Miguel Ángel Requena Casiano, comandante del Ala46: «El despliegue hasta Djibouti por tres continentes fue un hito»

«Comprobábamos los barcos que pudieran ser sospechosos; nos acercábamos, sacábamos fotos y luego las enviábamos al mando para que las interpretara e identificara si existía una posible amenaza»

Contingente del Ala 46 que participó en la Operación Atalanta

La Provincia

El piloto Miguel Ángel Requena lideró el contingente que durante los meses de marzo y junio realizó labores de vigilancia marítima en el Golfo de Adén para evitar la piratería y las actividades ilícitas, y garantizar la seguridad de los buques del Programa Mundial de Alimentos y de mercancías. La situación internacional supuso todo un reto para el despliegue que partió desde Telde, que tuvo que hacer una amplia ruta para llegar al sur de África.

¿Cómo fue la experiencia de la última intervención del escuadrón 802 del Ala 46 en Djibouti, en el conocido como Cuerno de África?

Para nosotros no era la primera vez que participábamos en la operación Atalanta. Ya en el 2015 hubo dos destacamentos, pero en esta fui como jefe de las Fuerzas Áreas con la tripulación y la aeronave, y fue bastante gratificante y una experiencia nueva, ya que había que llevar el avión a esta zona de operaciones, con todo lo que conllevaba de planeamiento. Y la operación allí fue bastante enriquecedora porque son actividades que normalmente no hacemos aquí. Nosotros estamos acostumbrados a hacer búsquedas de salvamento y vigilancia marítima, y aunque allí era sobre todo vigilancia marítima, las condiciones eran otras y en una zona con la que no estamos familiarizados. 

Comandante Miguel Ángel Requena Casiano, máximo responsable del equipo del Ala 46 desplazado al cuerno de África en el marco de la Operación Atalanta.

Comandante Miguel Ángel Requena Casiano, máximo responsable del equipo del Ala 46 desplazado al cuerno de África en el marco de la Operación Atalanta. / Andrés Cruz

Capacidad de despliegue

Y además coinciden con unidades de otras partes del país y del mundo, ¿no?

Sí y nos llevamos una grata sorpresa con la parte humana, ya que el contingente no lo compone solamente el Ala 46, sino personas de diferentes unidades del Ejército del Aire y del Espacio. Y aparte de hacer tu trabajo allí, tienes que hacer una vida diaria en la que, como una comunidad de vecinos, puedes llevarte bien con unos, con otros no. Sin embargo, tuvimos un buen grupo de trabajo que nos puso las cosas bastante fáciles. 

La participación en operaciones como esta o en ejercicios internacionales pone a prueba la capacidad de despliegue de la unidad y en esta ocasión ha coincidido la dificultad derivada de los conflictos bélicos actuales. ¿Qué supuso el traslado hasta Djibouti?

En esta ocasión tuvimos que adaptarnos a las circunstancias que existen en la ruta para llegar hasta la zona de Djbouti y debido a los conflictos y teniendo en cuenta que nosotros tenemos que volar en condiciones de baja amenaza y que el avión sea seguro para poder llegar, tuvimos que hacer una variación en la ruta. Fue un hito para el Delta IV, que es la nave que desplegamos allí, teniendo que cruzar hasta tres continentes, haciendo escalas en Grecia, Egipto y Qatar para poder llegar a Djibuti, evitando así zonas como el Mar Rojo, donde había conflictos, por ejemplo. Eso conlleva un planeamiento extra, una gestión de la tripulación y de su descanso, y fueron 30 horas de vuelo para poder llegar al destino, algo que no se había hecho antes. 

Lo que prueba que el equipo está preparado para despliegues y misiones de esta índole.

El equipo está preparado para eso y más. Siempre trabajamos y entrenamos para ello. Salir fuera nos exige un poquito más porque estamos acostumbrados a trabajar en el territorio nacional y en particular, en el espacio aéreo de Canarias, pero como siempre estamos entrenando da igual a dónde vayamos porque vamos a hacer lo que estamos acostumbrados. 

Vigilar e interferir

Exactamente, ¿cuál era la rutina y las funciones que realizaron allí?

