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El aventurero del colmenar

Manuel Valido es el impulsor de La Abeja de El Guanche, la miel ecológica que acumula una veintena de premios

Manuel Valido y sus colmenas junto a un almendro quemado por el incendio de Cazadores. ANDRÉS CRUZ

Dicen que la curiosidad mató al gato, pero a Manuel Valido solo le picó una abeja. Hace más de treinta años que se dedica al mundo de la apicultura, aunque confiesa con pena que solo como afición. "Empecé porque mi cuñado tenía colmenas, me pareció curioso y decidí investigar", rememora. Primero instaló una, después dos y con el paso del tiempo llegó a tener hasta 200. "Para mí es un mundo apasionante, me ha enganchado muchísimo", explica, aunque admite que no tiene todo el tiempo que quisiera para dedicarse a esto porque es complicado vivir de esto. Quién lo diría, pues la deliciosa miel que elaboraron sus abejas (bautizada como La Abeja de El Guanche) acumula una veintena de premios internacionales (de certámenes celebrados en países como Estados Unidos, Argentina o diferentes lugares de Europa) en la última década. Las razones del éxito que ha cosechado su producto en los países foráneos se basan en parte por el método ecológico que tiene para tratar las colmenas, pero principalmente en las peculiaridades de la raza autóctona: la abeja negra canaria.

"Es un insecto que se adapta perfectamente a nuestro clima y a nuestro terreno, que también tiene unas característica muy singulares", sostiene convencido, detallando que la flora en Canarias no es muy variable y está asilvestrada. "Nuestra abeja no escatima, consume de todo lo que encuentra y por eso la miel adquiere una mezcla de sabores y aromas que no pueden darse en otros lugares del mundo", asegura orgulloso. Tabaibas, tajinaste; escogón; codeso e incluso la tunera aporta. "La abeja tien un radio de acción de entre dos o tres kilómetros, pero si hay escacez puede llegar a alejarse hasta unos siete kilómetros", apostilla como ejemplo para hacer entender que la abeja canaria se busca la vida como puede, siendo resistente ante los imprevistos. Y es tal y como él hace, nunca rindiéndose.

Su trabajo está bien recompensado. Hace apenas unos meses que se alzó con la medalla de oro en un prestigioso concurso de mieles ecológicas celebrado en Bolonia, Italia; sin embargo, no es el primero ni será el último. "Y lo curioso es que ha sido un mal año; la pocas lluvias han provocado una falta de floración y además hemos perdido muchos colmenares en el incendio de Cazadores que se produjo el verano pasado", explica asombrado.

Todo es verde y gris oscuro en la finca que Valido posee en el barrio de La Breña, uno de los lugares que pertenece a la cumbre teldense. "El fuego iba en dirección norte hasta que cambió la dirección del viento; perdimos una buena parte de las colmenas", expresa entristecido, aunque el apicultor no es de los que pierden la esperanza y ante la imagen de lo quemado también sabe aprecir los brotes verdes y las flores asalvajadas que crecen por sus terrenos. "Hemos reducido considerablemente las colmenas en los últimos cinco años; no han sido buenos tiempos", admite. El pico más alto de actividad se dio en 2016, cuando poseían más de 200 unidades y producían unos 2.000 kilos anuales, frente a este año que apenas tienen unas 60 y una producción de unos 300 kilos. "Hubo un momento en que perdíamos colmenas casi todas las semanas, fue muy frustrante", explica apurado. "Cada vez cuesta más, pero no nos rendimos", asevera el apicultor, que se apoya de su hermano para cuidar la finca. "Empezamos junto en la apicultura y es mi mayor apoyo", confiesa.

El espíritu emprendedor de Valido le impide desistir. "Me dedico a la construcción porque es prácticamente imposible dedicar al mundo de la apicultura; por lo menos bajo los parámetros que nosotros tenemos", sostiene en referencia al método ecológico, que impide que utilicen ciertos elementos que podrían agilizar el trabajo: como la centrifugación de la miel en lugar del prensado. "Desde que estudiamos esta fórmula nos volcamos en ella, aunque descubrimos que ya la estábamos realizando sin saberlo en un 70%", explica y recuerda que cuando se sacaron la certificación de miel ecológica "no pudimos siquiera estrenarla, ya que fue un año de sequía donde apenas tuvimos producción", añade. En este sentido, Valido tiene que admitir que ese año le recuerda a este mismo ejercicio de producción. "Las lluvias no están siendo como deberían ser ni en tiempo ni en forma", asegura, aunque añade que en apicultura ya no se pueden hablar de tiempos malos. "Desde hace mucho tiempo que son todos malos, lo asombroso es cuando llega uno bueno", expresa resignado y no evita relacionar este suceso con el cambio climático. "Lo estamos notando muchísimo", destaca.

Las abejas producen menos y eso es peligroso. Es una máxima que se ha escuchado en muchos lugares. "Las abejas son las responsables del 80% de la polinización; si estas desapareciesen las cosechas mermarían; los alimentos reducirían su contenido nutricional; aparecerían enfermedades que no conocemos por las carencias proteicas en nuestro organismo, ya que los animales también se enfermarían", expresa alertado. Sin embargo, no puede estarse quieto y ya investiga fórmulas para producir de forma más sostenible. "Estamos desarrollando una apicultura a través de la biodinámica", resalta. El apicultor explica que no hay una ciencia exacta, pero aún así la considera muy efectiva. Es en resumen desarrollar el cultivo de las colmenas respetando los ciclos de la naturaleza. "Considero que es la forma más sostenible de mantener este tipo de actividad", asegura, aunque admite que el trabajo es muy laborioso. "Hay que estar muy pendientes, pero es un mundo que me encanta y si pudiera me dedicaría a esto a jornada completa", asegura ilusionado.

Valido sabe que tendrá colmenas toda la vida y con esa certeza se conforma, aunque no renuncia a seguir aprendiendo para mejorar su actividad y su rendimiento. Trabajador como las obreras que conforman sus decenas de colmenas, que se buscan la vida cada día sin importar las contradicciones.

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