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La playa de Melenara en Telde, refugio contra el calor y la calima en Gran Canaria

Vecinos y turistas disfrutaron del mar en Melenara, Telde, durante un fin de semana de altas temperaturas, con picos de 36 grados y la presencia de calima en la isla

Bañistas disfrutan del domingo en Melenara

Esther Medina Álvarez

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Esther Medina Álvarez

Esther Medina Álvarez

Telde

Palmi Vico lo tenía claro: el mejor sitio para estos días sofocantes es la orilla de la playa de Melenara y Melenara, en Telde, para ella es una de las mejores opciones. Pegada al muro del muelle que hace de mirador del Neptuno, sentada en una silla y bajo la protección de una sombrilla, pasó fresquita este domingo caluroso en el que, en algunos puntos de la isla de Gran Canaria, se alcanzaron los 36 grados. Junto a ella estaban su pareja y otros cuatro matrimonios más de amigos que llegaron a esta cala temprano para coger sitio y huir del bochorno de Marzagán, el barrio en el que viven.

Con las sombrillas, las neveras cargadas de bebidas frescas, comida, «mucha protección» y muchas ganas de bañarse estaban preparados para una jornada que, aunque no era tan calurosa como la de días anteriores, se antojaba pesada, sobre todo por la calima.

Este grupo de amigos suele quedar los fines de semana para ir a la playa o irse de acampada en sus furgones, y aunque habitualmente van a Arguineguín y los alrededores, reconocen que les «gusta mucho Melenara».

Inicialmente habían intentado ir a la cala de Salinetas, «pero el viento allí no se soportaba».

Frente al 'Neptuno'

En Melenara, sin embargo, al abrigo del muro del muelle y de los edificios del lado derecho de la playa, casi alineados con la escultura del Neptuno, la brisa que a ratos era fuerte, se agradecía. Donde era más molesto era en la otra mitad de la cala, a la izquierda de la caseta de los socorristas, lo que ofrecía una curiosa estampa: mientras en un lado las coloridas sombrillas iban ocupando toda la superficie de la arena, poco a poco, en el otro los ‘asentamientos’ estaban más dispersos y los bañistas luchaban por mantener clavados los parasoles o renunciaban a tenerlos.

Kian Nasheri y sus hijos Chloe y Pau, este domingo en Melenara

Kian y sus hijos Chloe y Pau, este domingo en Melenara / José Pérez Curbelo

Un poco más allá, Braulio Alex disfrutaba con su familia y de unos peculiares flotadores que, unidos, parecían una colchoneta en el mar. Vecino de Almatriche, en Las Palmas de Gran Canaria, eligió Melenara para refrescarse por «por cercanía y por tranquilidad».

Explica que el sábado estuvieron «todo el día en casa y es imposible de estar ahí». A su juicio, y en eso coinciden los otros tres miembros de la familia, «la brisita» que corría este domingo en Melenara «relaja» y les permite volver «a casa como nuevo».

No han llevado bien las altas temperaturas registradas en Gran Canaria días atrás, sino «fatal», y eso que estuvieron «en la azotea con la ducha» y tomando bebidas frescas. Lo que peor lleva en la calima, aunque en la playa, «con la brisita, los bañitos, un rato en la silla y una caminata, todo está bien».

Con los pies de remojo

De pie en la orilla estaba Lucía Álvarez, que no le quitaba la vista de encima a su nieto Matías, de cuatro años, que saltaba y saltaba donde el agua a penas le cubría los muslos. Ella, con una gran pamela, porque «hay que protegerse del sol», se conformaba con mantener los pies en el agua.

Allí esperaba a que su hijo llegara para relajarse un poco bajo la sombra. «Matías no para», exclamó, pero cuando venga el padre se encargará él.

Su intención inicial era quedarse en la playa hasta la hora del almuerzo y comer algo en uno de los restaurantes de la zona, «pero cada vez hay menos y siempre hay cola», por lo que no descartaba desplazarse a La Garita, otra playa teldense, «que allí también se come bien».

