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El gol

El gol

El gol

Esto de los goles en el fútbol es algo tan fundamental que cualquier tuercebotas que no sabe hacer un mal regate ni enviar un buen pase, pero sí meter goles, pasa enseguida a fenómeno. Y tienen razón. El gol es el principal protagonista de un partido, salvo que alguna vez sea el árbitro quien, de forma involuntaria, le hurte el protagonismo.

Para los que no son puristas del football siempre tiene más influencia el gol del incansable y avispado correcaminos que busca y ajusta puntos de mira, que las mil hermosas jugadas del malabarista si no mueve el marcador que produce puntos.

Sabido eso pensamos que de todo eso tenemos en Canarias, porque ha habido, y aún queda -¡pues no faltaba más!- larga lista de jugadores, que suelen mezclar 'el suave pingueo' con la definitiva entrega y puñalada del gol como está mandado.

Quiero contarles la simpática anécdota de un futbolista que a cuenta de sus goles y también sus gambetas alcanzó honores en su vida deportiva canaria y nacional. Le conocí de niño por las cercanías de nuestro campo de tiro de pichón, del que solo queda el esqueleto en Guanarteme -junto al acantilado de hermoso Miramar a sus pies-. Él, además de futbolista, era seguidor de las palomas. No de las del tiro, sino las sorprendentes mensajeras para las que tenía palomar.

Uno de sus amigos, también con palomar, cosa muy corriente no hace mucho, tenía un casar por el que soñaba. Le gustaba tanto al deportista goleador que anduvo pidiéndolo al amigo regalado, comprado, prestado... Como fuera ¡Todo inútil!

Pero el amigo, que además de palomero era empedernido seguidor del fútbol, se le acercó en vísperas de un importante partido incitándole a la victoria. Le entusiasmaba para ello, le alentaba, y tan fuerte era su interés de ganarle al equipo rival de aquel día que le llegó a decir: "Mira, tú eres goleador y tienes que marcar". "Bueeeno... Vamos a ver", contestaba displicente el futbolista tranquilón. "¡Vamos a ver no, coño!, ¡tienes que marcar¡ Y... ¿sabes una cosa?", acabó prometiendo. "Si mañana marcas te regalo el casar que tanto quieres ¿vale?" "De acuerdo, conforme", repuso el jugador, quien desde aquel momento quedó como con el alma en un puño, igual que al día siguiente, con el partido cero a cero y cada vez con menos tiempo, hasta que ¡por fin! llegó a conectar el tiro que mandó el balón a la red, desatando con ello una marea de saltos, gritos, y aplausos, así como su extraña celebración señalando de forma loca a alguien de lo alto de la grada al tiempo que aleteaba los brazos como quien vuela para que aquel lo viera ¡Qué número!

Bueno, pues sepan que; quien consiguió aquel gol fue Germán ; el cristiano señalado en la grada era su amigo seguidor y palomero; y el aleteo volador del propio futbolista era el recordatorio de que aquel casar ya era suyo. Había marcado. Viene a ser uno de los muchos goles que, entre otras cosas, le han llevado a ser el Presidente de Honor de la Unión Deportiva Las Palmas.

No recuerdo si el gol fue importante para la clasificación del equipo de fútbol, pero sí intuyo que gestados bajo el plumaje de aquel bonito casar de la anécdota habrán salido otros pichones con los que ganar importantes sueltas de inverosímiles recorridos mensajeros.

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