Energía / Desarrollo Sostenible
Las baterías de arena podrían calefaccionar las ciudades del futuro
La arena caliente es el eje de un sistema de almacenamiento de energía térmica con el potencial de reducir las emisiones contaminantes

La nueva batería de arena instalada en Pornainen, un pequeño municipio del sur de Finlandia. / Crédito: Polar Night Energy.
Pablo Javier Piacente / T21
Los ingenieros crearon una batería de arena que reducirá en un 70 % las emisiones de carbono en Pornainen, una pequeña ciudad de Finlandia, utilizando energías renovables para calentar la arena a más de 537 grados Celsius.
Un silo industrial, que se alza a 13 metros de altura pero no alberga granos en su interior sino arena, se ha convertido en la primera "batería de arena" a gran escala del mundo. Se trata de un sistema de almacenamiento de energía térmica que promete reducir drásticamente las emisiones de carbono y ofrecer una solución sostenible para la climatización.
Se ubica en Pornainen, una pequeña municipalidad del sur de Finlandia: esta solución energética, que podría transformar la calefacción urbana, fue desarrollada por la firma Polar Night Energy. El sistema aprovecha electricidad renovable excedente, procedente de parques eólicos y paneles solares, para calentar grandes volúmenes de arena a temperaturas muy elevadas y conservar ese calor hasta que la red lo necesite.
Almacenamiento energético sostenible y eficiente
El diseño consiste en un contenedor metálico fuertemente aislado relleno de arena y con una red de tuberías internas por las que circula un fluido caloportador. Cuando hay excedentes de energía renovable, se bombea calor hacia el interior. Cuando sube la demanda, se extrae la energía térmica haciendo pasar aire frío por las tuberías y recuperando calor en forma de agua caliente o vapor que alimenta la red de calefacción urbana.
Según informa Polar Night Energy, este mecanismo permite almacenar energía térmica durante meses con pérdidas contenidas. Los responsables del proyecto indican que la instalación puede alcanzar potencias térmicas de varios megavatios y calentar la arena por encima de 500 °C durante las fases de carga, algo que posibilita conservar la energía con eficiencia.
Gracias a este sistema, se espera reducir las emisiones de carbono del municipio en torno a un 70 %, al sustituir calderas que consumen combustibles fósiles por calor almacenado y generado con fuentes limpias. Además, la arena es un material barato, abundante y estable a altas temperaturas, favoreciendo la durabilidad del sistema.
De acuerdo a un artículo publicado en Live Science, la tecnología plantea igualmente una serie de retos técnicos y económicos. La inversión inicial puede ser elevada, por la necesidad de materiales metálicos y de aislamiento eficientes. La eficiencia depende asimismo del diseño del intercambiador y de la relación entre porosidad y flujo de aire dentro de la arena.
Desafíos y ventajas
Expertos señalan que adaptar el concepto a contextos urbanos densos o a instalaciones domésticas exigirá optimizar costes y reducir la dependencia de componentes onerosos. Sin embargo, su ventaja competitiva frente a otras alternativas reside en la sencillez, la escalabilidad y la posibilidad de convertir excedentes renovables intermitentes en calor útil y disponible en todo momento, siempre que la demanda lo requiera.
Regiones con abundante energía eólica o solar y fuertes demandas de calefacción, como el norte de Europa o partes de Canadá, podrían beneficiarse especialmente de esta solución. Si el prototipo demuestra ser operativo y rentable, la tecnología podría replicarse en otras ciudades frías, reduciendo costes energéticos y emisiones en pocos años.
Hasta el momento, los habitantes de Pornainen han reaccionado mayoritariamente con interés por el potencial ecológico y económico: el proyecto crea empleo local y su integración con las redes de calefacción distritales existentes podría maximizar la eficiencia y el ahorro, siempre que los datos operativos confirmen su viabilidad en un periodo razonable.
Vale destacar que, a diferencia de las baterías químicas tradicionales que dependen de minerales como el litio y el cobalto, la arena es un recurso abundante y asequible. Además, el sistema de almacenamiento térmico tiene una larga vida útil y no genera residuos tóxicos, ubicándose como una alternativa más sostenible y escalable a largo plazo.
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