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El reportaje

La mirada al cielo de Calleri

El argentino dedica cada uno de sus goles a un amigo fallecido en un accidente de moto en 2016

En memoria de un amigo.

En memoria de un amigo.

Desde el 11 de junio de 2016 la dedicatoria de los goles de Jonathan Calleri tienen como destinatario a una persona muy especial para él. Su fórmula más habitual para hacerle llegar la prueba de su recuerdo, allá donde esté, es la que utilizó el domingo pasado al marcar el gol de la victoria de la UD Las Palmas frente al Real Betis: mirada al cielo con los dedos índice de sus manos apuntando hacia arriba. En alguna parte busca a Sebastián Vladisauskas, uno de sus tres mejores amigos, fallecido hace casi un año y medio en un accidente de moto en el barrio de Floresta, al oeste de Buenos Aires. El argentino recuerda el trágico suceso con la serenidad del que ya ha superado un momento muy difícil, lo que no aplaca un ápice el drama que sufrió en su momento.

Todo se remonta a la etapa del ahora 'nueve' amarillo en el "San Pablo", como el argentino llama al Sao Paulo de Brasil. Calleri tenía la firme determinación de llevarse con él al país vecino a sus colegas del alma, a los que conoció cuando empezaron la educación secundaria, no recuerda si con 13 o 14 años. Entonces conoció a Vladi, como llamaban cariñosamente al amigo de origen lituano, a Juan Cruz y a Martín Torres, con los que mantiene una estrecha relación a pesar del oceáno que les separa.

Toda vez que a su familia no se le pasaba por la cabeza trasladarse, el delantero, como tantos otros futbolistas que emigran hacia algún lugar desconocido para ellos, pensó en su grupo humano más íntimo como la mejor solución para hacerle compañía. Incluso, iban a vivir en la misma casa. "Me los iba a llevar a Brasil, pero las circunstancias no se dieron al final. Lo que pasó es que yo me arreglé con mi novia y ya no quisieron venir", recuerda con gracia. Se trata de la misma pareja con la que hoy reside en Gran Canaria.

Lo de llevárselos consigo, sin embargo, era ya una vieja idea que en su día se plantearon y estaban dispuestos a ejecutar, pero en otra ciudad. En concreto, en Milán, porque Calleri tenía prácticamente cerrado su pase al Inter en el mercado invernal de la temporada 15/16. Estaban tan convencidos de dar un giro radical a sus vidas que Vladi y Martín llegaron incluso a dejar sus respectivos trabajos en Argentina -Juan había decidido quedarse porque tenía novia-. "Estábamos a punto de firmar, pero al final no se dio y al poco tiempo acabó saliendo lo de Brasil".

El accidente

Y allí se plantó Johny, como le llaman sus amigos, en la metrópoli brasileña para jugar en el Sao Paulo, donde sólo acabó participando en 17 partidos antes de marcharse al West Ham, de la Premier League, al comienzo del curso pasado. Los primeros 15 días los pasó solo, luego llegó la novia y posteriormente los cuatro amigos, con los que pasó una semana. "Cuando vino a Brasil fue la última vez que vi a Vladi", lamenta, antes de contextualizar la muerte de su amigo.

"Sebastián se había comprado una moto pero no sabía andar en ella. Aún así, la necesitaba porque le convenía para ir a trabajar". La tarea de enseñarle a conducirla correspondía a otros amigos de Vladi, con los que había quedado en la mañana del sábado 11 de junio de 2016 en Floresta "a una cuadra" de distancia de su casa, es decir, a un par de manzanas. Sin embargo, nunca llegó. "Nadie sabe lo que pasó realmente. Una persona que estaba en la calle en ese momento dijo que se cayó de la moto y un camión de mercancías que venía detrás le pisó la cabeza", relata Calleri con tranquilidad.

"El del vehículo ni se dio cuenta de que había atropellado a una persona, sino que pensó que era una piedra o algo. El testigo que presenció el accidente dijo que le dejó la cabeza plana, que le empezó a salir mucha sangre del oído y que agonizó como un minuto y medio hasta que falleció", añade con el mismo asombro que le produjo la situación. "Los amigos le esperaron y le esperaron, pero jamás apareció".

Cuando termina la historia, Calleri muestra con orgullo un tatuaje que tiene grabado en la pierna izquierda en su memoria: el dibujo de un futbolista con el dorsal 4 -el que usaba Vladi cuando jugaba al fútbol con los amigos- y una inscripción que reza 'El ángel me va a cuidar'. Ese recuerdo ya es algo que el delantero llevará consigo para siempre.

De camino al estadio

Si el trágico accidente de Vladi está lleno de tintes dramáticos, no menos tiene el momento en que Jonathan Calleri se entera del fatídico suceso. El delantero estaba en el "micro" -como los argentinos llaman a la guagua- camino del estadio Morumbi para disputar un Sao Paulo-Atlético Paranaense de la liga brasileña. "Me acuerdo como si fuera hoy. Me pongo a revisar el celular -teléfono móvil- y veo que en el grupo ponen algo raro: 'che, parece que le pasó algo a Vladi'. Y yo respondo '¿qué, grave?', y nadie me contesta. Hasta que ya me escribe por privado otro amigo y me dice que había fallecido", recuerda.

Al verle en estado de shock, ya muy cerca del campo, el segundo entrenador del también argentino Carlos Bauza, que dirigía en ese momento al Sao Paulo, le pidió que le dijera lo que le pasaba. No hizo falta demasiada explicación por parte de Calleri, porque fueron sus propios jefes los que le animaron a viajar a Argentina. "Me fui del estadio al aeropuerto y agarré el primer vuelo. Llegué a eso de las tres de la mañana y fui derecho al lugar del accidente", relata.

Lo que allí se encontró fue desolador. "Estaba toda la sangre en el asfalto, la marca de la frenada y los vidrios de la moto; fue increíble". En esa calle de Floresta estaban también Juan y Martín. "Ese día yo estaba trabajando. No podía creerlo y hoy en día sigo sin comprenderlo", comenta el primero, dueño de una empresa de canilleras -Indumentarias Dos Toques-, motivo por el que Calleri mostró la suya al marcar su gol en Málaga. "Siempre me las renueva y las últimas que me dio fueron las que saqué en La Rosaleda".

"Yo estaba durmiendo porque salí la noche anterior y nada más despertarme fui a su casa", recuerda Martín. Calleri decidió no ir al entierro de su amigo y volver a Brasil. Jugó cuatro días después del suceso y marcó: "Había hecho una camiseta para dedicárselo y fue hermoso". Hoy, en Argentina, sus amigos han creado un equipo que se llama 'Vladilege', mitad por su nombre y mitad por el bar favorito de Sebastián -Privilege-. En Las Palmas, Johny le recuerda con sus goles en la UD. Y el sentimiento, general: "Todos extrañamos a Vladi".

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