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El reportaje

El ocaso del último ídolo

Sergio Araujo, uno de los grandes artífices del salto de la UD a Primera en 2015, tiene su futuro inmediato lejos de Gran Canaria

Araujo, junto con su abogado Lino Chaparro en septiembre durante el juicio rápido por desobediencia a la autoridad.

Araujo, junto con su abogado Lino Chaparro en septiembre durante el juicio rápido por desobediencia a la autoridad. CURBELO

La UD Las Palmas estaba en depresión. Necesitaba motivos para volver a creer en ella misma y en el fútbol. Apenas un mes antes, la entidad había vivido el peor episodio de su historia reciente, insólito en el fútbol nacional. Con un ascenso frustrado por parte de su propia hinchada, el 22-J estaba muy reciente, demasiado para volver a ilusionarse con nada. Entonces llegó él para hacerlo. Ahora, camino de los dos años de aquel partido ante el Zaragoza que con su gol -el número 25 en aquella temporada-, la UD volvió a Primera División, Sergio Ezequiel Araujo tiene abierta de par en par la puerta del club amarillo.

Al estilo de esos niños prodigio televisivos que acaban como juguetes rotos, Sergio Araujo ha ido perdiendo el rumbo en la UD. Ahora después de 87 partidos y 32 goles anotados su futuro más próximo pasa lejos de Gran Canaria, donde poco a poco ha ido perdiendo su aureola de ídolo, marcado por asuntos extradeportivos que han mellado su rendimiento.

La llegada del delantero argentino supuso un antes y un después en el club amarillo. Tras años de búsqueda en el mercado y después de más fallos que ligeros aciertos, Las Palmas había dado con un delantero efectivo, con un referente y líder ofensivo para luchar por volver a la élite. Sus números y su anterior experiencia en España, de la mano del filial del FC Barcelona, no invitaban al optimismo más inmediato. Tampoco su última experiencia en Tigre, donde andaba cedido por el Boca Juniors, equipo en el que se formó y donde empezó a llamar la atención del fútbol.

Pronto Sergio Araujo empezó a demostrar su talento. Cayó de pie. En el primer partido en casa tras la tragedia del 22-J, el argentino maravilló con un par de tantos al Marítimo de Funchal. Lo demás vino solo: nueve goles en las primeras diez jornadas de Segunda División. La UD caminaba hacia la Primera al golpe de los goles de Araujo.

Trabajo de club

Parte de esa culpa no estaba solo en sus condiciones, sino también en la propia UD Las Palmas. El club amarillo sabía que la apuesta por Sergio Araujo era arriesgada. Por aquel entonces, el ariete tenía solo 22 años. Una de las mayores promesas de Boca se disolvía poco a poco. En Barcelona tuvo problemas de adaptación -con alguno más fuera de las canchas- que acabaron con Araujo de vuelta a Argentina, a pesar de que los catalanes se habían guardado una cláusula de traspaso en su cesión que rondaba los 15 millones de euros. Un precio que no estaba acorde al rendimiento ofrecido.

La UD observó de cerca y mimó al '10' amarillo para que no se repitiera la historia. Después de un seguimiento exhaustivo, los frutos llegaron. Araujo era el líder de un equipo que se rehizo de sus cenizas y volvió a la Primera División tras una promoción de infarto.

Los problemas para él empezaron ahí. Tras el verano de 2015, Sergio Araujo llegó fuera de forma. Su silueta se parecía poco a la del delantero letal que había maravillado un curso atrás. Con kilos de más y lejos de su mejor versión, Araujo seguía un año más en la UD después de que la entidad abonara los cerca de 3 millones de euros que costaba su pase. Todos confiaban en el Chino.

Tanto que la UD no se desprendió de él ni por los 13 millones de euros que ofreció el Palermo, una cifra que hubiera supuesto de lejos el traspaso más caro por un jugador amarillo. La UD apostó por él. Sin embargo, ni primero con Paco Herrera, ni después con Quique Setién, el argentino encontró su mejor versión, ésa que llevó a Las Palmas hasta la Primera. En la segunda vuelta del campeonato, Willian José, suplente al inicio del curso, ya le había comido el puesto.

En 2016 también llegaron sus primeros escándalos lejos del césped, donde su rendimiento ya había decrecido. La noche de la gran cabalgata del carnaval, Nauzet Alemán fue agredido en una discoteca capitalina; Sergio Araujo no pudo entrenar al día siguiente al encontrarse indispuesto por haber salido esa madrugada. El expediente para el argentino se resolvió con 10.000 euros de multa. Absuelto por el club, recibió otra oportunidad por parte del técnico Quique Setién y de Miguel Ángel Ramírez, presidente de la entidad.

La temporada acabó y Sergio Araujo cerró un curso mediocre, en comparación con sus últimas temporada: solo cinco goles y la sensación de que reconducir la situación iba a ser complicado.

En una muestra de compromiso con el club y consigo mismo, Araujo se tomó el verano más en serio. En 2016 llegó con ganas y la meta de volver a encandilar al Gran Canaria. En su mano, tatuada, está la fecha del ascenso. Pero no pudo.

Las buenas intenciones se desvanecieron pronto, marcado por su vida privada. Sergio Araujo ha recurrido una sentencia del Juzgado de lo Penal número 2 de Las Palmas de Gran Canaria donde se le piden 11 meses de prisión y la retirada dos años del carné de conducir. Todo después de negarse a pasar un test de alcoholemia requerido por la Guardia Civil sobre las 7.45 horas del pasado lunes 26 de septiembre. Una losa que no ha podido levantar esta temporada. Ahora el devenir de su talento apunta fuera de Siete Palmas.

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