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Entrevista | Juan Verde Suárez Estratega internacional para el sector privado y público

Juan Verde Suárez: «Criarme en Telde formó mi ideal de solidaridad y ayuda a los demás»

Colaborador de políticos como Obama, Bill y Hillary Clinton; Al Gore, Ted Kennedy o John Kerry, el grancanario de 54 años, distinguido el viernes con la Medalla al Mérito Social de su ciudad, dice que nacer en Telde «imprime carácter».

Juan Verde Suárez.

Juan Verde Suárez. / LP/DLP

Miguel Ayala

Miguel Ayala

Telde

«Medalla al Mérito Social, por su brillante trayectoria internacional como asesor estratégico en sostenibilidad, economía verde y por su contribución a la proyección de Telde y Canarias en el mundo». ¿Qué supone el que su ciudad natal haga, con motivo de los premios de honores y distinciones, esta descripción sobre usted?

Hombre, pues, indudablemente... En mi vida es cierto que he recibido otro tipo de honores, pero efectivamente para mí tiene esto tiene un significado especial: el de volver a casa, a tu familia, a tu barrio, a tu entorno más cercano... La ciudad donde uno nace y donde creces al final es tu raíz, es tu cimiento sólido, el sitio donde siempre retornas al hogar. Tiene un significado muy, muy emotivo y especial.

¿Cómo fue esa infancia suya en aquel Telde de hace 50 años?

Telde hoy es muy distinta a aquel lugar donde nací. Hoy es una ciudad, pero continúa manteniendo esa identidad de pueblo que me inculcó valores como la importancia de ayudar a tu vecino, a las gentes del pueblo, a tu familia... Y eso es lo que verdaderamente para mí resulta importante. Mis recuerdos se construyen de aquellas enseñanzas y creo que es algo muy común entre mi generación. Había una solidaridad innata que en mi caso me sirvió luego para entender y abordar distintos asuntos fuera de mi tierra.

¿Cuánto ha influido su entorno familiar en el adulto que es en la actualidad?

Muchísimo. Haber crecido en una familia de seis hermanos y que los cuatro primeros nos lleváramos uno o dos años de diferencia de edad fue y sigue siendo un privilegio. Crecimos todos juntos en los mismos colegios, con el mismo grupo de amigos y una familia muy unida, en una comunidad donde te sentías parte de un grupo, parte de un ecosistema social... Y a día de hoy sigo siendo eso en buena parte.

¿Imprime carácter ese ambiente en el cual se crío?

Sin lugar a dudas, porque al final somos lo que mamamos en casa; eres lo que has visto y donde has estado. Soy en gran parte fruto de esa sensación donde lo bonito era estar unidos; esa sensación de solidaridad, de apoyarse mutuamente y no sé, para mí es casi un recordatorio constante basado en la generosidad, el compromiso y el amor; todo aquello me motiva para contribuir al bien común aportando mi granito de arena si tengo esa posibilidad o la oportunidad de hacerlo.

Habla de la familia y creo que su madre, Loli Suárez, fue la responsable de transmitirles a usted y sus hermanos la importancia de los valores de los que habla, el concepto de mujer luchadora y de conciencia social y de colaboración. ¿Tuvo ella mucho que ver en su aprendizaje?

Por supuesto. De mi padre pienso que heredé ese amor por el trabajo, por la persistencia y la perseverancia; y de mi madre, tanto yo como el resto de mis hermanos, heredamos su conciencia social. Esa responsabilidad de querer hacer todo lo posible para que la vida del otro sea un poquito mejor. Siempre recuerdo una frase de mi madre, que no es de ella, claro [sonríe], pero que la menciona de forma habitual: en el mundo hay personas que miran alrededor, ven calamidades, injusticias, hambre o violencia y se preguntan por qué. Y luego están quienes miran alrededor, ven esas mismas cosas y dicen ¿y por qué no? ¿Por qué no podemos tener un mundo mejor? ¿Por qué no podemos tener un mundo más estable? Es algo en lo que siempre pienso y siempre tengo presente. Ella nos inculcó la necesidad de luchar por la justicia social, por la defensa de la igualdad, por la solidaridad... Llámelo karma, llámale energía o lo que quiera, pero...