Objetivo de la Operación Atalanta es garantizar la seguridad de los barcos vulnerables y del Programa Mundial del Banco de Alimentos, así como disuadir o interferir cualquier tipo de amenaza armada a esos barcos o cualquier acto de piratería, el tráfico de drogas o cualquier otra actividad ilícita en la zona. 

El comandante Requena junto a una representación de los miembros del contingente que se desplazó a Djibouti, delante del Delta IV.

El comandante Requena junto a una representación de los miembros del contingente que se desplazó a Djibouti, delante del Delta IV. / Andrés Cruz

¿Ha cambiado mucho la actividad pirata en esa zona desde que comenzó la Operación Atalanta?

En los más de 15 años que lleva activa la Operación, ha habido picos y hay momentos en los que hay más o menos piratería, dependiendo de cómo influye lo que le rodea. En los últimos años había disminuido bastante la actividad, pero recientemente ha habido un pequeño incremento y ha habido ataques a barcos mercantes y demás. 

¿Cómo influyen actualmente Irán y otros países en conflicto en la zona?

Ya sea Irán o lo que ocurra en cualquier otro país africano puede influir en que haya movimientos migratorios y otro tipo de consecuencias que repercuten en otros países que no tienen nada que ver. 

¿Y cambia algo para ustedes?

Nosotros no tuvimos inconvenientes con lo que pasaba allí, solo hacíamos un estudio de la zona del área de trabajo para garantizar nuestra seguridad y, así, la misión. 

Rutina en la misión

¿Volaban todos los días?

No, no podemos porque por protocolo no podemos volar más de un número de horas establecidas a la semana. Allí realizábamos vuelos de entre ocho y nueve horas, y la acumulación de fatiga no es propia para garantizar la seguridad de las tripulaciones, por lo que si un día se volaba, al siguiente se descansaba y se preparaba la siguiente misión. 

Acudíamos cada día al lugar de trabajo para poder planear y estar pendiente de cualquier variación de la situación en nuestra zona y en los países vecinos para poder realizar las misiones de la forma más segura posible. 

¿Tuvieron que intervenir alguna vez en alguna situación relacionada con la piratería?

Nuestras funciones eran, principalmente, disuadir en lo posible e informar al mando de las posibles amenazas que pudiera haber. Hacíamos labores de vigilancia marítima y comprobábamos los barcos que pudieran ser sospechosos; nos acercábamos, sacábamos fotos y luego las enviábamos al mando para que las interpretara e identificara si existía una posible amenaza o no, y transmitiera a los otros medios de la Operación, como los buques de la Armada, que son los que actúan de forma directa. 

Relación con la población local

La Base Aérea de Gando estuvo allí desplegada tres meses, en dos turnos.

En el marco de la Operación Atalanta siempre hay gente presente y se refuerza con presencia de aviones en los periodos intermonzónicos, que es cuando las condiciones meteorológicas en el Golfo de Adén son las mejores para la navegación y es cuando mayor probabilidad hay de que pueda haber movimientos ilícitos. Llegamos en marzo —yo estuve en el primer turno— e hicimos el relevo con el segundo equipo que terminó a principios de junio. 

¿Qué tal la relación con la población local?

Pues la verdad que bastante bien. No tuvimos ningún conflicto ni problemas. Allí hacíamos vida normal porque además de trabajar hay que comer, dormir o pasear y las relaciones con las personas de allí son bastante amables. Están acostumbrados a vernos e, incluso, algunos hablan ya español. Hay una parte del contingente que se dedica a estrechar lazos con la población para que España sea bien vista y a la hora de vernos por la calle nos puedan reconocer y nos pongan las cosas fáciles. 

Como piloto, ¿había participado antes en alguna misión internacional?

He participado en varios ejercicios en varios ejercicios en África y Europa, sobre todo en Azores y Madeira. También estuve en cuatro ocasiones en la Operación Sofía, en el Mediterráneo Central, donde nos centramos en la migración, pero también para luchar contra el tráfico de personas y la venta ilícita de armas y petróleo cerca de las costas de Libia.