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La Provincia - Diario de Las Palmas

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La caña dulce y las naranjas vuelven a Jinámar en la fiesta de la Concepción

La procesión congrega a centenares de fieles en la localidad teldense tras la suspensión de 2020

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Fiestas de la Inmaculada Concepción en Jinámar

Sin las muchedumbres de años precedentes, la procesión de la imagen de la Inmaculada Concepción por la carretera de Jinámar congregó este miércoles a centenares de devotos, felices por la recuperación de la fiesta de la caña dulce tras la suspensión del año pasado por las restricciones de la Covid. Las naranjas de Telde, que en esta época destilan sus mejores jugos, fueron también protagonistas en la plaza de la iglesia, engalanada solo con unas banderitas blancas y celestes porque la normalidad anterior a la pandemia aún tardará en llegar a los festejos tradicionales de la Isla.

Este año solo se instalaron dos puestos de venta de cañas de azúcar, más por mantener la tradición que por el negocio, según admitió Domingo Santana, vendedor en uno de ellos. A sus 82 años, cultiva un pequeño terreno en la vecina localidad de Marzagán, lo justo para que haya cañas en la fiesta de la Concepción. Las más largas las despachó a cinco euros, y las pequeñas a tres euros. 

«A mi edad ya no tengo necesidad de esto, incluso dormir aquí toda la noche anterior, pero no quiero que se pierda esta costumbre y por eso sigo plantando, no por negocio, porque aquí no gano nada», aseguró Domingo. 

El obispo Mazuelos preside la eucaristía y la procesión de ida y vuelta por la carretera general

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La caña de azúcar necesita un riego cada tres o cuatro días, echarle fertilizantes y limpiarla, un trabajo duro. Eso explica que casi hayan desaparecido todos los cultivos en Telde y en el resto de la isla. Hubo un tiempo en que los troncos que se vendían en las fiestas de Jinámar se tenían que traer de fincas de Mogán y de Arucas

«Este año hay mucho menos movimiento, se nota que la gente todavía tiene respeto al coronavirus, pero espero vender todas las cañas que me quedan cuando termine la procesión, que es cuando la gente se acerca por aquí», comentó el agricultor durante la eucaristía.  

Procesión

Tras la misa principal, presidida por el obispo de la Diócesis de Canarias, José Mazuelos, a las 13.00 horas arrancó la procesión de la imagen de la Inmaculada Concepción, con su manto celeste y escoltada por las vecinas del barrio. Detrás, la alcaldesa de Telde, Carmen Hernández, varios miembros de la corporación municipal, la banda de música y decenas de fieles.  

En la primera esquina de la carretera general de Jinámar, desde la azotea, Pedro Bermúdez cantó una malagueña a modo de plegaria al paso de la imagen de la virgen. En la letra de la canción incluyó una dedicatoria a la isla de La Palma

Solista de grupos folclóricos, ahora residente en Los Hoyos, Pedro precisó que tiene vinculaciones familiares con Jinámar desde joven y que esta fue la undécima vez que le cantó a la Inmaculada Concepción, las dos anteriores desde otros emplazamientos. Este año volvió a la azotea habitual, la más cercana a la iglesia. 

Para evitar aglomeraciones por las calles interiores del barrio, la procesión recorrió este año la carretera en dirección a la capital y, al llegar al primer cruce, dio la vuelta para volver por el mismo camino hasta la iglesia. El ambiente de fiesta en el trayecto de imagen lo pusieron seis cajas de turroneros y dos tenderetes de venta de pan, quesos y chorizos. Y en la plaza y sus alrededores se instalaron los dos puestos de caña dulce y otros tres de naranjas. 

En el ventorrillo de la empresa Don Tomás, la dependienta Xiomara Moreno animó a voz en grito a comprar sus cítricos -naranjas del país, mandarinas, limones y limas- y también aguacates y mangas, todo recién recogido en sus fincas del Valle de Los Nueve, La Higuera Canaria y el Barranco de Telde. Las naranjas a 1,20 euros el kilo, las mandarinas a 2 euros, los aguacates a 4 y las mangas a 4,50. 

Domingo Santana tiene una pequeña producción de caña en Marzagán para mantener la fiesta

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David Rodríguez, técnico agrícola y joven emprendedor de Telde, ha convertido la marca Don Tomás en un referente de la fruta del país y de la recuperación de fincas abandonadas. Para ello, explicó desde detrás del mostrador, eligió la figura de Tomasito, un agricultor que conoció desde niño y que se dedicaba a arar tierras de las medianías de Telde. 

Con el apoyo de asociaciones de jóvenes agricultores, y ayudas de las administraciones públicas, ha logrado poner en marcha terrenos baldíos y recuperar las tradicionales naranjas de Telde, que en su día también fueron tradicionales en las fiestas de Jinámar. «Hemos venido a vender, pero lo importante es que la gente nos vea y que sepa que hay empresas que ofrecen productos frescos y que dan empleo a los jóvenes», apuntó.  

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