¿Vamos a llamarla Loli?

[Se ríe] Claro. Creo que es única, así que vamos a llamar Loli a todo eso. Sí, sí, sí, sí, totalmente.

A usted que habla de esa relación tan estrecha con su familia, ¿cómo le afectó marcharse a Estados Unidos siendo aún muy joven? ¿Fue fácil adaptarse?

Eso es como todo, pero creo que yo he sido muy afortunado a lo largo de mi vida por haber encontrado gente buena que siempre creyeron en mí, o me apoyaron y me ayudaron como, por ejemplo, mis padres y, posteriormente, la gente que conocí en Estados Unidos. Yo me identifico con la vida de un migrante, ¿sabe?

Pues ahora mismo no corren allí buenos tiempos para la inmigración en EEUU, ¿no?

Es tan verdad como el hecho de que Estados Unidos se ha construido históricamente por quienes llegaban a ese país y se están olvidando de que a todos los inmigrantes que hemos llegado a ese país nos ha unido y nos une esa ansia de avanzar, de mejorar, de progresar y de ser responsables. Yo eso lo aprendí en casa y fue lo que verdaderamente me hizo enfrentarme a los retos y a los problemas que al principio tiene toda persona cuando se muda a otro país. Desde el idioma a la integración cultural o social, pero al final la receta es la misma siempre, antes y ahora: trabajar, dar lo mejor de ti, sentir pasión por lo que haces y asumir riesgos. Estoy convencido de que esa es la fórmula y la clave del éxito estadounidense.

¿Le cuesta entonces reconocer hoy aquel Estados Unidos del que habla?

Un poco sí, sobre todo porque una de las grandes riquezas de Estados Unidos ha sido precisamente la migración y ahora, de repente, y aquí en España también, no nos olvidemos, eso se ha convertido en un problema cuando los cimientos del país los construyeron precisamente hombres y mujeres llegados de otras naciones.

¿A qué achaca esta situación?

Es un tema amplio, pero yo diría que en gran parte la culpa está en la transformación del modelo económico occidental, en Europa y Estados Unidos, que durante los últimos 30 años nos hemos dedicado a enviar nuestra producción y nuestra industria a China y a Asia en general. Eso ha tenido un impacto muy significativo entre la clase media provocando que muchos de ellos hayan perdido sus trabajos. En el país de las oportunidades han visto cómo la promesa de la globalización no produjo nada positivo creando las condiciones propicias para que aparezcan partidos populistas de derecha y izquierda, porque esto no es un tema ideológico. Y la gente está... La gente se ha cansado de los políticos o partidos tradicionales y son capaces de irse con estos candidatos populistas que intentan dar respuesta a situaciones y retos muy difíciles con soluciones simplistas y fáciles. Y fíjese que el que luego esas promesas no sean verdad les parece lo de menos. Estamos viendo ahora mismo una respuesta de un segmento de la sociedad a la cual le han dicho que el problema son los inmigrantes, pero nadie le da importancia al hecho de haber perdido la industria por apoyar medidas pensadas siempre a muy corto plazo con el objetivo de reducir costos operativos, mejorar la eficiencia, fabricar productos más baratos... Eso nos ha pasado factura como sociedad hasta tal punto de que hoy la democracia, como la conocemos, está en tela de juicio.

Precisamente en ocho días se cumplen en España cincuenta años de la muerte del dictador Francisco Franco y diversas encuestas revelan que son las generaciones más jóvenes quienes más apoyan los partidos ultras y rechazan esa democracia de la que habla. ¿Qué le parece?

Es que se han convertido en caldo de cultivo para quienes proclaman esos discursos y esos bulos. Sin embargo, más allá del daño que hacen las fakenews, piense que en una sola generación, la que va de nuestros padres, que con un buen trabajo podían ser dueños de su casa, tener un buen coche, comprarse una casita en la playa o mandar a sus hijos a universidad, hemos pasado a una población de jóvenes a quienes les va a ser imposible alcanzar esos objetivos. De verdad que creo que esas nuevas generaciones sí que lo están pasando mal. No se sienten representados por nadie.

