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El pasado oculto entre rocas y arena

El yacimiento de Tufia es de los más grandes de la Isla y con mayor potencial arqueológico

El pasado oculto entre rocas y arena | ANDRÉS CRUZ

Hace casi 50 años que el yacimiento arqueológico de Tufia fue declarado como Bien de Interés Cultural y, aunque desde entonces es uno de los espacios históricos del municipio más conocidos y visitados, aún queda mucho por conocer sobre su origen.

El pasado oculto entre rocas y arena

Según los datos recabados en las últimas décadas forma parte del conjunto de asentamientos costeros datados en los últimos siglos la ocupación prehispánica de la Isla, entre el XI y el XV después de Cristo. Sus características son similares a las de otros yacimientos como el de La Restinga, Lomo de Los Melones o Las Crucecitas, pues están generalmente constituidos por una serie de inmuebles en piedra con plantas de estructura cruciforme en su interior y circulares fuera.

El pasado oculto entre rocas y arena

El conjunto de Tufia cuenta con una serie de siete u ocho estructuras de estas características que podrían tratarse de las viviendas de los antiguos moradores, aunque no es certero. La primera estructura visible tras cruzar por las puertas de entradas es un gran recinto «de funcionalidad incierta», explica el arqueólogo Xavier Velasco. Tras las numerosas investigaciones se ha concluido que probablemente fuese un espacio para guardar el ganado, pero también hay teorías de que podría haber sido un espacio de reunión o incluso una plaza.

Por otro lado, en la cara norte del recinto, pueden encontrarse varios tumultos funerarios. No sorprende, pues este tipo de espacios de culto a los muertos cercanos a restos relacionados con la vida doméstica están estrechamente vinculados a los asentamientos costeros y, por tanto, se encuentran en otros yacimientos cercanos al mar en la Isla. Sin embargo, algo que sí marca la singularidad de este yacimiento es el muro delimitador que separa el poblado con el alto acantilado, de más de 30 metros de altura. Abel Galindo, arqueólogo fundador de la empresa Arkeós que además participó en la excavación liderada por Paco Mireles, explica que posiblemente fuese construido con la finalidad de proteger a los habitantes, especialmente a los pequeños, de una posible caída al mar.

No es lo único que diferencia a este yacimiento. «Otras de las características es que está asociado a un asentamiento troglodita; las cuevas que en la actualidad están siendo ocupadas por los vecinos del barrio formaban parte de este asentamiento», añade Velasco, resaltando que estas eran cuevas prehispánicas utilizadas por los habitantes de este poblado, aunque no se sabe por cuánto tiempo. Cabe destacar que en la playa de Aguadulce también hay cuevas en las que se ha encontrado restos de moradores, con fechas que alternan del siglo VI en adelante.

En definitivas cuentas, estos son los datos generales que se conocen actualmente del yacimiento. Las exploraciones comenzaron a finales de los años 40 del siglo pasado, impulsadas en primera instancia por el arqueólogo Sebastián Jiménez Sánchez. Las últimas se efectuaron hace unos cinco años, aproximadamente, aunque desde el Cabildo recuerdan que desde hace más de diez años que el departamento de ciencias históricas de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria desarrolla un programa de prácticas con el alumnado en el yacimiento durante el curso y, por tanto, su investigación sigue en curso.

«Es de los yacimientos más conocidos de la Isla y también de los que más extensión tiene», resalta el técnico de la institución insular. «Tiene mucha potencialidad arqueológica. Pese el tiempo en el que se ha estado trabajando en él todavía puede aportar muchísima información nueva», asegura Velasco, que detalla que una de las veces que se excavó llegó a encontrarse lo restos de una palmera completamente carbonizada que había sido utilizada como techo de la cubierta de la casa. Por este motivo no se descarga que en futuras incursiones puedan seguir descubriéndose datos nuevos de los antiguos moradores y sus formas de vivir.

Sin embargo, señala que de momento no están previstas nuevas intervenciones para la investigación. «Lo que queda de este año y parte del siguiente estará enfocado en mejorar la seguridad y los accesos al yacimiento, de modo que sea más seguro para la ciudadanía entrar a visitarlo y también que se garantice la integridad del espacio», explica el experto. En concreto, recuerda que actualmente está trabajándose en la sustitución de las puertas y en todo el vallado perimetral. «Son estructuras que se instalaron en los años 80, no se han rehabilitado jamás y no estaban en buenas condiciones», añade.

Velasco asegura por otro lado que el estado de conservación del yacimiento es en líneas generales bastante bueno, aunque admite que su cercanía con el mar ha provocado su deterioro. «La erosión marítima es difícil de controlar», señala. Por otro lado valora que las entradas ilegales que solían producirse hace 10 o 15 años, en las que llegaban incluso a realizarse botellones o asaderos en el interior de las estructuras, son cada vez menos frecuentes.

En este sentido añade que la intención de la administración es efectuar el próximo año actividades con los vecinos con la finalidad de transmitirles la importancia del yacimiento, información general sobre sus principales sus características y hacerles partícipes de los futuros planes de actuación sobre el mismo. «Queremos que los vecinos conozcan lo que se hace y también por qué se hace, que no se sientan ajenos al yacimiento sino que formen también parte del proceso aunque sea únicamente conociéndolo», sostiene Velasco.

Por otro lado, manifiesta con agradecimiento que la asociación de vecinos del barrio está colaborando con los operarios que están realizando las obras de mejora en el perímetro. «Han facilitado a los trabajadores espacios para guardar el material y hemos acordado la posibilidad de efectuar alguna visita conjunta», concluye.

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