Telde
Alina Elena Ramaru, cónsul honoraria de Rumanía en Canarias: «Los rumanos se fijan en Gran Canaria para un turismo seguro»
Ramaru, jurista formada en Derecho, es cónsul honoraria de Rumanía en Canarias. Desde su sede en Telde, acompaña a la comunidad y ha centrado su tesis doctoral en la violencia de género con elemento extranjero

Alina Elena Ramaru, cónsul honoraria de Rumanía en Canarias. / Andrés Cruz

Llegó a Canarias desde Rumanía y acabó construyendo en la Isla una vida profesional, institucional y personal. ¿Qué recuerda de sus primeros años en Gran Canaria?
Llevo 23 años viviendo en España, la mayor parte de ellos en Canarias. Recuerdo mis primeros años con muchísima ilusión pero también con incertidumbre y esfuerzo. Para mí supuso, en muchos sentidos, empezar de nuevo: tuve que volver a realizar el Grado en Derecho para poder avanzar en el proceso de homologación, adaptarme a una nueva cultura y construir desde cero una nueva red personal y profesional. A pesar de esos retos siempre me sentí muy bien acogida. Canarias me ofreció un entorno humano cercano, que poco a poco hizo que este territorio pudiera convertirse también en mi casa. Con el tiempo, de una forma muy natural, pasé de sentirme extranjera a vivir una etapa en la que ya no sabía si era de aquí o de allí. Finalmente, comprendí que no tenía por qué elegir: pertenezco a ambos lugares.
Es cónsul honoraria, abogada, profesora vinculada al ámbito jurídico y figura activista de la comunidad rumana. ¿Cuál de estos papeles la define más en su día a día?
Aunque en cada momento separo mis funciones según el registro que corresponde, internamente no las vivo como ámbitos separados. Todas tienen un hilo común: mi trabajo consiste, en esencia, en ofrecer un servicio a las personas desde el Derecho, la mediación y la responsabilidad institucional. Si tuviera que elegir una idea que me define, diría que es la de ser un puente: un puente entre países, instituciones y personas que necesitan acompañamiento, orientación y apoyo en momentos importantes de sus vidas.
¿Qué fue lo más difícil de integrarse en Canarias: el idioma, la burocracia, el trabajo, la distancia familiar o sentirse extranjera?
Probablemente no fue una sola dificultad, sino la suma de muchas pequeñas barreras. La primera fue el idioma. Aunque ya tenía algunos conocimientos de español, seguía siendo un reto expresarme con seguridad y desenvolverme en un entorno nuevo. También estuvo la burocracia, especialmente hace más de 20 años, cuando Rumanía aún no formaba parte de la Unión Europea. A eso se sumaba la necesidad, que muchas veces sentimos tanto las mujeres como las personas extranjeras, de demostrar constantemente nuestra valía en un nuevo contexto. Y, por supuesto, está ese sentimiento de extranjería que te acompaña durante un tiempo: la búsqueda de tu lugar en un nuevo país, intentando integrarte sin renunciar a tus raíces ni a tu identidad. Con el tiempo, muchas cosas se superan y uno aprende a vivir entre dos culturas. Sin embargo, diría que la distancia familiar es aquello a lo que nunca terminas de acostumbrarte del todo.

