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El profesor que tejió un barrio

Francisco Urbano Melián fue distinguido con el premio Viera y Clavijo de la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias por sus 39 años de entrega a la enseñanza

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Educación | Premio Viera y Clavijo

Vocación, ganas y paciencia. La sonrisa tímida del profesor Francisco Urbano Melián asoma de vez en cuando y ese detalle es el que le dota de una cercanía sincera. Ayer probó por primera vez un método nuevo para los exámenes de las Prácticas de Automoción en el IES Antonio Cabrera Pérez del barrio Las Remudas: dejar que el alumnado sacara los apuntes para las 40 preguntas que les presentaba como una caída sin frenos. Llegaron a un acuerdo. A cambio solo les pidió absoluto silencio. Dicho y hecho. Los 39 años como docente le han enseñado a entender a sus pupilos, adolescentes en su mayoría, y a apostar por la enseñanza pública sin ambigüedades. Por ello, su trayectoria le ha valido la distinción Viera y Clavijo de la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias 2019 por su labor y dedicación en el ámbito de la educación no universitaria.

El primer día no fue fácil. "Cuando llegué al instituto, me estallaron el parabrisas con una piedra, y eso, a pesar de ser muy franco en mi casa, no lo conté", rememora. Muchos se hubieran echado atrás, y más lo hubiese tratado de convencer su madre si lo hubiera llegado a saber, pero las circunstancias y el reto profesional le alentaron a continuar. Esa piedra era una señal sobre la difícil situación que pasaba el barrio en los años 80, cuando inició su andadura en el centro de formación con una plaza fija a los 26 años. "Dije, dónde me he metido, pero el equipo humano que había era muy bueno y competente, lo cual me animó a dejarlo como anécdota y seguir con mi trabajo", para luego aceptar el reto de convertirse en jefe de estudios durante el ciclo siguiente y, finalmente, en director.

Decidido a hacer la carrera militar, fue a la academia y comprobó que aquello no era lo suyo. Dentro latía otro son, una vocación callada, que le llevaría a convertirse en profesor. Después de su paso por el IES Ingenio, llegó a Las Remudas y apostó por la integración sociocultural de los jóvenes en el entramado de la comunidad teldense. "Al principio, el centro estaba completamente aislado y no tenía nada que ver con el barrio porque era dedicado a la formación profesional", indica, "el entorno era duro, pero el estudiantado que estaba aquí venía sabiendo lo que quería y se podía trabajar con él, así, con la llegada de la ESO ya nos empezamos a abrir al barrio". De ahí parte el proyecto educativo ideado durante su etapa de nueve años como director: El Patio.

La implicación de las ONG, del área de Servicios Sociales del Ayuntamiento, los colegios de primaria y el IES Guillermina Brito, hasta de la parroquia y tanto de las farmacias del barrio y de los compañeros contribuyeron a que se atrajera a las familias a la red educativa para fomentar el sentimiento de pertenencia a la localidad. "Fue el propio profesorado quien pedía salir al entorno y las familias lo tomaron bien, ya que tenían necesidad de ayuda", a esa etapa la califica como clave para la evolución del entorno. Luego vendrían los cambios dados por el tiempo de aquellos adolescentes, cómo crecen y se casan, se van a estudiar fuera, hasta que la crisis golpeó el corazón de Las Remudas, lo cual generó "un ambiente sensible, pero nunca como aquel principio".

"La satisfacción más grande la he tenido fuera del centro", su trabajo es una carrera de fondo que trata de cuidar y alimentar a la futura ciudadanía, por eso, cuando ve que se acercan a saludarle sus antiguos alumnos por la calle y descubre sus vidas se siente gratificado, "ahí es cuando uno se dice que merece la pena". A pesar de las horas, del desprestigio y las luchas del sector, sobre todo en Telde, para la mejora de las infraestructuras educativas. "El alumnado es nuestra materia prima y es por quien venimos, sí nos valora", atendiendo a esas necesidades que no solo enseñan sino educan. Uno de los tantos trucos que le ha dado la experiencia para llevarlos al huerto es tener claro "el respeto mutuo, tienes que buscar la estrategia para llegar a ellos y que confíen en ti". La adaptación a las redes sociales y las TIC ha sido fácil en su caso, siempre interesado por las nuevas técnicas, y eso, según su experiencia, se habría de tomar como una ventaja para acercarse a las próximas generaciones: "Vivimos en un mundo donde la tecnología cambia muy rápido, y el estudiante te intenta muchas veces echarte un pulso. Te preguntan algo, intentan pillarte, pero, si no lo sabes, no lo engañes; le dices que entre los dos van a buscarlo y a analizarlo". Una colaboración en vez de un enfrentamiento.

Jubilación

La jubilación es un problema menor. Ya sabe en qué va invertir el tiempo como hombre inquieto que es, curioso por ir más allá del sillón e imbuirse en el día a día. Eso sí, "no voy a ser un pejiguera", y tomará la recta en lugar de molestar con sus visitas, dice entre risas. Tras la estela que deja si algo le preocupa es el futuro de la generación actual. "Llevo viendo desde hace varios años el pasotismo de los alumnos, la poca motivación que tienen, sé que hay mucho paro y que las cosas están complicadas, pero...". Vuelve al recetario: de nuevo, paciencia, vocación y ganas. En pequeñas dosis alternadas con la fórmula diaria, "esto se combate con insistencia haciéndoles ver que sin nada no tendrán nada, que se motiven en el día a día, por lo menos para arreglar su coche o moto". Por esa razón, la pregunta que plantea al principio del curso es "¿hay alguien que esté aquí obligado?". Lo demás vendrá solo. A partir del segundo año suelen tener su número y da consejo a quien se lo pide, es su manera de entender que es posible un acercamiento.

"Siempre he apostado por la enseñanza pública y creo en el equipo humano y en el nivel educativo que se sigue dando en este centro", subraya. A Las Remudas trajo a sus hijos y al escoger una palabra para definir el barrio que le ha insuflado vida durante estos años se decanta por "supervivencia". "La esencia en un entorno duro al principio y, ahora, es el amor a la profesión". La bata blanca, con la que se le suele ver por el taller, pronto colgará de la percha, quedando en el recuerdo y la educación de tantos.

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