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Volver a Primera es jugar en la Catedral

La UD, en su primera visita al nuevo San Mamés, se da un homenaje en un estadio espectacular

Viera, dos disparos y una acción maldita,  controla el balón ante Williams.

Viera, dos disparos y una acción maldita, controla el balón ante Williams.

No se regresa a Primera División sin jugar en la Catedral ante el Athletic Club. Y anoche, tras trece años de exilio fuera de la élite, la Unión Deportiva Las Palmas volvió a Bilbao para hacer realidad esa máxima y comparecer -por primera en su historia- en el nuevo San Mamés. La cita, fechada el 3 de enero de 2016, ya forma parte de la leyenda que el club grancanario ha dibujado con sencillez y buen juego desde su fundación en 1949: ante el rival con el que ha disputado más partidos en la máxima categoría -por obra y gracia de aquella temporada con playoff en la Liga y en la que ambos conjuntos se cruzaron para eludir el descenso en una última fase-, el equipo amarillo dejó cualquier tipo de complejo en el guardarropa del vestuario y firmó un empate que, ahora sí, ya de manera definitiva, certifica que la UD está en Primera.

No es un asunto menor rascar un punto en el Botxo ante el Athletic. Y mucho menos hacerlo, tras más de una década alejado de los focos, en un estadio como el nuevo San Mamés. No hay, en toda España, un recinto como La Catedral. Cierto que no tiene la solera del Bernabéu, ni la purpurina del Camp Nou, ni la atmósfera del Calderón, el Sánchez Pizjuán o el Benito Villamarín, pero cuenta con una circunstancia que lo convierte en un lugar irresistible: está en el centro de Bilbao.

Al final de la calle Licenciado Poza, repleta de bares -con sus pintxos, sus variedades de txacoli y repletos de fotos históricas, bufandas, cuadros y banderas del Athletic- se levanta majestuoso el nuevo San Mamés, cubierto por unas escamas de cristal, planchas metálicas y una red de LEDS que, según avanza la noche, le dan un aire futurista -entre cambios de tonalidades al pie de la Ría y casi en el mismo lugar donde hasta hace apenas tres años estaba ubicada la vieja guarida del Athletic, justo donde tipos como Pichichi, Zarra, Iribar, Txetxu Rojo, Goikoetxea, Dani, Sarabia o Julen Guerrero dieron forma al mito de Los Leones.

La Catedral no es solo un estadio de fútbol; es todo lo que rodea San Mamés un día de partido. Y esa experiencia la disfrutaron ayer casi 200 aficionados de Las Palmas que, desde primera hora del domingo, dieron un tono amarillo a las calles de Bilbao. Cerca del estadio, por la calle Licenciado Poza y alrededores, se dejaron ver habituales del Estadio de Gran Canaria como Sergio Maccanti -que se ha recorrido media España detrás de Las Palmas con su inseparable bandera amarilla y azul-, varios miembros de la Peña Germán Dévora, el padre de Raúl Lizoain, José Artiles -futbolista de la UD que milita cedido en el Racing de Santander- o Javi Beirán e Ian O'Leary -jugadores del Iberostar Tenerife que defendieron los colores del Granca en el pasado-.

Dentro del nuevo San Mamés, la parroquia amarilla presente admiró una obra en la que se respetan dos detalles fundamentales del negocio: al fútbol y al espectador. El estadio del Athletic es una especie de templo en la que jugar mal debería ser pecado y donde todos los asientos tienen una buena panorámica del terreno de juego.

Buen gusto

El recinto, un proyecto del arquitecto César Azkarate, está concebido como un homenaje al Athletic Club donde imperan los colores rojo y blanco -incluso hasta en las tripas de la instalación, desde los tonos de las moquetas, las paredes o las luces- y señas de identidad como el escudo, Los Leones, la cantera, los títulos o los ídolos -el busto a Pichichi, donde los rivales que pisan por primera vez La Catedral realizan una ofrenda floral, está situado justo en la boca de salida de los vestuarios-.

El buen gusto marca la línea del nuevo San Mamés hasta en el más mínimo detalle. Desde la moderna tienda del Athletic hasta la inscripción del nombre del club en las butacas -elemento señalado por la mayoría de los aficionados amarillos y del que debió tomar buena nota Óliver Armas (mano derecha del consejero de Deportes del Cabildo) ante el proyecto que se lleva a cabo en el Estadio de Gran Canaria-.

Tan magnífico es el nuevo San Mamés, que los 200 aficionados de la UD, bajo el diluvio, tras el empate (2-2) lanzaron una declaración de intenciones: "el año que viene, volvemos otra vez".

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