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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Telde

Evelia Mejías y el arte de las hebras

La bordadora teldense recibe un homenaje por su labor creadora y formativa desde la infancia

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Nely Mejías, bordadora de Telde Andrés Cruz

Lleva dedicada al bordado de manteles, sábanas y todo tipo de textiles desde los seis años. Aun jubilada, Evelia Mejías, vecina de San Juan, admite que no puede apartar la aguja y el hilo de su vida.

La primera vez que Evelia Mejías cogió una aguja con intención de bordar tenía apenas seis años. «Fue un interés que desarrollé por mi misma, porque me llamaba la atención, aunque mi tía también se dedicaba a coser y en parte me pude sentir influenciada por ella», reflexiona la bordadora sobre sus comienzos.

Aunque durante su aprendizaje contó con varias maestras, recuerda con especial cariño a Tomasita, una de las caladoras más conocidas de la Isla durante su niñez. Con ella aprendió sus primeras técnicas de bordado, como el richieleu, en el que diseño nace a partir de algunas piezas cosidas y otras con hueco, o el festón, que es el remate de los bordes con detalles decorativos. «Típico de La Palma», apunta Mejías, que a lo largo de su trayectoria ha aprendido a aplicar todo tipo de métodos en telas muy diversas.

Durante su niñez permaneció tranquila aprendiendo y disfrutando el arte de enhebrar sin mayores preocupaciones, pero cuando cumplió los 13 años se encontró por sorpresa con su primer encargo. «Mi maestra me dio un paquete de sábanas que le habían dado a ella para que lo bordase, me pidió que lo hiciese yo», explica rememorando el momento con una sonrisa.

Desde entonces no ha parado. O prácticamente casi no ha parado, porque a pesar de esta jubilada desde hace más de diez años continúa bordando todos los días. «Ya no hago encargos, pero continuo creando mis piezas para regalarlas a familiares y amigos porque me encanta lo que hago», agrega con sinceridad.

Etapa de monitora

Si echa la vista atrás elige la etapa que pasó como monitora del curso bordado en el Centro de la Mujer, institución vinculada con el Ayuntamiento de Telde, como una de las mejores de su vida. «Me lo pasé maravilloso durante ese tiempo, iba siempre cantando a mis lecciones porque realmente iba contenta a trabajar», asevera riendo. Mejías llegó a dar clases a más de un centenar de mujeres, repartidas en diez turnos durante los días de entre semana.

El primer encargo que le hicieron a la bordadora fue cuando apenas había cumplido los 13 años

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«Cuando me jubilé, a la edad de 68 años, me dio muchísima pena, pero he seguido en contacto con muchas de mis antiguas alumnas e incluso han llegado a convertirse algunas en grandes amigas», asevera con cariño. De hecho, aún organiza quedadas de vez en cuando con ellas para bordar.

Para ver sus trabajos no hace falta más que visitar la Basílica de San Juan, en donde actualmente todos los altares lucen sus manteles bordados. También en la iglesia de San Gregorio y en el Valle de los Nueve se encuentran algunas de sus obras. «Precisa de muchísima concentración porque tienes que contar con exactitud todas las hebras para ir dibujando con el propio hilo, sin un diseño previo sobre la tela; si te equivocas en una, tienes que desbordarlo entero y volver a empezar», afirma.

Un mes entero puede pasar desde que comienza un nuevo trabajo hasta que termina. «También es verdad que yo me lo tomo con calma, porque no son entregas; lo cojo cada día un poquito», expresa. Afirma que las mujeres que puedan dedicarse por afición al bordado se pueden contar ahora mismo con los dedos de una mano, algo que le entristece profundamente.

«Es difícil transmitir esta actividad a las nuevas generaciones, entre uno de los motivos porque ni siquiera existen ya espacios de aprendizaje», explica. Desde su jubilación, no se han efectuado nuevos cursos relacionados con el bordado, aunque en realidad delibera sobre el asunto y llega a la conclusión de que la oferta en relación a los oficios artesanos es cada vez más escasa.

«Antes la ciudadanía tenía un lugar físico a donde acudir para aprender sobre la cultura y tradiciones canarias, pero los monitores que transmitíamos nuestros saberes nos hemos ido jubilando y no ha habido un relevo», explica.

Le apena la situación porque sabe que la oferta «ayudó a muchas mujeres a salir adelante, porque tenían algo que hacer», agrega y deja claro que «jamás me guardé ninguno de los trucos que sabía para mí misma, siempre quise que las personas que venían a mí para aprender acabasen siendo tan profesionales o más de lo que yo era en ese momento», agregó.

Reconocimiento

Sobre el papel fundamental que ella ha representado en la transmisión de la cultura tradicional se mantiene humilde. El Ayuntamiento de Telde le concedió en el Día de Canarias un reconocimiento por su larga trayectoria y su defensa de la canariedad, algo que la emocionó. «Me quedé muy sorprendida, porque jamás se me había homenajeado de manera oficial por mi trabajo», agrega aún asombrada.

Enseñó a un centenar de mujeres el oficio durante el tiempo que estuvo contratada en el Centro de la Mujer

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Mejías asevera que fue una noche emocionante, que compartió con otros nueve personajes del municipio que también han destacado en las últimas décadas por difundir actividades y oficios tradicionales de Canarias. Sin embargo, admite que a nivel personal ha festejado su carrera en otras ocasiones. «Cuando cumplí los 50 años bordando organicé una fiesta en una finca del barrio de San Francisco», confiesa. «A mí es que me encanta celebrar», agrega.

«He dado muchísimas puntadas en todos estos años», reitera con gracia mientras enseña sus manos, en las que pueden apreciarse las curvaturas pronunciadas de sus dedos. «Desarrollé muy pronto la artrosis, pero jamás he dejado de bordar y sé que continuaré haciéndolo hasta que ya no pueda seguir», sentencia con orgullo y convicción.

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