Habla de jóvenes y campañas de desinformación y se me viene a la cabeza que usted es padre de dos hijos que, por sus edades, comenzarán en breve, si no lo han hecho ya, a usar redes sociales y demás. ¿Cómo se enfrenta a eso?

Pues hablando y dándoles educación, pero no adoctrinándolos. Educar significa enseñarlos a que desarrollen un criterio independiente y si mi hija o mi hijo, al final, no están de acuerdo conmigo, bienvenidos sean. Quiero que cuestionen absolutamente todo, no solo la información sino la fuente y el por qué de las cosas para que luego tomen sus propias decisiones. De verdad que creo que lo mejor está por venir, mis hijos van a vivir en un mundo distinto y mejor al nuestro.

¿No es usted demasiado optimista?

Soy un optimista de libro.

¿Será por haber nacido en Telde?

[Risas] Pues no sé; quizá sí.

«Trump y Mamdani son la misma cara de una moneda»

Hablamos antes de las campañas de desinformación y quería preguntarle qué parte de responsabilidad le da a las redes sociales.

Es una cosa muy complicada. Complicadísima incluso de abordar porque no permite a los ciudadanos tener una visión objetiva y crítica sino al revés, una mirada polarizada por las nuevas tecnologías y los algoritmos que marcan los contenidos de las redes sociales, algo que te lleva a que escuches solo las ideas en las cuales crees, los conceptos con los que concuerdas y, por consiguiente, ya no estás expuesto a otras ideas distintas o a permitir y respetar que alguien sea capaz de exponer una visión distinta a la tuya. Y a eso añádale el papel de los medios de comunicación...

¿A qué se refiere?

A que han defenestrado la palabra para cumplir sus objetivos de vender.

Bueno, habrá de todo ¿no?

Por supuesto que sí, pero muchos se dedican a publicar mentiras que los lectores asumen como ciertas.

¿Habrá que enseñarles la importancia de conocer esa fuente de información? Se lo digo porque hoy con 100 euros cualquiera se compra un dominio web, una plantilla de periódico y empieza a publicar barbaridades o se abre un canal de YouTube y lo mismo, pero esa no es la realidad de los medios de comunicación serios.

Claro, claro... Pero fíjese en Estados Unidos, con la CNN escorada a la izquierda y Fox hacia la derecha. Y lo hacen porque le hablan a sus bases, a sus telespectadores. No hablan con nadie ni para nadie más. Entonces claro, les cuentan lo que quieren oír. Esto es una receta desastrosa.

Hablamos antes de las ideas ultras y es obligatorio preguntarle si cree que Zohran Mamdani, el nuevo alcalde de Nueva York, es la mejor respuesta del Partido Demócrata para hacer frente Donald Trump. ¿Ese es el camino?

Todos los extremos son malos y considero que tanto Donald Trump como Zohran Mamdani son la misma cara de la moneda en el sentido de que uno se va a la extrema derecha y otro tira hacia la extrema izquierda. Los dos obedecen a lo que hablábamos anteriormente sobre la decepción enorme que tiene un grandísimo segmento de la población con los políticos y los partidos tradicionales, lo que provoca que estén dispuestos a darle un voto a cualquiera que venga vendiendo soluciones a sus problemas o que digan que tiene la llave para arreglarlos. Mamdani, a mí personalmente, también me parece que es muy poco realista. Yo echo de menos una época donde la gente sea moderada.

¿Entonces no cree que sea el futuro del partido Demócrata?

Es que sus propuestas también son populistas; me atrevería a decir incluso que se acercan más bien a ideales comunistas casi por las cosas que Mamdani ofrece o propone. Yo quiero pensar que el futuro del Partido Demócrata no es ese en absoluto sino una vía más moderada y cercana a toda la población.

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