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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Telde

Minerales contra el cambio climático

Los científicos del instituto Geomar experimentan en Taliarte el impacto de verter sustancias alcalinas al mar, un método que elimina dióxido de carbono del aire

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Experimento en el mar para averiguar como eliminar dióxido de carbono José Carlos Guerra

Desde hace tres semanas que más de 50 científicos liderados por el instituto alemán Geomar efectúan una novedosa investigación en el muelle de Taliarte. Vertiendo minerales en las aguas acumuladas en los mesocosmos (grandes jaulas de plástico) pueden acelerar el proceso natural por el cual el mar absorbe dióxido de carbono, con el fin último de luchar contra el cambio climático.

A las ocho de la mañana la luz apenas está comenzando a iluminar el muelle de Taliarte, pero una decena de científicos ya se encuentra desplegando en la pasarela sobre el mar las herramientas que precisan para realizar lo que denominan como el muestreo.

En el lateral izquierdo del pantalán reposan nueve grandes jaulas de plástico conocidas como metacoscomos, que guardan en su interior nueve metros cúbicos de agua salada (recogida a kilómetros de distancia del puerto teldense). Esta es la materia prima con la que trabajan desde hace poco más de tres semanas el equipo de científicos, que proceden sobre todo del instituto alemán Geomar (Centro Helmholtz de Investigación Oceánica de Kiel), la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y la Universidad de Hamburgo, aunque están colaborando otros investigadores financiados por otros proyectos. El Cabildo insular y la Plocan participan también aportando las instalaciones necesarias para operar y logística.

El experimento se lleva a cabo como parte del proyecto de la Unión Europea sobre tecnologías de emisiones negativas basadas en el océano (OceanNETs). En total suman más de 50 expertos de seis países del mundo -España, Alemania, Estados Unidos, Finlandia, Perú y Eslovenio-, divididos en diferentes equipos con el objetivo de coordinar mejor las tareas que deben realizar y los turnos para acercarse a muestrear.

En cada una de estas grandes jaulas sumergidas en el mar deben verter diferentes concentraciones de minerales procedentes de superficies rocosas para simular un proceso llamado meteorización, que en el medio natural se produce cuando las rocas que han sido erosionadas a lo largo de los años por la lluvia o el aire acaban en el mar. El contacto de estas sustancias con el agua resulta en la alcalinización del océano (un aumento del ph, que vuelve más básica el agua), y como medio para equilibrarse con la atmósfera, el propio mar acaba absorbiendo dióxido de carbono.

De manera última los investigadores esperan poder efectuar este proceso de forma mecánica y sobre todo rápida para eliminar en un futuro el exceso de este gas en el aire, de forma que pueda frenarse los efectos negativos que produce como el invernadero (un acelerador del cambio climático). ¿Cuál es el problema? Que se desconoce cómo afecta el vertido de estos minerales (carbonato cálcico, carbonato sódico u olivino, entre otros) al mar.

«De momento no hemos registrado ningún impacto en el agua, lo que es algo bueno», sostiene Ortiz

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«Es una medida con gran potencial, pero no se sabe si esto va suponer un riesgo para las comunidades marinas. Nunca se había hecho un experimento como este», adelanta Javier Arastegui, investigador de la ULPGC que colabora en la investigación con un equipo de ocho personas a su mando. «Si comprobamos que no hay impacto entonces es cuando podremos utilizar este método para eliminar el exceso de dióxido de carbono de la atmósfera», explica.

Por otra parte, otro de los efectos que esperan alcanzar con esta investigación es contrarrestar la acidificación de los océanos, que se produce como consecuencia de las continuas emisiones de CO2. Según los estudios, aproximadamente una cuarta parte del dióxido liberado anualmente por los seres humanos acaba por disolverse en el mar. Este reacciona con el agua y produce ácido carbónico, que supone graves consecuencias para la vida marina.

Como modus operandi, los profesionales asisten una serie de días a la semana al muelle para recoger con largos tubos una muestra del agua atesorada en los mesocosmos. En cada una de estas jaulas han concentrado previamente cantidades variadas de minerales, de modo que en el análisis pueda compararse cómo se han visto alteradas. «Partimos de uno que prácticamente no contiene minerales y en el resto aumentamos la graduación», explica Joaquín Ortiz, un joven doctorando que participa en esta investigación.

El próximo año el equipo realizará este mismo experimento en Noruega, para ver si varía por el tipo de mar

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En este proceso de extracción invierten unas dos horas; siempre iniciándolo desde primera hora de la mañana para aprovechar el resto de la jornada en los laboratorios. Según calculan, en cada muestreo pueden llegar a sacar hasta ocho tubos por mesocosmos, lo que se traduce en unos 30 litros de agua. El siguiente paso es apoyar estos recipientes en unos columpios de madera que los balancean de izquierda a derecha con el objetivo homogeneizar el líquido en su interior. De esta manera aseguran que el análisis que se efectúe después será certero, porque las sustancias alcalinas han quedado bien mezcladas.

«Además de extraer las muestras de agua, también pasamos redes para sacar pequeños organismos como crustáceos; los peces los excluimos porque generarían un impacto demasiado fuerte, desproporcional para el experimento», sostiene Ortiz. «Por otro lado introducimos instrumentos CTD, que nos permiten medir entre otras cosas la luz, la temperatura o el nivel de ph u oxígeno del agua; eso es básicamente lo que hacemos cuando estamos en el pantalán», añade. El último paso, además del que más tiempo requiere, es llevar las muestras (repartidas entre garrafas, botellas o pequeños botes) a los laboratorios para analizar distintos aspectos.

«Nosotros trabajamos la producción primaria, análisis de las estructuras de las comunidades del plancton, microbiología, materia orgánica; son diferentes medidas de este estudio», explica Arastegui por su parte, que recuerda que la ULPGC colabora con Geomar desde el año 2014, efectuando desde entonces un total de ocho experimentos. De hecho, el equipo canario ha cedido parte de sus instalaciones a los científicos extranjeros, que también están utilizando las instalaciones de Plocan para efectuar sus observaciones. «Nos ocupamos de esto de manera conjunta, colaborando entre otros», resalta Arastegui.

Colaboran más de 50 expertos de seis países en esta novedosa investigación para la comunidad científica

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Sobre si los experimentos están surtiendo o no efecto no pueden decir aún mucho. «Nos hemos reunido ya para poner en conjunto los datos que se han generado a raíz de estos primeros análisis, para hablar sobre resultados preliminares; de momento no ha ocurrido nada fuera de lo previsto, no se han producido grandes efectos debido a nuestra manipulación, lo que es claramente bueno», expresa Ortiz. «Estamos apurándonos porque es algo muy actual, muy urgente. O sea que intentamos tener todo analizado lo más pronto posible», añade. El equipo concluirá este experimento en un par de semanas, pero adelantan que continuarán el próximo año en Noruega para comprobar si hay alteraciones según las características del agua.

En la imagen principal, vista general del pantalán del puerto de Taliarte en un día en que los científicos del instituto Geomar recogen muestras de las grandes jaulas de agua (mesocosmos) sumergidas en el mar. Abajo a la izquierda, pasando el agua alterada con sustancias minerales a botellas de ensayo. A la derecha, sacando con un tubo el agua de los mesocosmos. |

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