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La Provincia - Diario de Las Palmas

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El feminismo durante la Inquisición

Diego Flores organiza y dirige, con un tono reivindicativo, una ruta guiada sobre la brujería popular por los barrios de San Francisco, San Juan y San Gregorio

Diego Flores durante la ruta enfocada en la brujería de Telde, en el mirador de la plaza de Los Romeros del barrio de San Francisco Antonio Alí

El imaginario popular ha vinculado desde hace mucho tiempo el municipio de Telde con la brujería. Es común que los cuentos de ritos, ocultismo y demonios empiecen a relatarse cada vez que el nombre de esta localidad se menciona en alguna conversación informal. Sin embargo, ¿hay verdad en estas historias o simplemente son mitos?

El divulgador cultural Diego Flores, fundador de la entidad Axis Mundi, responde a esta pregunta a en una ruta guiada que ha organizado a través de su entidad Axis Mundi. El recorrido incluye paradas en ocho espacios de los barrios de San Francisco, San Juan y San Gregorio vinculados de una u otra forma a esta parte de la historia, como la calle de El Bailadero o la de Juan Diego de la Fuente. 

Las razones por las que se efectuaba este tipo de prácticas, el modo en que se ejecutaban e incluso qué hechizos se llevaban a cabo son el grueso del discurso que efectúa el impulsor durante el trayecto, que realizó ayer por primera vez con una veintena de participantes.

«Quiero reivindicar el papel de estas mujeres», confiesa Flores, que cree que las hechiceras podrían considerarse unas verdaderas feministas de la época, pues trataban de empoderarse para sacar adelante a sus familias con los pocos recursos con los que contaban en el momento. 

Para desempolvar la historia, el guía inicia la actividad en el mirador de la plaza de Los Romeros, en el barrio de San Francisco. «Siempre se ha dicho que Telde es la ciudad de las brujas, pero no tiene más casos registrados de brujería que otras zonas de Canarias», desvela como primer dato, con el objeto de desmitificar las creencias más arraigadas.  

En 300 años se tramitaron en la localidad unas 40 denuncias por hechicería

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Flores llevó a cabo una investigación de más tres meses para recabar la mayor cantidad de datos posibles antes de organizar esta actividad. En concreto, rebuscó con empeño durante este tiempo entre los archivos que posee el Museo Canario del periodo de la Inquisición (que parte entre los años 1500 y 1800, aproximadamente). 

«En una primera ojeada simplemente pretendía sacar un poco de información para aplicar a otra ruta que ya efectuaba en la isla de Fuerteventura», contextualiza, en referencia al recorrido Somos Costeros, que realiza en el municipio de Corralejo. Sin embargo, admite que «cuanto más leía más me daba cuenta que existía muchísima información (sobre todo relacionada con la localidad teldense) que podía ser utilizaba para algo con mayor entidad». 

Así encontró bastantes expedientes en donde se describía con mucho detalle los crímenes por los que habían sido condenadas numerosas vecinas de la comunidad. «Los documentos revelan los nombres completos de las brujas, las direcciones de sus residencias, el tipo de hechizo que utilizaban en sus prácticas o los castigos a los que eran sometidas», asevera. 

De este modo descubrió que en 300 años -aproximadamente desde 1500 hasta 1800- se registraron en el municipio unos 40 casos de brujería, tanto denuncias de mujeres que la practicaban como de clientas que solicitaban los servicios. Asimismo, entre los principales hallazgos expone que, aunque siempre se ha creído que la mayor actividad de brujería tenía lugar en el barrio de San Francisco, realmente esta era más prolifera en San Gregorio. «Tiene que ver con la presencia de esclavos moriscos, gitanos y negros; la hechicería en Canarias bebe mucho de esa cultura», explica Flores. 

Por otro lado, un aspecto imprescindible para entender la situación de estas mujeres era la pobreza. «La mayor parte de brujas, así como sus clientas, pertenecían a familias con muy poco recursos económicos», añade el divulgador. De hecho, el primer caso registrado es el de María el del Alfaquí, en el año 1521, que probablemente ejecutaba estas prácticas para poder dar alimento a su familia, que permanecía en la cárcel. 

La vinculación de la hechicería con los bajos recursos además explica por qué en las islas estas prácticas están tan ligadas con actividades populares. «Cualquiera podía ser bruja», afirma el guía, que pone de ejemplo el caso de una vecina que durante uno de sus juicios confesó que había aprendido sus hechizos apuntando en la plaza de Santa Ana los conjuros cuando se hacían publicas las sentencias por brujería. Y esto se debía sobre todo a la desesperación. 

