Tufia, la capilla del mar
La riqueza del ecosistema marino de esta bahía teldense la convierte en un lugar idóneo para realizar los bautizos de buceo y para la práctica de este deporte acuático

La Provincia
Poco después de las ocho de la mañana del viernes un grupo de seis personas observa el estado del mar desde lo alto de Tufia, en Telde. Uno de ellos señala de un lado a otro marcando la ruta que él y sus compañeros realizarán poco después. Abajo, en el agua, tres vecinas disfrutan ya de su primer baño en unas aguas que encierran todo un espectáculo de vida marina.
Mientras el grupo empieza a bajar la cuesta que les llevará hasta la playa, Ernesto Collado y Lourdes Domínguez, del club de buceo Gran Azul, se preparan para hacer una inmersión con una invitada que se estrenaba en esta playa.
El camino desde el coche hasta la orilla es largo, teniendo en cuenta de que cada buceador debe cargar con un equipo que pesa entre 25 y 30 kilos, más un cinturón con plomos con el 10% de su peso corporal. «Al menos ahora es cuesta abajo», bromea Ernesto, que tiene lesiones en las rodillas y en la espalda que le obligan a hacer varias paradas. El consuelo es saber que cuando esté en el agua todas las limitaciones desaparecen y allí «no duele absolutamente nada, por lo que se lo recomiendo a cualquier persona que tenga algún tipo de discapacidad o problema de movilidad», apunta este buceador teldense.
Tufia es uno de los lugares de la Isla preferidos por los centros de buceo y los instructores para hacer los bautizos, ese primer contacto con el mundo submarino en una inmersión controlada. No hay dos iguales, porque dependen de los instructores, el lugar y las condiciones y de la persona.

Ernesto Collado, Lourdes Domínguez y otra buceadora, justo antes de realizar la inmersión en Tufia / Juan Castro
Respirar
Collado explica que hay quienes se quedan en la orilla y quienes pueden adentrarse en el mar, según consigan controlar la respiración y se sientan cómodos con el regulador y debajo del agua.
En estas primeras inmersiones, se suele bajar un máximo de cinco o seis metros. Otra de las playas teldenses donde es habitual ver buceadores y personas realizando sus primeras incursiones es Taliarte, donde la profundidad máxima es la recomendada para este tipo de actividades.
Nada más abandonar la superficie, Tufia sorprende. En la misma orilla se pueden ver sargos y otros peces que nadan despreocupados compartiendo espacio con los bañistas, pero a medida que los buceadores se adentran en la bahía van descubriendo la gran diversidad marina que hay.
Recuperación de la vida marina
«Hace 25 años, cuando empecé a bucear, aquí había pocos peces debido la pesca furtiva», asevera Collado. La presencia de los buceadores fue fundamental para ahuyentar a las personas que realizaban actividad pesquera ilegal y ahora esta bahía del litoral teldense está repleta de especies, ofreciendo a pocos metros de la orilla la posibilidad de ver bancos de sargos, jureles, roncadores, salemas o barracudas. También hay peces trompeta, burros, gallinetas, lenguados, gallos, fulas, pulpos, sepias, viejas, meros, mantelinas, chuchos y angelotes.

Inmersiones en la playa de Tufia (Telde) / Juan Carlos Castro
La cuevita
Quienes pueden adentrarse un poco más, pueden explorar la cuevita, una suerte de oquedades comunicadas donde se mantienen protegidas de la marea cientos de peces y donde se encuentran, entre otros animales, ejemplares de cangrejos araña, unos animales inofensivos que bajo el mar parecen hechos de alambre con brillantes en sus articulaciones.
Y es que los colores y los patrones de la piel de los peces lucen muy distintos en su entorno, como las fulas lilas y turquesa, los jureles plateados y amarillo casi fluorescente, el estampado que parece cachemir de los lenguados y las tonalidades y texturas que adoptan los pulpos cuando pasan de una superficie a otra.
19 metros de profundidad
Un poco más al fondo, a más de 19 metros de profundidad, en lo alto de una roca, una gorgonia amarilla se erige imponente en medio del paisaje marino. Se trata de una colonia de pólipos que adopta una forma arbórea y se mece con la marea. A su alrededor, formando parte del manto rocoso, infinidad de pepinos de mar, nudibranquios y gusanos de fuego conviven con peces de diversas formas y tamaños que cautivan a quienes se adentran.
Los buceadores más expertos —entre quienes se encuentran Lourdes y Ernesto— suelen alargar su paseo hasta Roncadores, una zona situada ya fuera de la bahía en dirección norte, pero ese día la frontera la marcó la gorgonia.
De regreso a la orilla y después de jugar con un pulpo que intentó robarle el guante a Ernesto, tocó una parada en la zona del arenal donde es habitual encontrar chuchos, mantas rayas y algunas especies de tiburones. Allí, en el fondo, están la viejas anclas y pesos que los pescadores usaban para sujetar sus barcos y que cuando optaron por cambiarlas por otras nuevas, no retiraron. Unas y otras conviven y forman parte del paisaje marino ya.
Un fondo limpio
«El fondo está bastante limpio», reconoce Ernesto Collado una vez fuera del agua. Los submarinistas suelen aprovechar las inmersiones para retirar residuos que encuentran a su camino «y cada vez hay más conciencia». Su club, Gran Azul, y otros, organizan periódicamente limpiezas de los fondos como parte de su actividad. Hace años, de Tufia llegaron a retirarse mesas, sillas, neumáticos, sombrillas y un sinfín de residuos.
Cada inmersión es distinta y no siempre se ve lo mismo, lo que hace aún más atractivo este deporte acuático e invita a volver al mar casi a diario. En Tufia, las profundidades máximas que se alcanzan son de entre 15 y 25 metros.
Lourdes y Ernesto se han adentrado, por otro lado, en el mundo de la fotografía submarina y no solo captan con vídeos e imágenes lo que encuentran en sus paseos debajo del mar, sino que participan en los numerosos campeonatos que se organizan en las Islas, donde ella hace de modelo. Recientemente han participado en uno en Fuerteventura y otro en El Hierro, y ya se preparan para las citas previstas en los meses de octubre tanto en esta última isla como en Gran Canaria.

