Desde la ciudad Arzobispal… (XVIII)

Un hombre de ciencias: Don Gregorio Chil y Naranjo

Un hombre de ciencias: Don Gregorio Chil y Naranjo

Un hombre de ciencias: Don Gregorio Chil y Naranjo

En varias localidades insulares existen calles o avenidas dedicadas al Doctor Chil. La mayor de estas rúas se extiende desde los pies mismos del Castillo de Mata hasta la hoy llamada Plaza de España, con anterioridad de La Victoria. Hablamos, claro está, de la ciudad-capital, Las Palmas de Gran Canaria. Su Ayuntamiento tomó la certera y plausible decisión de nominar a esta vía kilométrica con el nombre del insigne teldense, doctor en Medicina, Antropólogo y Arqueólogo. Con este Acuerdo Plenario, dos hijos de la Puerta del Sur, como en tiempos pretéritos se le llamaba a Telde, lograron hacerse con las dos calles más longas de aquella ciudad atlántica, sin discusión alguna, verdadera capital demográfica, comercial y cultural de todo el Archipiélago.

Gregorio Taumaturgo era hijo legítimo de don Juan Chil y Morales y de doña Rosalía Naranjo de Cubas, ambos de notabilísimas familias. El vástago nació el 13 de marzo de 1831 y fue bautizado en la Iglesia Matriz de San Juan Bautista por su tío y protector, el sacerdote don Gregorio Chil y Morales. Fue educado por este y más tarde formado en Bachiller en el Seminario Diocesano de la Inmaculada Concepción de Las Palmas de Gran Canaria. A pesar de ser muy joven, terminado estos estudios secundarios, marchó a París, en donde obtuvo el grado de Doctor en Medicina.

De regreso a su isla natal, se establece en la capital para allí ejercer la carrera que tanto sacrificio económico había costado a su familia y que él obtuvo con excelentes calificaciones. Entusiasta del pasado aborigen del Archipiélago canario, recorrió la Isla en busca de restos de la cultura canarii, contando para ello con la muy estimable ayuda de sus amigos don Emilio Martínez de Escobar y don Juan Padilla.

El doctor Chil y Naranjo, después de dos matrimonios, fallece sin hijos en 1901, pero antes ha tomado la decisión de hacer testamento a favor de la Sociedad Científica El Museo Canario, a la que convierte en heredera universal de sus bienes, pues hasta lo que dona a Telde lo hace con la cláusula de entrega a aquella Sociedad Científica en caso de no utilizarse para los usos sociosanitarios estipulados. A él, junto con otros prohombres insulares, se le debe la creación de La Sociedad Científica antes aludida. Gregorio Chil y Naranjo fue un reconocido patriota, que llevó su amor por el pasado a extremos poco vistos entre los miembros de la sociedad de entonces. Hombre de espíritu altruista crea el Hospital de San Pedro Mártir y Santa Rosalía, en las casas que habían sido de su madre, en la calle de La Cruz, hoy Licenciado Calderín de la ciudad de Telde. Su biblioteca, digna del más alto intelectual está a disposición de los investigadores en El Museo Canario y su magna obra Estudios Históricos, climatólogos y patológicos de las Islas Canarias sigue siendo una de las aportaciones científicas más evidentes de cuantas han tratado dichos temas dentro y fuera de las fronteras insulares.

Ni decir tiene que la excomunión de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana por pertenecer a la Masonería, no rebajó ni un ápice en el aprecio y consideración que todos los teldenses y canarios tuvieron, y aún tienen, por su figura inmortal.