«Tenían que buscar las formas más rápidas para conseguir subsistir; por este motivo el pago casi siempre eran directamente alimentos, como manojos de cebolla, pan o quizá un pollo», agrega. Pero, ¿qué es lo que pedían aquellos que acudían a las brujas?

«Los hechizos resolvían muchas veces situaciones vinculadas con el amor», sostiene Flores, aunque puntualiza que no necesariamente eran conjuros que buscaban la conquista de algún hombre por puro capricho. «Al leer información académica sobre este tema me he dado cuenta que los conjuros en su mayoría buscaban resolver situaciones de dependencia», agrega. 

El barrio de San Gregorio es el que más casos registra por la presencia de esclavos moriscos

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Las mujeres de la época usaban hechizos para poder casarse con los hombres de las familias más reconocidas, para evitar el maltrato, el abandono o para recuperar esposos ausentes. Era una cuestión de porvenir y seguridad, por eso Flores siente mucha admiración y empatía. No así la sociedad de la época. 

La brujería siempre era castigada, aunque según los descubrimientos de Flores, en Canarias estaba considerada como un delito menor. «En general las mujeres solo eran amonestadas, aunque de manera pública, lo que suponía que se conociese a lo que se dedicaban y acababan siendo rechazadas por la sociedad», explica. 

El destierro o los azotes eran las peores penas, aunque se ejecutaban en casos muy graves. El divulgador menciona a una bruja que admitió ver al mismo demonio en forma de camello, que la elevó durante unos segundos por el cielo. «El camello como representación del diablo era algo de lo que se tienen bastantes registros en las islas», asevera como curiosidad. 

Y muchas más peculiaridades descubre Flores durante su ruta guiada, que anuncia que llevará a cabo durante todo el verano. «Quería esperar a realizar la primera -que tuvo lugar ayer- para ver como calaba, pero visto que el cupo de plazas se cubrió y el de la siguiente está a punto, pienso hacerla dos veces al mes hasta agosto», añade emocionado. Los interesados pueden inscribirse a través de la página web de Axis Mundi. 

La fama de Telde como ciudad de las brujas


La vinculación que tiene Telde con la brujería no tiene un origen definido. Desde hace décadas que muchos foráneos e incluso los propios vecinos clasifican la localidad como la ciudad de las brujas. Sin embargo, puede que esta definición no esté tan justificada como la mayoría de gente piensa. Diego Flores, guía de la ruta sobre brujas que organiza la entidad Axis Mundi, explica que el municipio no cuenta con más casos registrados de brujería que otras zonas de la Isla. «Las Palmas de Gran Canaria tiene muchísimos más archivos relacionadas con las prácticas de hechicería, aunque también tiene mucha más población», puntualiza el divulgador, que considera que la fama viene dado al reconocido caso de las espiritistas, que tuvo lugar en la calle Juan Diego de la Fuente, en el barrio de San Gregorio, durante los años 30. Se trata del primer caso de esoterismo registrado toda España, que supuso la muerte de una niña a mano de sus propios padres, que la pincharon con agujas y rajaron múltiples veces al considerar que sus actos suponían un sacrificio para salvar la vida de su hijo enfermo.

Cinco puntos clave del recorrido

Orígenes

Mirador de San Francisco

  • La ruta comienza en la plaza de los Romeros, espacio que el divulgador Diego Flores aprovecha para iniciar la ruta de las brujas y explicar los orígenes de estas prácticas.

Rituales

El Bailadero

  • Esta calle del barrio de San Francisco ha sido señalada siempre como lugar de encuentro de aquelarres para contactar con el demonio, aunque los archivos no registran historias sobre este tema.

Herejías

Basílica de San Juan

  • Flores explica frente a esta infraestructura que los sacerdotes en el siglo XVI amenzaban a la fieles con el infierno si no acusaban de los casos de hechicería.

Castigos

Los juzgados

  • La brujería era considerada un delito menor, por el que solo se amonestaba. Sin embargo, en los peores casos se llegaba al destierro.

Mitos

San Gregorio

  • La calle Diego de la Fuente dio la fama a Telde como ciudad de brujas, por el famoso caso de los espiritistas que sucedió en los años 30.


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