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La contracrónica (28ª jornada)

Aprender a sufrir

La UD consigue su tercer triunfo consecutivo a costa de mantener su portería otra vez a cero

Montoro intenta frenar un pase en corto de Tomás Pina en El Madrigal.

Montoro intenta frenar un pase en corto de Tomás Pina en El Madrigal. EL LEVANTE

Además de su toque y virtuosismo con el balón, esta UD Las Palmas tiene otros registros. Ayer, en un partido sin continuidad y con alternancias en el dominio del balón, aprendió a vivir sin él. En la segunda mitad supo manejar el partido desde la defensa aguantando el chaparrón del Villarreal.

Hubo un momento en el partido en el que Marcelino García Toral, técnico del Villarreal, decidió ir a por todo. En el 70 de juego, aún con veinte minutos por delante, el entrenador asturiano, tras doblar la apuesta, se jugó el all-in. Tomás Pina abandonó el terreno de juego para dejarle sitio a Manu Trigueros. Un último cambio que mostraba un ataque de quilates para abordar la última media hora de duelo. Casi cinco hombres buscaban el gol en exclusiva: Leo Baptistao, Trigueros, Denis Suárez, Bakambu y Soldado. Era la disposición más ofensiva que podía enseñar el submarino amarillo, cuarto clasificado de la Liga BBVA, ese último lugar que da opción a jugar la Champions League.

Fue la ofensiva total. Los números que presentaba el Villarreal ayer, eran capaces de acongojar a cualquier equipo de la competición. Para empezar una racha de 14 partidos sin perder que mantenía a El Madrid a estar obligado a ganar. Dentro de ese montante de partidos sin perder destacaba un dato por encima de todos. El Villarreal, para poder mantenerse consistente en juego y resultados, echó el candado a su portería. Alphonse Areola llevaba seis partidos sin saber qué se sentía después de que perforasen su portería.

Ese síntoma que diagnostica equipos solventes en defensa lo muestra ahora la UD Las Palmas. Con el partido de ayer suma tres encuentros completos sin recibir un gol en su portería. El gol de Neymar en el minuto 39 de juego hace cuatro jornadas en el Gran Canaria fue el último gol que recibió la escuedra de Quique Setién. En total, 318 minutos sin tener que sacar un balón de su propia red. El acoso al que ayer estuvo sometida la UD Las Palmas en el tramo final de partido fue resuelto con una eficacia basada en indicios de concentración plena durante todo el partido. Algo que le valió para llevarse el botín de los tres puntos, hecho que hasta ayer solo había logrado el Celta en El Madrigal.

El arte de sufrir es algo que también se estila en el fútbol. La UD Las Palmas mostró en la primera parte su repertorio de virtudes con el balón. Domar el cuero ante el Villarreal, un equipo al que le gusta el contacto con el balón, es complicado. Las Palmas esperó el momento y consiguió hacerlo por tramos. Sin su hombre referencia en el centro del campo como es Roque Mesa y con la ausencia de Tana por lesión, la empresa se complicaba. Montoro fue el ancla y Momo se encargó, junto con Viera, de mover de un lado a otro el esférico, con triangulaciones de libro en cada palmo. El gol de David García obligó al Villarreal a intentar replicar en el área contraria, una cuestión que obligó a la UD a mutar. El premio, por entonces, estaba en el casillero insular; mantenerlo, era un reto mayúsculo para Las Palmas.

Si el centro del campo amarillo sonaba raro, la defensa no lo era menos. Mauricio Lemos se hizo con el hueco que dejó Aythami Artiles. El uruguayo jugó sus primeros minutos con la UD en su posición natural. Siempre como parche en el pivote, el futbolista del Rubin Kazán se mostró firme en la zaga. Solo tuvo un fallo notable, donde al medir mal un salto regaló un balón a Soldado que ni él esperaba. Fue la única que le dejó al internacional español. Porque el ex del Tottenham acabó desquiciado frente a la defensa amarilla.

El asedio y el balón rondando continuamente el área grancanaria no fue un problema para la UD. En su versión más práctica, el conjunto de Quique Setién se movió en bloque para sostener una renta que daba una victoria inesperada en las quinielas que arreglan las cuentas de la salvación. El sacrificio de la línea de volantes que trabajan por delante del pivote en cuestión -ayer Montoro- volvió a ser clave. Nili, hiperactivo en la primera media hora de partido en ataque, también se desfondó en defensa. Hombres como Momo, más virtuosos que físicos, tampoco dejaron de lado ese punto. Un mejunge que se completa con el nivel de Pedro Bigas, un partido más al alza. Cuando él está y sus cualidades se ponen al servicio de la UD, la seguridad defensiva del equipo sube.

Y así, resistiendo las embestidas de un equipo que aspira a dar guerra en la Europa League y jugar la Champions el próximo curso, la UD enseñó que, además de aprender a someter al rival con el balón, con Setién en el banquillo ha aprendido otras cosas. El valor de saber sufrir se convirtió en una asignatura que por ahora tiene superada la UD. Cuestión que, unida a esa pizca de suerte a la que aludió Setién en rueda de prensa, acabó con los tres puntos en la maleta de vuelta a Gran Canaria. La piña del final sobre el césped, es el reflejo del movimiento de la UD durante los 20 minutos en Villarreal. Tres puntos y una salvación cada vez más real.

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