En calma

El mar estaba ayer en total calma. Solo las ocasionales rachas fuertes de viento alteraban su superficie. Eso hacía del agua el lugar ideal para los juegos, con pelotas, con carreras o, incluso, con tablas de bodyboard que se utilizaban para hacer equilibrios en el aire.

Quienes querían evitar el sol del todo se unieron a los grupos que ocupaban las mesas del merendero habilitado por el Ayuntamiento de Telde bajo los pinos marinos. Allí estaban Soledad R. y una amiga que prefería no dar su nombre. Recostadas sobre dos sillas de playa, cubiertas con un ligero pareo y con sombreros, afirmaban que allí podían estar fresquitas, sin que les molestara el viento o tener que estar «pegadas a un montón de personas». No tenían planeado darse un baño, sino estar allí un rato «relajadas y tranquilas».

Quienes estaban también disfrutando eran Kian y sus hijos Chloe y Pau, de nueve y cinco años, que posiblemente eran los únicos de la playa que sentían fresca la temperatura de este domingo.

Un grupo de amigos preparados para disfrutar de una jornada a la sombra de los pinos marinos.

Un grupo de amigos preparados para disfrutar de una jornada a la sombra de los pinos marinos. / José Pérez Curbelo

Temperatura relativa

Reconoce que su familia es afortunada porque tiene aire acondicionado en su casa y puede soportar mejor las jornadas de calor extremo, «pero a los niños se les hace un poco pesado estar todo el día en casa y venir a la playa es como una liberación para ellos».

Chloe, con su tabla de bodyboard amarrada a la muñeca e inquieta para volver al agua, cuenta que prefiere «el calor en la playa, la piscina o cosas con agua», pero realmente lo que más le gusta «es el frío porque se puede tapar y el calor no».

Aparcamiento y restauración

Un poco más alejadas del barullo, llegando casi al centro de la playa, estaban Claudia Zurita y Josefa Santana. La primera vive en la zona y la otra, en otro lugar de la costa de Telde, y aprovecharon la oportunidad para protestar por la falta de aparcamiento. Aunque Claudia tiene su propio garaje y no se ve afectada de forma directa, asegura que este verano percibe «menos afluencia que otros años, seguramente por «el cierre las parcelas que se usaban como aparcamiento». Eso hace que muchos de sus amigos «se han cansado de dar vueltas con el coche y al final se han vuelto a sus casas porque no han encontrado donde aparcar». De hecho, Josefa estuvo a punto de rendirse, aunque finalmente encontró un hueco en Taliarte. En ese sentido, agradece que «la Policía está siendo bastante permisiva y hace la vista gorda con determinados coches que no están del todo bien aparcados».

También cree que ha influido que los restaurantes del paseo estén cerrados hace meses, algo que —asevera— no entiende porque daban mucha vida a la playa.

Imagen parcial de la playa de Melenara, este domingo.

Imagen parcial de la playa de Melenara, este domingo. / José Pérez Curbelo

Para ella, el calor en Gran Canaria «no ha sido tan agobiante como otros años porque ha soplado el viento casi todos los días y ha estado agradable, a diferencia de las medianías». Cuenta que su hijo estudia en una universidad de la península y que cuando llegó le aseguró que en la Isla se «está en la gloria» en relación al calor que pasa allí.

Turismo

Tanto ella como su amiga coinciden en que la temporada alta del turismo en Gran Canaria, sobre todo para los españoles, debería ser al contrario y coincidir con el verano «porque uno como este no lo hay en ninguna parte del mundo».

«Esto es impagable», sentenció.

Su amiga le da la razón y explica que combate el calor «pasando el día en la playa, que realmente se está agradable, puesto que todo el verano ha hecho aire. Eso se agradece muchísimo de cara al día a día y sobre todo por la noche se consigue que las temperaturas bajen y se puede dormir». Lo que no lleva tan bien es la calima; «no es el calor en sí, sino la tierra que cae lo que más molesta».

Asegura que tiene amigos de la península que optan por pasar el verano en Gran Canaria porque «notan la gran diferencia con ciudades como Madrid, Valencia o el centro de la península, porque realmente hay más de 10 o 12 grados de diferencia».

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