Taliarte persigue terminar su plaza tras 23 años de espera

Las obras inconclusas de una urbanización del barrio costero afean un solar abandonado donde van a parar todo tipo de residuos y chatarra

La plaza de Taliarte que lleva en obras más de 20 años sin terminar su construcción

LP/DLP

Benyara Machinea

Benyara Machinea

Los residentes de 69 viviendas unifamiliares del barrio de Taliarte estrenaban hace 23 años sus inmuebles bajo la promesa de contar con una plaza pública donde confraternizar con sus vecinos, llevar a jugar a sus hijos y pasear a sus perros. Desde entonces, la única piedra que se ha movido en esa dirección fue hace 12 años, con una actuación que debía terminar al cabo de unos pocos meses y que terminó paralizada. Tal es así que el que debía ser un espacio público de intercambio y de descanso en la calle Miramar, a pocos metros del paseo marítimo, es hoy un terreno abandonado donde se depositan de forma habitual todo tipo de basuras, residuos y chatarras. 

Es por ello que el PSOE de Telde, coincidiendo con el 23 aniversario de la inauguración de los primeros adosados y chalets de la zona, anunció su intención de presentar una moción en el Ayuntamiento de Telde para afrontar la finalización de las obras. Las vallas de separación, el suelo de gravilla y la falta de vegetación en la zona han alejado a adultos y menores, así como a los visitantes que merodean por el paseo marítimo, de acudir al espacio. 

El convenio para llevar a cabo esta actuación fue firmado el 24 de marzo de 1993 por el promotor del proyecto y el Ayuntamiento de Telde, poco antes de lograr también el visto bueno del Gobierno municipal en un pleno ordinario. Las previsiones iniciales contemplaban que, para cuando se mudaran los primeros vecinos a las viviendas aldeanas a la plaza, el espacio ya estaría listo para su uso. 

Una moción presentada al Ayuntamiento de Telde aspira a completar la construcción

Con esta expectativa se aprobó en 1998 la licencia para iniciar su construcción, cuya duración estaba prevista en un plazo aproximado de 18 meses. Pero, cuando en el año 2000 concluyó la construcción de las viviendas unifamiliares de la vía, no había rastro alguno del espacio ajardinado que se les había anunciado antes de cerrar las ventas. La intención de los propietarios anteriores del solar también iba encaminada a albergar este espacio, motivo por el que decidieron cederlo al Ayuntamiento de Telde de forma gratuita. 

La inacción se prolongó otra década más antes de empezar a vislumbrar algún cambio. Fue la acción vecinal la que volvió a traer a la mesa de debate el estado de la plaza, a través de las distintas reclamaciones y escritos emitidos al Consistorio para que tomara cartas en el asunto. Las reclamaciones llegaron a puerto y otro pleno municipal celebrado en 2007 avaló la decisión de instar a la empresa responsable del proyecto a ejecutar la construcción con premura, bajo la advertencia de que, en caso de que no fuera así, sería la institución pública la encargada de ejecutar las obras. 

Finalmente la concejalía de Urbanismo arrancó las primeras obras en 2011, después de que el promotor renunciara al proyecto al no contar con el desembolso económico de la concejalía para financiar el plan, con una previsión de terminar la plaza en tres meses. El presupuesto estimado era de 30.000 euros, algo que muchos vecinos calificaron de insuficiente para abordar la construcción en su totalidad. 

Falta de limpieza

Los residentes que adquirieron sus viviendas en la zona coinciden al calificar el estado actual de las obras como un peligro para las personas que pasan a diario por el terreno de 2.900 metros cuadrados ubicado a pie de playa. La falta de frecuencia en el servicio de limpieza que atiende al solar es otra de sus principales quejas para poder responder a las necesidades de las numerosas viviendas que se sitúan en los alrededores. Esta situación se ve más acrecentada si cabe por los continuos vertidos de residuos en el espacio, como equipos tecnológicos, muebles o basuras orgánicas.

"No parece que vivimos donde vivimos. Esta es la única zona cercana donde puedo sacar a mis perros y está totalmente abandonada", criticó Yedra García, una vecina que se mudó al barrio hace tres años, mientras paseaba con sus mascotas por el desolado terreno. La residente de la zona reclama la importancia de colocar en el amplio espacio un césped o un suelo adecuado, o incluso de contemplar posibilidades como la de un parque para que los niños puedan jugar o un pipicán que puedan utilizar los animales y así mejorar a su vez la limpieza de la vía. 

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