Buceo por los fondos marinos de Tufia / La Provincia
Cuesta arriba
Tras una hora de buceo, cargando con el equipo y con los efectos del nitrógeno en el cuerpo, tocaba subir cuesta hasta el aparcamiento. Por el camino, dos paradas para recobrar el aliento y para tomar conciencia de que las lesiones volvían a hacerse notar.
Mientras ellos se iban, otros llegaban y en los cruces, haciendo alarde de la amistad que les une, compartían sus últimas experiencias en Tufia y en otros lugares de Gran Canaria.
Sin embargo, el viernes sobrevolaba entre todos los buceadores una preocupación, el incremento de las limitaciones que se están poniendo en las playas grancanarias a esta actividad deportiva.
Según explicaba una pareja, hay vecinos en esta cala teldense que no están conformes con la presencia de buceadores en su barrio y se quejan de que ocupen plazas de aparcamiento, aunque no llegan a suponer ni el 10% del total. Estos, por su parte, recuerdan el papel que desempeñan en la defensa de los ecosistemas y que es una actividad completamente compatible con el disfrute de la playa por parte de los bañistas. De hecho, no suelen ocupar la arena puesto que bajan con el equipo que necesitan para la inmersión desde el aparcamiento.
Para todo el mundo
Ernesto Collado asegura que cualquier persona puede hacer el bautizo de buceo, siempre y cuando el médico no le haya diagnosticado una patología que sea incompatible con esta actividad.
Para él, lo ideal es contactar con un centro de buceo o un instructor de confianza y escoger «un lugar de aguas confinadas, es decir, un lugar seguro, una playita donde se pueda entrar y salir tranquilamente». Previamente a la inmersión se le brindará una pequeña formación sobre el equipo, el uso del regulador, señales de comunicación bajo el agua y algunos datos básicos más, pero si la persona quiere, posteriormente, seguir buceando y adentrarse más en este deporte, debe realizar un curso más exhaustivo para obtener una licencia, contratar un seguro y tener al día informes médicos que verifiquen que está en condiciones de bucear.
El equipo básico puede alquilarse en los centros de buceo o comprarse, y su precio oscila entre los 600 y los 1.000 euros, dependiendo de las calidades.
«Creo que todo el mundo siente curiosidad, pero lo que pasa que no todo el mundo se atreve a intentarlo», sentencia Collado.
25 aniversario
Él y Lourdes forman parte del Club de Buceo Gran Azul de Telde, que este año cumple sus 25 años de historia y ya está preparando varios eventos para celebrarlo.
Aunque aún están ultimando todos los detalles del programa, el presidente de la entidad, Arturo Telle, un fotógrafo submarino galardonado, avanza que incluirá acciones de limpieza del litoral teldense desde Taliarte hasta Salinetas, una inmersión con un colectivo de personas con discapacidad y una fiesta para los socios.

Concentración en El Cabrón
A las quejas de algunos vecinos de Tufia se han unido las decisiones del Ayuntamiento de Gáldar de impedir el acceso con vehículos a Sardina del Norte, salvo de 8.00 a 12.00 horas, lo que dificulta la activividad y las inmersiones nocturnas, y del Cabildo grancanario de cerrar los accesos a El Agujero, Punta de La Monja yPunta de la Sal, tres enclaves de El Cabrón, en Arinaga, que constituyen junto a Sardina los mejores lugares para la práctica del submarinismo. Así, a través de conversaciones en los fugaces encuentros entre inmersiones y a través de mensajes de Whatsapp y en las redes sociales, ayer se concentraron unaos 20 buceadores en El Cabrón para protestar por la medida adoptada por la Institución insular. Entienden que sea necesario proteger las especies animales y vegetales endémicas de la zona, pero creen que esto no es incompatible con permirles seguir practicando este deporte en un lugar tan privilegiado y sugieren que se acote un camino para limitar que se acceda al resto del espacio. Llevar el equipo a cuesta desde la zona donde sí pueden estacionar, un trayecto de más de 800 metros, es un riesgo para su integridad.
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