¿Por qué se llama así Telde?
Antes de la conquista castellana, Telde era un núcleo político y religioso de Gran Canaria. Su nombre ha perdurado, pero su significado sigue sin aclararse.

Fotografía de la carretera de Telde en 1925. / Fedac

Con Telde hemos topado. Muchos topónimos en Canarias se alteraron con el tiempo, cambiaron de forma o se acomodaron al castellano. Telde no siguió ese camino. Ha llegado hasta hoy con una forma muy cercana a la que pronunciaban los primeros habitantes de la isla, o eso apuntan los estudios.
Tras la muerte del guanarteme Artemi Semidán, la administración de los antiguos isleños se dividió en dos; sus hijos repartieron la isla entre Agáldar y Telde, los dos grandes centros de poder, según relatan los cronistas castellanos.
Aunque Telde llegó a tener su propio guanarteme cuando fue independiente, en tiempos de la conquista el poder lo ejercía el faycán, autoridad religiosa que en ese momento también gobernaba el territorio. De ahí que la ciudad se conozca como la Ciudad de los Faicanes.
Los frailes mallorquines
Mucho antes de que los europeos llegaran para quedarse, Telde ya había tenido su primer contacto con ellos. El enigmático cronista Abreu Galindo escribió que, un siglo antes de la conquista, unos frailes mallorquines habían intentado fundar allí el primer obispado de Canarias, autorizado por el papa Clemente VI en 1351. Aquellos misioneros acabaron arrojados por la Sima de Jinámar, un episodio que convirtió a Telde en uno de los primeros escenarios de choque entre los europeos y los antiguos canarios.
Poco después, la palabra Telde aparecería por primera vez en Le Canarien, la crónica de unos religiosos franceses que acompañaron a Jean de Bethencourt en la conquista de las islas, a comienzos del siglo XV, al servicio de la Corona de Castilla.
En esas páginas describen a Telde como «una buena ciudad abierta, atravesada por un río y situada a media legua del mar». Los cronistas la tratan como una ciudad, mientras que los asentamientos de Lanzarote o Fuerteventura aparecen como simples pueblos. Es, de hecho, el lugar más citado de Gran Canaria en toda la crónica. Aquellos religiosos franceses, acostumbrados a las villas medievales europeas, reconocieron en Telde un centro urbano distinto, tan destacado que lo catalogaron como ciudad, con todo lo que eso implicaba.

Vista aérea de Telde en 1940. / Fedac
Con los castellanos ya asentados en Gran Canaria, el ingeniero Leonardo Torriani escribió que era «la ciudad mayor de todas», aunque reconocía que no pasaba de trescientas casas por entonces. Hoy, en cambio, Telde es el segundo municipio más poblado de la isla, con más de cien mil habitantes, y el cuarto de todo el archipiélago.
Bien poblado desde que se conoce, y conocido siempre por el mismo nombre —casi sin cambios—, resulta irónico que apenas se sepa qué significa Telde o que existan tantas teorías en disputa. El filólogo Maximiano Trapero las analiza en su Diccionario de Toponimia de Canarias, donde explora el origen y la evolución de los llamados guanchismos: nombres y palabras de raíz aborigen que han sobrevivido hasta nuestros días.
El misterio del nombre
Entre esas teorías, la más repetida en la tradición local sostiene que Telde significaría «tierra rica en higueras» o simplemente «zona fértil», una idea que encajaría con la imagen que los cronistas han dado de la zona a lo largo de los siglos. Trapero, sin embargo, aclara que ninguna de esas interpretaciones tiene base lingüística.
También se han buscado paralelos fuera de Canarias. En el sur de Marruecos, cerca de Agadir, existe un lugar llamado Telde o Tildi, citado ya por Abreu Galindo y confirmado después por investigadores como Abrahan Loutf y Ahmed Sabir. La coincidencia sugiere un posible vínculo lingüístico entre ambos topónimos, aunque su significado siga sin aclararse.
Algunos autores antiguos incluso afirmaron que Telde quería decir «fortaleza» y que de ahí derivaba el nombre del Teide, hipótesis que Trapero descarta por completo. Más sugerente resulta la idea de Loutf, quien propone un origen bereber: la t- inicial marcaría el femenino y el elemento -elde se asemejaría a aydi, «perro»; Telde significaría, así, «lugar de perros». Trapero reconoce que la conexión con el Teide quizá sea solo fonética, pero ve innegable el parentesco expresivo entre ambos nombres.
Ninguna de estas hipótesis pasa de ser eso, simples conjeturas. Lo que sí parece indiscutible es que el nombre existía mucho antes de la llegada de los castellanos, uno de los topónimos más antiguos y claros de Canarias —o al menos así lo afirmaban los cronistas—, y que ha llegado hasta hoy casi intacto.
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