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El legado de los hermanos Perera en la carpintería tradicional de Jinámar

Enrique Perera continúa con la carpintería tradicional que en su momento impulsó su padre y su tío en un pequeño local en Jinámar

El legado de los hermanos Perera en la carpintería tradicional de Jinámar

José Carlos Guerra

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Siguiendo los pasos de su tío y de su padre, Enrique Perera ha logrado mantener el legado de la carpintería tradicional. Ubicado en un local en la calle Santa Teresa de Jesús número 20, en Jinámar, la esperanza está en que las nuevas generaciones sean las que continúen con una profesión que cada vez está menos vista.

Corría el año 1960 cuando los hermanos Enrique y Francisco Perera comenzaron a interesarse por la carpintería. La guagua de aquella época y la bicicleta eran los medios de transporte para poder desplazarse a casa de sus clientes a hacer los trabajos y con el tiempo, la pasión por este trabajo, tan poco visto hoy en día, les llevó a montar primero una pequeña carpintería en la casa de su abuela para después mudarse a un local que tenía su madre y finalmente comprar y montar el taller que en la actualidad lleva Enrique Perera Rodríguez, hijo de Enrique y sobrino de Francisco Perera.

En su humilde local, ubicado en la calle Santa Teresa de Jesús número 20, en Jinámar, Enrique ha continuado con el legado de su padre y su tío, dos personas a las que admira a cada minuto que pasa, y sobre todo al finalizar cada trabajo. Rodeado de maderas y serrín por todas partes, explica que recuerda haber crecido junto a las herramientas y con las instrucciones de su padre acerca de cómo ser un buen carpintero. «Yo no tuve la infancia de jugar, sino la de hacer cosas para ayudar en la carpintería, algo que mi padre hizo para darme un futuro y le agradeceré eternamente», señala. 

Mantener la clientela

Con el tiempo, al igual que le pasó a su padre, comenzó a enamorarse de este trabajo tradicional, y cuando cumplió los 18 años empezó a meterse de lleno en este mundo. Ahora, después de tanto tiempo, Enrique sigue manteniendo la clientela que en su entonces había ganado su padre y su tío, además de la nueva que ha logrado él gracias a sus trabajos manuales llenos de paciencia y cariño. En su historial almacena puertas, ventanas, escaleras, balcones o un sinfín de cosas. «Hoy en día para mí la carpintería es un don y un talento que me dio mi padre. A mí siempre me gustó y esto nace, está en el ADN y en el mío no podía faltar», comenta orgulloso. 

Herramientas antiguas de la época de Enrique y Francisco Perera

Herramientas antiguas de la época de Enrique y Francisco Perera / Jose Carlos Guerra

Al finalizar cada trabajo, Enrique se recrea en cada uno de ellos, les saca una foto y piensa en si su padre, que le estará viendo desde ahí arriba, se sentirá orgulloso del legado que ha dejado a su hijo. «Cuando mi padre falleció pensé que no iba a poder seguir hacia adelante con la empresa pero le puse valor y al final lo conseguí», comenta. Su hijo, Nauzet Perera, tomó el mismo camino que su padre y su abuelo y ahora opta como principal candidato para seguir con este trabajo tradicional. «Nau tiene más cualidades que yo», explica Enrique. «A mí ya me faltan las fuerzas en las manos y él ha hecho cursos que le han impulsado a innovar», indica Perera. 

Aunque Enrique aprendió muchas cosas sobre su padre y su tío durante el tiempo que pudo trabajar junto a ambos, uno de los consejos que guarda bajo llave es el de dedicarse más a lo pequeño que a lo grande. «Mi padre me decía que si coges el grande y dejas el pequeño, el día que el grande se marche te quedas sin nada», recuerda. «Con el tiempo me di cuenta de la razón que tenía y ese consejo se lo he transmitido yo a mi hijo Nau», comenta. 

Nuevas generaciones

Con la vista puesta en futuro, la ilusión de Enrique es que la nueva generación continúe con este trabajo, y su nieta, Laia, es una de las opciones en las que piensa. Aunque aún es muy pequeña, quién sabe si la vida la llevará hasta este local de Jinámar. «También tengo dos sobrinos, uno de ellos seguro que no porque será médico, pero el otro tiene cuatro años y quien sabe si tiene este don», señala. 

Un legado que los hermanos Perera dejaron vivo tras ver en la profesión de carpintero un futuro para los que venían detrás y que Enrique estará viendo con orgullo desde alguna de las estrellas, mientras que Francisco todavía tiene la suerte de vivir de cerca, observando cómo su sobrino Enrique y Nauzet, su ahijado, han sacado adelante a pesar de las piedras que a veces pone el camino. 

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