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CRISIS DEL CORONAVIRUS La desescalada en Telde

Pocas aperturas y mucha cita previa

La mayor parte de los comercios de San Gregorio que tienen autorización para abrir siguen cerrados

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Desescalada en Canarias | Reapertura de comercios en las calles de Telde

El reinicio de la actividad económica que permite la fase cero de la desescalada ha arrancado en San Gregorio, en Telde, con excesiva timidez. Por ahora han sido muy pocos los negocios que se han atrevido a abrir nuevamente sus puertas después de mes y medio cerrados, y quienes se han animado lo han hecho en medio de un escenario de gran incertidumbre y nerviosismo ante la nueva situación que se presenta y la necesidad de poner en marcha distintas medidas de seguridad sanitaria.

A pesar de tener autorización para reabrir, algunos establecimientos de sectores como el de ferreterías, comercios de restauración o dentistas optaron por no levantar aún la verja. Esta fase inicial de vuelta a la "nueva normalidad" establece la obligatoriedad de atender a un solo cliente por trabajador y bajo cita previa, y precisamente eso es lo que se ha disparado en algunos negocios como peluquerías o centros de estética, que ya han cerrado sus agendas para las próximas dos semanas.

"Desde hace dos semanas, la clientela preguntaba cuándo íbamos a abrir, y cuando supimos que se podría volver a trabajar el lunes me pasé muchas horas pegada al teléfono dando cita", cuenta Andrea Fajardo, propietaria de la peluquería infantil Cool Kids. Solo el primer día de apertura atendió a 27 niños. Andrea llegó a su establecimiento bastante nerviosa. "Estaba nerviosa porque la situación era diferente, aunque desinfectamos antes y después de cada cliente, nos lavamos bien las manos y tomamos medidas como el uso de mascarillas, dejar 2,20 metros entre sillón y sillón, permitimos solo un padre por niño y espaciamos mucho los tiempos, unos 40 minutos entre niño para que no se encuentren y nos dé tiempo a esterilizar", señala la empresaria.

A Andrea le ha llamado especialmente la atención la actitud de los niños y niñas. "Ver a los niños tan pequeñitos con mascarillas y poner las manos para que les eche el gel me ha dado mucho sentimiento; están muy concienciados", afirma.

Con cita previa también empezó a atender ayer Asier Gil, propietario del estudio Inmome Tattoo, sobre todo a aquellos clientes que se quedaron pendientes tras la declaración del estado de alarma y tuvieron que aplazar la hora. Asier también levanta las persianas con incertidumbre. "No creo que nadie tenga claro cómo dar los primeros pasos, estamos expectantes a cómo será la respuesta de la gente", explica. No obstante, la reapertura de su local ha tenido "bastante aceptación" entre sus clientes. "La agenda de esta semana y la siguiente la tengo completa; para empezar desde cero la verdad es que ha ido bastante bien", sostiene el empresario.

Sobre la necesidad de mantener la distancia social con los clientes, algo complicado en un negocio como el suyo, Asier recuerda que el sector del tatuaje se rige por medidas higiénico sanitarias muy estrictas. "La normativa sanitaria que tenemos que aplicar es mucho más exigente que la norma general que se establece para evitar la propagación del coronavirus", apunta, "así que no tenemos que añadir nada nuevo a lo que ya nos obligan, salvo que la atención sea individualizada y que no haya ningún cliente en la sala de espera".

Las calles del centro de San Gregorio estuvieron durante la mañana de ayer muy concurridas, entre personas mayores que salieron a pasear durante su horario permitido, clientes que formaron colas a las puertas de las distintas entidades bancarias y quienes acudían a otro tipo de negocios. Pero no había movimiento en los bares y restaurantes, que podían abrir para entregas a domicilio. Prácticamente todos tenían la persiana echada, salvo una cafetería en las inmediaciones de la plaza de San Gregorio, el área más transitada de todas. El resto no abrió ni para servicios a domicilio.

A domicilio

Este modelo lo puso en marcha Félix Gil, propietario de la ferretería El Mercado, quien ofreció, bajo pedido, repartir a sus clientes su mercancía a domicilio. Las puertas de su negocio estaban cerradas, pero las cristaleras abiertas para que sus clientes avisasen de su llegada. "Hay mucha gente que prefiere esperar fuera y yo le alcanzo el pedido, y otros tantos por entrar, pero dentro siempre puede haber uno", recuerda.

Para delimitar su establecimiento, Félix ha instalado una cita alrededor de todo el local con el objetivo de crear una ruta de entrada y salida para que los clientes no se crucen y también para establecer una mayor distancia entre ellos y la mercancía que se expone en las estanterías. Así, evita que los clientes toquen constantemente los productos y los contaminen y él tenga que desinfectarlos cada dos por tres.

Durante la jornada de ayer su negocio tuvo "bastante movimiento", pero a pesar de eso este empresario no sabe si la reapertura de su local le será rentable. "No sé cómo avanzará el negocio, pero obviamente esto no es lo que queríamos", sentencia.

Ni lo quería él, ni lo quería Carolina Tavío, de Mercería Yaiza. "Hay que vender muchos hilos y muchos botones para sacar a una empleada del ERTE y pagarle un sueldo", señaló ayer, minutos antes de que llegase a su establecimiento una clienta que había concertado una cita a través de Whatsapp.

A pesar de las dificulates económicas a las que se enfrenta después de más de mes y medio con el local cerrado, Carolina reabrió su negocio con "mucha ilusión y esperanza". "Es duro y no sé si será rentable, pero lo voy a intentar, no me quiero rendir y lo último que haré será tirar la toalla", aseveró. En estos primeros días de la fase cero de la desescalada sus clientes le piden sobre todo tirantes para confeccionar mascarillas. Durante la jornada de ayer Carolina tuvo apenas 10 clientes con cita previa, frente a la media de 80 personas que compraban diariamente en su establecimiento. "Hay que intentarlo; lo que más deseo es sacar a mi empleada del ERTE".

Intentándolo y a la espera estaba también Miguel Ángel, del estudio Foto Suárez Robaina, un sector que todavía no cuenta con medidas específicas, por lo que ha tenido que rechazar varias llamadas de clientes hasta conocer las medidas concretas que debe aplicar. "Se habla de trasladar las comuniones y las bodas hasta octubre o noviembre, así que confío en que para finales de año la situación remonte. Si nos dicen que podemos abrir a final de mes, ¿quién va a abrir para una foto de carnet? De eso no se come. Si hay comuniones en octubre, es en agosto o septiembre cuando comenzarán a venir los niños", dice.

Mientras tanto, hasta que no arranquen otros sectores económicos, el sector de la fotografía estará a cero. "Estaremos a cero cinco o seis meses, calculo que hasta octubre no tendremos trabajo", lamenta. Miguel Ángel ha solicitado ayudas, pero no tiene derecho, ha explicado. "Intentaré solicitarla de nuevo, pero no veo solución a seis meses vista", sentencia.

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