Biología
La evolución es, también, una cuestión de pura ingeniería
Las tensiones mecánicas pueden forzar la aparición de nuevas estructuras biológicas

Las tensiones mecánicas también moldean la vida: en la evolución, un mismo problema físico puede dar lugar a soluciones biológicas distintas. / ChatGPT/T21
Las fuerzas físicas son un motor de la evolución tan poderoso como la propia genética: en la mosca de la fruta, un mismo problema mecánico dio lugar a dos soluciones biológicas completamente diferentes.
La evolución de los seres vivos suele entenderse como un proceso guiado por la genética. Sin embargo, dos estudios recientes, publicados de manera simultánea en la revista Nature, revelan que las leyes de la física, en particular las fuerzas mecánicas, desempeñan un papel inesperado como motor evolutivo.
Ambas investigaciones, aunque independientes, llegaron a una conclusión similar al analizar cómo los embriones de diferentes especies de moscas resuelven un mismo problema físico, demostrando que no todo es cuestión de genes.
El surco cefálico, un amortiguador evolutivo
El primer estudio fue un trabajo colaborativo dentro del Instituto Max Planck de Biología Celular Molecular y Genética liderado por el grupo experimental de Pavel Tomancak y el grupo de física teórica de Carl Modes. Su investigación se centró en la mosca de la fruta (Drosophila melanogaster) para resolver el misterio de una estructura temporal en el embrión conocida como surco cefálico: un pliegue transitorio que aparece y desaparece sin dejar rastro aparente.
Durante el desarrollo embrionario, los tejidos se mueven y reorganizan, generando una intensa presión mecánica. Combinando experimentos de laboratorio con sofisticadas simulaciones por ordenador, los investigadores demostraron que el surco cefálico funciona como un ingenioso amortiguador que absorbe esta tensión, evitando que el embrión se deforme o colapse. Su función es puramente física.
La investigación concluyó que este pliegue representa una solución evolutiva a un problema mecánico. La presión selectiva no fue un depredador o un cambio ambiental, sino la propia tensión física interna del desarrollo.
Referencias
- Divergent evolutionary strategies pre-empt tissue collision in gastrulation. Bipasha Dey et al. Nature (2025). DOI:https://doi.org/10.1038/s41586-025-09447-4
- Patterned invagination prevents mechanical instability during gastrulation. Bruno C. Vellutini et al. Nature (2025). DOI:https://doi.org/10.1038/s41586-025-09480-3
Una estrategia alternativa
Paralelamente, el segundo estudio fue dirigido por los investigadores Steffen Lemke y Yu-Chiun Wang, entre otros. Su trabajo analizó otras especies de moscas que, a diferencia de la mosca de la fruta, no desarrollan el surco cefálico y, sin embargo, sus embriones no colapsan. Su investigación se planteó una pregunta clave: si el surco es tan vital, ¿cómo sobreviven estas otras especies sin él?
La respuesta: estas moscas sin surco cefálico han desarrollado una estrategia evolutiva completamente diferente para resolver el mismo problema de tensión mecánica. En lugar de crear un pliegue que absorbe la presión, sus células embrionarias se dividen y se mueven de una manera distinta, orientando sus invaginaciones de forma que la compresión en el tejido se reduce de manera natural. Es decir, encontramos una solución alternativa al mismo desafío físico.
Dos caminos, un mismo motor evolutivo
La verdadera fuerza de estos hallazgos reside en su conjunto. Al publicarse juntas, estas dos investigaciones demuestran que un problema físico puede actuar como una poderosa fuerza evolutiva, impulsando la aparición de soluciones biológicas diversas. Mientras un linaje de moscas "inventó" un amortiguador estructural (el surco), otro linaje modificó el comportamiento celular para evitar la presión desde el origen.
Ambos trabajos nos enseñan que las soluciones a los desafíos de la vida no solo se escriben en el código genético, sino también en las leyes de la física.
La genética proporciona las herramientas, pero las fuerzas mecánicas pueden dictar las reglas del juego, actuando como una arquitecta invisible que moldea la forma y la función de los seres vivos desde las primeras etapas de su desarrollo.
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