padre que iba a montar una librería frente al instituto", y así fue. En torno al IES José Arencibia Gil inició las líneas que han labrado los seis comercios que fructificaron durante su trayectoria empresarial. Farmacia parecía ser la opción para darle cabida a la vena más "teórica" del estudiante y La Laguna fue el destino elegido, pero las matemáticas y los intríngulis de sus signos hizo que, finalmente, cursara Empresariales y Derecho en la capital grancanaria.

Una librería para toda la isla

Y, mientras, la librería abrió. "Venía gente de Valsequillo, de Jinámar, del sur... Tenía un éxito arrollador", recuerda. La prosperidad de aquel tiempo le animó a conquistar una nueva zona de la ciudad teldense: San Gregorio. Fue a un amigo de su padre y le comentó tranquilamente: "Dominguito, usted me alquila el local y yo se lo termino". El dinero ahorrado y las mañas de buen vendedor hicieron el resto. Resolvió en la calle Pedro de la Ascensión la nueva tienda y, poco después, siguió a la calle Ruiz por la cercanía del colegio María Auxiliadora, a la que añadió una última tienda en el Polígono de las Remudas cuando se inauguró.

El traqueteo de los pasos y el movimiento constante de la antigua zona de San Juan, donde estaban los Juzgados, el Ayuntamiento y varias administraciones con anterioridad, impulsaba movimiento a la ciudad, y Mauricio, nacido en la trasera del Casino, sabía que aquellas calles apuntaban maneras para ubicar una cafetería. Una idea que solo obedecía al sentido común. Dicho y hecho: La Boheme y la Cafetería Cruz -la cual cerró- fueron el estreno en el sector de la hostelería, "llegué a poner dos cafeteras en el local que tenía al lado del ambulatorio, a donde iba gente a las seis de la mañana que no tenía dónde echarse un cortado, lo vi claro".

Madres por los libros

Toda historia enhebra un hilo que, de repente, se encuentra con un nudo. Las vicisitudes que hacen correr ríos de tinta en esta ocasión se convirtieron en las preocupaciones de cualquier comercial teldense. "Estos últimos cinco años han sido un desastre, hay calles peatonales y no hay solución al aparcamiento, las editoriales hacen competencia desleal y venden los libros en las puertas de los colegios con descuentos y hay profesores que se aprovechan de ello...", explica, "Telde se ha quedado en tres librerías". Acerca del espíritu que se respira los sábados por la mañana solo hace falta mirar las manecillas del reloj, "empecé a abrir a las 9.00, luego a las 9.30, a las 10.00 horas, y creo que voy a tener que venir a las 11.00 porque te dan ganas de llorar, da pena, y eso que parece que hay un poco de movimiento porque abrieron una churrería", lamenta.

Las hileras de las madres con sus chiquillos del brazo a recoger las bolsas con los libros, ese candor de estuche recién estrenado parece que pronto va a desaparecer, "cómo vienen rápido y luego otro está dando vueltas y vueltas con el coche mientras espera", con entre 500 y 600 pedidos. La contrapartida se encuentra en las decenas de cajas que están apiladas con material guardado porque no se vendieron en su momento, ya que las editoriales estipulan que solo se puede devolver un 10% por título, lo cual hace que acumule en el trastero hojas y hojas con olor a recién hecho. Sus hijos prefieren tomar otros derroteros, pero guarda esperanza, y espera que las negociaciones que se fraguan estos días dejen intacta una de las librerías más insignes del municipio.

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