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Telde

Cemento para salvar el acueducto

Los historiadores señalan con recelo la reparación puntual de la obra hidráulica

Detalle de una de sus columnas con cemento. | | Andrés Cruz

El acueducto de la calle de Inés Chemida es una de las estructuras más icónicas y turísticas del municipio de Telde, quizás por estar ubicada en el acceso más directo desde el barrio de San Juan hasta el casco histórico de San Francisco. Además, ha sido clasificado como una de las obras hidráulicas más importantes por su altísimo valor patrimonial e histórico. Entre sus características destaca que fue diseñado por Fernando León y Castillo en el siglo XIX. Por estas razones varios historiadores y arqueólogos del municipio han quedado sorprendidos por las obras de reparación que ejecutó recientemente el Ayuntamiento de Telde para evitar el desprendimiento de las piedras que lo componen.

Hace aproximadamente un año operarios del área de Vías y Obras procedieron a cubrir con cemento los huecos libres de las columnas que componen la infraestructura, pues algunos de los pedruscos ya habían caído y era preciso realizar una actuación urgente para salvarlo. Sin embargo, no era la acción más apropiada para rehabilitar este conducto de agua. Según explica Abel Galindo, historiador y director de la empresa Arkéos Arqueología, el material del que está hecho el acueducto no debería estar siquiera al descubierto.

«Se trata de roca volcánica original de Tara, que es muy sensible a fenómenos naturales como la lluvia; se descalcifica, pierde la consistencia por una cuestión química y acaba desapareciendo», expone. El experto recuerda que hace unos veinte años que se descubrió la piedra en una intervención municipal, pero asevera que fue un gran error y el principal motivo por el que ahora mismo se está estropeando la pieza patrimonial. «Debería volver a cubrirse, pero no con cemento sino con la cal original que tenía en su momento», añade.

La administración local no tuvo que solicitar un permiso expreso al Cabildo insular para llevar a cabo la reparación puntual, como sí es preciso en otros casos, al ser el barrio de San Francisco un conjunto histórico con un plan especial. En esta ocasión, al tratarse de trabajos de mantenimiento necesarios para la seguridad ciudadana pudieron actuar con rapidez. Sin embargo, desde el área de Patrimonio aseveran que están trabajando para poder redactar un proyecto de rehabilitación integral del acueducto, siendo conscientes de que se trata de una pieza única y de alta importancia histórica para el municipio.

Galindo asevera que sería preciso contar con un proyecto arquitectónico y sobre el impacto paisajístico, con un ingeniero sensible en cuestiones de patrimonio al mando. «Para hacerlo de forma idónea debería sustituirse la piedra por otra nueva del mismo tipo de manera progresiva, poco a poco, como se han hecho en otros espacios», resalta, aunque añade que «debe aprovecharse el nuevo material que está sano para enfoscarlo con cal». El arqueólogo subraya una vez más que este tipo de piedra no puede estar al descubierto y recuerda otra obra similar que también está sufriendo los mismos estragos. «El acueducto de la rotonda de La Barranquera está hecho con la misma piedra y el contacto constante con el agua (además con cloro) también está provocándole daños porque se produce una reacción química por la cual los carbonatos de los que está compuesto la roca se disuelven y esta se disgrega», concreta.

Vista general del acueducto de San Francisco, en la calle Inés Chemida. | | ANDRÉS CRUZ

La infraestructura tiene una superficie de 83 metros cuadrados. Cuenta con diez arcos de medio punto de diferentes alturas, oscilando así la construcción entre los tres y los casi cinco metros de altura. Por otro lado, los pilares tienen unos 80 centímetros de grosor y en la parte superior presenta dos canales de distribución.

Según la información proporcionada por la Fedac, la infraestructura fue construida para canalizar las aguas hacia la Vega de Telde y salvar así el desnivel del terreno conocido como calle de la fuente. El agua le venía del Chorrillo, pasaba por la finca de Santa María y a partir de aquí regaba los terrenos de la Vega.

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