Ciencia y Sociedad
El clima extremo dispara los precios de los alimentos
Un estudio global alerta sobre el impacto del cambio climático en los precios de los alimentos

Países de todo el mundo sufren subidas de precios de alimentos básicos como consecuencia del clima extremo. / Crédito: dbreen en Pixabay.
Redacción T21
Un equipo internacional de científicos con participación española concluye que alimentos como las patatas británicas, las verduras de California, el maíz sudafricano o las cebollas indias son solo algunos ejemplos de los productos afectados recientemente por importantes subidas de precios, provocadas por fenómenos meteorológicos extremos relacionados al cambio climático.
Un estudio publicado en la revista Environmental Research Letters, elaborado por un equipo de investigadores de todo el mundo y liderazgo por Maximillian Kotz, del Barcelona Supercomputing Center, en España, revela cómo 16 episodios de calor extremo, sequías e inundaciones ocurridos entre 2022 y 2024 provocaron saltos bruscos en los precios mayoristas de productos básicos.
El análisis comparó condiciones meteorológicas “fuera de lo normal”, claramente relacionadas con las consecuencias del cambio climático de raíz antropogénica, con las variaciones en índices de precios de alimentos de 18 países, estableciendo vínculos directos entre eventos como olas de calor en África Occidental o lluvias torrenciales en Asia y alzas de hasta el 300% en insumos como el cacao o la lechuga, por ejemplo.
Ejemplos concretos
Algunos casos emblemáticos de encarecimiento son el cacao, cuyas cotizaciones mundiales se dispararon un 280% en abril de 2024 tras la ola de calor en Costa de Marfil y Ghana, o las verduras de Estados Unidos, con precios de hortalizas que subieron un 80% en California y Arizona luego de la sequía y el calor extremo del verano de 2022.
El aceite de oliva, en tanto, se comercializó un 50% más caro en Europa a comienzos de 2024, tras la prolongada sequía entre 2022 y 2023 en España e Italia. En Japón, el arroz registró un alza del 48% en septiembre de 2024, después de un récord de temperaturas estivales. En India, las patatas y cebollas registraron incrementos de hasta el 81% a principios de 2024, tras la ola de calor primaveral del año pasado.
Según indica el Wall Street Journal, estos aumentos de precios, muchos directamente atribuidos a la intensificación del cambio climático, presionan la inflación global y podrían desencadenar inestabilidad política y social. En ese sentido, las variaciones de temperatura y precipitaciones extraordinarias han encarecido cultivos, insumos energéticos y transportes asociados a la cadena de suministro alimentario.
Desde otra perspectiva, The Guardian informa que estos encarecimientos golpean con especial dureza a los hogares de menores ingresos, donde la alimentación representa una proporción significativa del presupuesto familiar. Entre 2022 y 2023, el alza en los precios de frutas y hortalizas forzó recortes en dietas ya precarias.
Inseguridad alimentaria, precios en alza y cambio climático
Este escenario incrementa riesgos de malnutrición infantil y desarrollo de enfermedades crónicas, como la diabetes de tipo 2: más de 733 millones de personas ya vivían en inseguridad alimentaria antes de estos cambios en los precios, siendo mujeres y niños quienes soportan la carga más pesada.
Por otro lado, un artículo del Financial Times explica que los bancos centrales, entre ellos la Reserva Federal estadounidense y el Banco Central Europeo, reconocen que la nueva volatilidad de los precios de alimentos complica sus objetivos de control de inflación. Estos organismos advierten que episodios extremos, cada vez más frecuentes y severos, amenazan la estabilidad monetaria y pueden influir en resultados electorales, tal como ocurrió durante 2024 y 2025.
Referencia
Climate extremes, food price spikes, and their wider societal risks. Maximilian Kotz et al. Environmental Research Letters (2025). DOI:https://www.doi.org/10.1088/1748-9326/ade45f
Frente a esta realidad, los expertos coinciden en que es urgente reducir drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero, para frenar el aumento de la frecuencia e intensidad de eventos climáticos extremos. También es crucial invertir en infraestructuras agrícolas resilientes, como aquellas que facilitan un riego inteligente y el cultivo de variedades tolerantes a sequías y temperaturas elevadas.
Además, la promoción de sistemas de alerta temprana que conecten datos climáticos con mercados agrícolas puede amortiguar fluctuaciones bruscas de precios. En cualquier caso, la interdependencia entre clima y seguridad alimentaria exige una acción coordinada y urgente: de lo contrario, los precios seguirán subiendo y el tejido social continuará resquebrajándose.
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