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Un antiguo aljibe como “hogar”

Carmelo Saavedra y su hija residen en un depósito de agua reformado en Jinámar

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Una familia que vive en un antiguo aljibe Andrés Cruz

En un espacio de menos de cuatro metros cuadrados guardan Carmelo y Guacimara Saavedra, padre e hija, todas sus posesiones materiales. Tras una puerta de metal pintada de verde, uno se encuentra con dos pequeñas camas de colchones finos, con mantas de colores; una cuerda para tender la ropa que cruza toda la habitación, en donde cuelgan pantalones y camisetas recién lavadas en una pequeña lavadora que se encuentra en mitad de todo; en la esquina un plato de ducha, con una cortina de plástico y a su lado el fregadero y una cocina de gas. También cuentan con un váter incrustado en una de las paredes, al lado de una de las camas, sin la intimidad que merece un baño. Todos los habitáculos que deberían componer una vivienda conviven alborotados en este pequeño cuarto, que (por impresionante que pueda parecer) era antes un aljibe.

Las humedades concentradas en el techo, la falta de ventilación (pues solo poseen una ventana, que da al local de un vecino y no a la calle) y, sobre todo, la falta de espacio, angustia a esta pequeña familia, que no tiene otra que conformarse con lo poco que tiene. “Pero así no podemos continuar”, como bien dice Guacimara, que casi cumple un año viviendo en estas condiciones. Su padre, por otra parte, está a punto de cumplir los tres años. Este antiguo depósito de agua, situado en los bajos de un bloque de viviendas en Jinámar, fue reformado hace mucho tiempo y utilizado como almacén por uno de los hijos de Carmelo, pero jamás pensarían que tendrían que usarlo como hogar. Y, sin embargo, así ha sido.

“Vivíamos en un piso cerca de aquí, con mi madre y mis dos hijos”, contextualiza la mujer, que aclara que no había una buena relación entre ellos. “Ella no estaba bien, siempre estaba peleándose con todos; creaba muy mal ambiente en casa, hacía cosas que los niños no tendrían que ver”, asevera sin querer entrar en mucho detalle. “Finalmente echó a mi padre de mi casa y yo un poco después decidí irme porque no podía seguir aguantando aquello; me humillaba, me insultaba y me recriminaba todo el tiempo que era mala madre”, explica. La situación acabó siendo insostenible, por eso tanto Carmelo como Guacimara se marcharon para buscar una mejor calidad de vida en otra parte, pero sus circunstancias seguían siendo muy duras. Sin dinero, trabajo, ni más familia.

Para añadir más complicaciones a la ecuación, Carmelo sufre un cáncer de próstata entre otras afecciones y dolencias, que le dificultan en gran medida realizar su vida diaria. Necesita la ayuda de su hija para lavarse, lo que es complicado porque el espacio no permite mucho margen de actuación, al estar el plato de la ducha en una pequeña esquina, encajonada entre el fregadero y el váter. Este no sirve, porque no poseen las instalaciones necesarias para conectarlo a la red de saneamiento y no tienen más remedio que realizar sus necesidades en bolsas de plástico y después tirarlas en los contenedores de fuera. Como pueden mantienen limpio el entorno, aunque con pocos muebles ya ocupan todo el habitáculo y es complicado.

Tendiendo la ropa recién lavada. | | ANDRÉS CRUZ

Guacimara Saavedra, haciendo la comida con una cocina de gas, y su padre, Carmelo Saavedra, sentado en la cama. | | ANDRÉS CRUZ

“Todo lo que tenemos son donaciones de vecinos y conocidos, y el resto lo hemos encontrado en la calle”, admite Saavedra decepcionado, aunque agradece la ayuda recibida, especialmente del vecino que posee un local anexo y permite que conecten la electricidad y el agua para realizar sus tareas diarias, como la colada; la comida o fregar. “Tenemos que ayudarnos en todo lo que podemos”, añade Guacimara, que confiesa que esta situación les está desbordando. “Esto no es sano, lo estamos pasando muy mal”, asevera, agregando que lo que peor llevan son los ruidos externos. “Al estar a pie de calle escuchamos todo lo que pasa fuera”, explica, sobre todo en estas últimas semanas que se han iniciado las obras de rehabilitación del décimo bloque de edificios de la calle Manuel Alemán Álamo. “Estamos justo debajo, así que nos entra polvo también”, sostiene. Por otro lado, Carmelo recuerda las noches de antes de la pandemia. “Cuando no había toque de queda era horrible, la gente trasnochaba y montaban muchos escándalos”, explica. Al final se sentía incluso inseguro.

La manera de cambiar su situación no la tienen nada clara. Guacimara explica que ha asistido en numerosas ocasiones a los Servicios Sociales y que en el departamento conocen su caso e incluso han visto las condiciones en las que viven. “Lo que me mata es no estar al lado de mis hijos, porque evidentemente no pueden estar conmigo; lo que me alivia es que sé que están a salvo, pero quiero una vivienda donde podamos estar todos juntos”, añade con sentimiento, pues su pequeño de 12 años reside con su padre y su hija, que ya tiene 15, se encuentra con sus profesores de violín, de un programa de música para niños vulnerables. “Sé que están bien, pero quiero estar con ellos”, reitera. Los ingresos que tienen son mínimos. A Guacimara se le acabó el paro hace tres meses y Carmelo recibe una ayuda de 500 euros mensuales, pero que se acaban reduciendo a 150 por las deudas acumuladas. “En dos años terminaré de pagar todo lo que debo y si mi hija consigue algo más podríamos mudarnos a un piso”, explica esperanzado.

Mientras tanto, el Partido Socialista en Telde les echa una mano. Tras conocer su caso por medio de una notificación del área de Presidencia del Gobierno de Canarias, que tuvieron constancia del hecho por las múltiples llamadas de Guacimara a la institución en los últimos años, se han puesto manos a la obra para ayudar en todo lo posible a la familia. Por el momento, están ayudando con los trámites médicos, ya que además de Carmelo, también su hija tiene problemas de salud. Por otro lado, la portavoz del grupo, Soledad Hernández, asevera que pondrá una instancia por vía telemática al Ayuntamiento de Telde para que pongan en marcha un dispositivo de emergencia para ayudar a esta familia a salir, por fin, de este antiguo aljibe.

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