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UD Las Palmas La contracrónica (33ª jornada)

Las tinieblas del partenón

Los errores del juez Munuera Montero diseñan un terremoto perfecto que aniquila a la UD

Marko Livaja pone la mano sobre el hombro de Munuera Montero, tras ver la cartulina roja, ante Theo (d). QUIQUE CURBELO

Terremoto Munuera Montero. La desconexión de la galaxia. Permanencia matemática con escándalo y bajo la dictadura del silencio. Historia del cortocircuito macabro en el partenón de Siete Palmas. La controvertida concesión del 1-1, obra de Ibai, por el colegiado andaluz, con el ariete Deyverson en posición dudosa, fue la guillotina de una UD carente de fantasía.

El décimo tanto del pichichi Kevin Prince Boateng (44'), tras un pase antológico de Tana, bajó el telón de un primer tanto plomizo. La propuesta industrial de Mauricio Pellegrino dejó sin espacios a los poetas isleños. La legión de Setién terminó con tres remates a portería (de los catorce completados) y finalizó con un solo 25% de precisión ante Pacheco. Con un 63% de posesión, el bloque isleño solo firmó tres saques de esquina -por los nueve del conjunto vitoriano-.

Con el dominio total del esférico [537 pases amarillos, con un 81% de precisión, por los 295 del Alavés], la UD saltó por los aires con el polémico tanto de Ibai. La acción resulta dantesca. Balón lateral del extremo Ibai -desde la izquierda-, que busca el remate de Deyverson. El delantero, en posición ilegal, hace el gesto de tocar el balón, ante un Raúl Lizoain que se queda petrificado. El asistente duda y el juez da el tanto. David García, capitán de la UD, Bigas, Macedo...Estalló la indignación. ¿Quién tiene razón?

Criterio diabólico

Con la ley en la mano, Deyverson, que no besa el esférico por centímetros, puede quedar legitimado. Queda en el aire la determinación, todo gira en las fantasías y sueños de Munuera Montero. Y en ese fragmento del pulso -minuto 60-, la UD se descompuso. Seísmo infernal en el partenón de Siete Palmas.

El tanto del Príncipe del Roque Nublo hizo justicia con los méritos contraídos por los soldados del estratega de seda Setién. Con Jesé y Halilovic en el once inicial [ante las ausencias por molestias de Jonathan Viera y Vicente Gómez], Montoro se hizo con el timón.

Músculo y madurez como primera medida de urgencia tras el hundimiento en San Mamés (5-1), en la penúltima jornada liguera, el Viernes Santo más negro de la historia. Tana y Prince fueron las piezas más adelantadas. Había que domar a la bestia del Alavés, la gran sensación del campeonato y finalista de la Copa del Rey.

Quedaron señalados por la 'manita' en el platillo volante de Bilbao ante los de Ernesto Valverde, el zaguero uruguayo Lemos -suplente- y Mateo García -que pasó de titular ante los leones a quedarse fuera de la lista-. Regresó Benito a una relación, y contó con minutos (14'), en un movimiento histórico en la 'era Setién'. El extremo de La Aldea es el segundo mimbre de la factoría de Siete Palmas que alcanza el estreno [lo hizo ante el Dépor, el pasado enero], pero el primero en un pulso de impacto. El anterior inquilino para la gloria fue Jeremi, que besó el debut en la ida de los octavos de final de Copa del Rey en Ipurúa.

Pero el aldeano pasó de su testimonial aportación ante el Dépor (sesenta segundos), a gozar del rol de estrella. Brindó un pase de oro a Jesé, en la acción que generó la enésima polémica. Big Flow fue derribado en el área de Pacheco, cuando estaba listo para el remate. Era el último segundo, y Munuera Montero pitó el fin del suplicio.

En ese arranque de furia, con las entradas de Hernán Santana -estuvo sublime- y Benito Ramírez -por fin un platanito se viste de protagonista con el estratega de seda-, tuvo que aparecer Marko Livaja para multiplicar el caos. Cuando solo sumaba cuatro minutos en el verde, firmó una entrada evitable sobre el timonero Llorente.

En inferioridad, la UD se mantuvo por coraje y coqueteó con la victoria ante Pacheco. Pero faltó la fantasía de Jonathan Viera. Solo el sello barroco de Tana puso en jaque a un Alavés de hormigón.

El arreón Munuera Montero dejó sin aliento a la UD. La acción de Jesé merecía el castigo máximo y Raúl Lizoain congeló las embestidas de un rival despiadado.

La peor entrada del curso

Con 16.007 fieles en el partenón de Siete Palmas -la afluencia más baja de la campaña liguera-, la fiesta de la permanencia matemática acabó con espantada de la marea amarilla. Había urgencia por ver el Madrid-Barça, y la polémica del penalti no decretado sobre Jesé escenificó la máxima crueldad.

Para la araña de Escaleritas, otra ración de pitos. Raúl completó tres intervenciones de mérito y evitó la debacle de una UD combativa, que mostró su alma exterminadora. En la cruzada, el meta fue silbado por un templo en tinieblas.

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