Alina Elena Ramaru, cónsul honoraria de Rumanía en Canarias / Andrés Cruz
Estudió Derecho en Bucarest, Derecho Europeo en París y después desarrolló su carrera en España. ¿Cómo cambia la mirada jurídica al formarse en varios países?
Esa experiencia hace que tu mirada sea más amplia y menos rígida. Comprendes que el Derecho no es solo un conjunto de normas, sino también una cultura jurídica, una historia institucional y una forma concreta de entender la convivencia. También creo que formarse en varios países, con sistemas educativos distintos y maneras diferentes de impartir la docencia, ayuda a comparar modelos, a entender otras perspectivas y a buscar soluciones más humanas y eficaces.
«Ha aumentado el interés de los rumanos por el emprendimiento en Canarias»
¿Sigue creyendo en la justicia con la misma intensidad que cuando empezó?
Esta es una pregunta muy interesante. Recuerdo que hace años en un conocido programa de televisión, a un fiscal muy reconocido le preguntaron si la justicia era igual para todos. Le pidieron que respondiera con una sola palabra, de modo que parecía que la respuesta debía ser simplemente sí o no. Sin embargo, él respondió: debería. Aquella respuesta me hizo reflexionar mucho y me ha acompañado durante años. Creo que resume muy bien la tensión que existe entre el ideal de justicia y la realidad del sistema. Yo sigo creyendo profundamente en la justicia, pero con una mirada más realista. Con el tiempo y la experiencia profesional, comprendes que el sistema es complejo y que intervienen muchos factores.
¿Cuáles son las consultas más habituales de la comunidad rumana en Canarias?
Principalmente recibo consultas relacionadas con trámites de documentación que, como cónsul honoraria, no puedo resolver directamente, pero sí puedo orientar. También son frecuentes las cuestiones vinculadas con el Registro Civil, la nacionalidad y otros procedimientos administrativos. En los últimos tiempos se percibe, además, cierta impaciencia e interés en torno a la posibilidad de un futuro convenio de doble nacionalidad, así como consultas relacionadas con asuntos laborales y familiares. Por otro lado, en los últimos años ha aumentado el interés por las ventajas fiscales y las oportunidades de negocio que ofrecen las islas. También recibimos cada vez más consultas de personas vinculadas al emprendimiento, a nuevas formas de trabajo y a perfiles como los nómadas digitales, que ven en Canarias un lugar atractivo para desarrollar su actividad profesional y personal.
«España tiene uno de los marcos más avanzados para ayudar a víctimas de violencia de género»
¿Cómo describiría a la comunidad rumana que vive en Canarias. ¿Está suficientemente integrada o sigue existiendo una comunidad invisible?
Es una comunidad diversa y cada vez más profesionalizada en muchos ámbitos. No hablamos únicamente de aquella parte de la comunidad rumana que llegó hace más de 20 años vinculada principalmente a sectores como la hostelería o la agricultura. Hoy existe una integración real, con personas formadas y profesionales presentes en áreas muy distintas. Sin embargo, muchas veces esa presencia no es suficientemente visible. Esto hace que, en ocasiones, no se perciba con claridad la aportación de la comunidad rumana a la sociedad canaria, a pesar de que está presente en sectores clave como el ámbito académico, cultural, empresarial, sanitario, jurídico o institucional. Pero, por regla general, diría que es una comunidad discreta.
El buque escuela Mircea, en La Luz hasta el domingo
El 'Mircea', buque escuela de la Armada de Rumanía, abre sus puertas en el Muelle Sanapú antes de partir hacia el continente americano junto al 'Gorch Fock'. El velero de tres mástiles y casi un siglo de historia se halla inmerso en una travesía de 153 días para encontrarse con sus tres barcos hermanos en Estados Unidos. El buque se podrá visitar hasta este domingo de 10:00 a 13:00 y de 15:00 a 18:00 horas.
¿Qué imagen de Canarias se tiene en Rumanía?
Muchas personas rumanas asocian Canarias y Gran Canaria con el turismo: con un lugar maravilloso, exótico, atractivo y seguro para visitar. Quienes viven aquí, sin embargo, descubren una realidad más profunda: una sociedad diversa, acogedora, pero también con sus propias dificultades y retos, como cualquier otro territorio. En el ámbito turístico hay que destacar que en los últimos años la existencia de vuelos directos desde Tenerife y Gran Canaria a Bucarest todos los días de la semana, ha impulsado mucho el turismo en ambos sentidos. Esto ha facilitado no solo que más rumanos visiten Canarias, sino también que más residentes en las islas viajen a Rumanía. Los turistas rumanos que han llegado a Canarias mediante vuelos directos superan los 50.000, aunque probablemente la cifra real sea mayor si tenemos en cuenta a quienes llegan con escalas o desde otros países europeos. Esto demuestra que existe un vínculo cada vez más dinámico entre Rumanía y Canarias, no solo desde el punto de vista migratorio, sino también turístico, económico y cultural.
Además, también cuenta con una tesis doctoral sobre la violencia de género. ¿En qué se parece y diferencia este tipo de violencia en Canarias y Rumanía?
Hay que partir de la base de que estamos hablando de una línea infranqueable para cualquier Estado de derecho, tanto en España como en Rumanía, en lo que respecta a la violencia de género. Al fin y al cabo hay un elemento universal: nace de relaciones de poder, de control y de desigualdad. En su existencia, e incluso en la forma en que se manifiesta hay similitudes. La diferencia, diría yo, está más en el contexto social. A nivel legal Rumanía ha hecho muchos avances, pero todavía queda camino por recorrer en la visibilidad del problema, en el acceso a los recursos disponibles y en la confianza de las víctimas en las instituciones. España cuenta con uno de los marcos más avanzados de Europa en legislación, sensibilización y recursos de protección. Rumanía, en cambio, aún debe luchar contra ciertos silencios sociales y culturales. Aun así ha dado pasos importantes, como la aprobación de la ley del feminicidio, que lo castiga de forma agravada tanto dentro como fuera del ámbito de la pareja.

Alina Elena Ramaru. / Andrés Cruz
¿Ha sentido alguna vez que tenía que demostrar el doble por ser una cónsul mujer, extranjera y rumana?
Tengo que reconocer que sí, en algunos momentos lo he sentido. No necesariamente por una discriminación explícita, pero sí por expectativas, prejuicios o dudas que una misma percibe. Ser mujer, extranjera y rumana me obligó, desde mi experiencia personal, a ser más constante, más prudente y más rigurosa. Con el tiempo entendí que esa vivencia también podía convertirse en una fortaleza.
Usted que trabaja con personas migrantes. ¿Cree que existe una hipocrecía no solo en Canarias, sino también en Europa con la migración: necesitamos mano de obra extranjera pero al mismo tiempo rechazamos al migrante?
Más que hablar de hipocresía, creo que es una tensión estructural que afecta a muchas sociedades europeas. Por un lado, existe una necesidad real de mano de obra en determinados sectores; por otro, persisten reticencias culturales, sociales y económicas hacia la migración. También conviene recordar que Europa no solo ha sido territorio de acogida, sino también de salida: hace décadas muchos españoles emigraron a países como Suiza en busca de oportunidades. Esa memoria histórica ayuda a relativizar ciertos discursos y a entender que la migración forma parte de la evolución de cualquier país. En la práctica, cuando hay información y las instituciones acompañan, sí hay integración. Las personas migrantes contribuyen al tejido económico y, en el caso de los rumanos en España, su aportación a la Seguridad Social demuestra que la migración no solo es necesaria, sino también valiosa.
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