La marcha de Roque Mesa dejó una mancha más grande de lo esperado. Desde que el club anunció su venta al Swansea el verano pasado a cambio de 12,5 millones de euros, ninguno de los intentos por sustituirle ha dado resultado. Hasta siete jugadores han ocupado la posición de mediocentro y sólo Etebo, cuyo puesto natural es el de segundo delantero, ha rendido medianamente cuando Paco tuvo que reubicarle en busca de soluciones para el equipo.

La UD esperó al cierre del mercado estival para contratar a los dos hombres llamados a suplir al teldense, Samper y Aquilani, sin embargo, por unas circunstancias u otras ninguno de los dos ha funcionado. El primero se lesionó a los pocos días de recalar en el equipo y cuando por fin iba a ser titular con la llegada de Jémez a finales de diciembre se partió el peroné y rescindió su contrato de cesión.

El italiano, por su parte, no ha tenido continuidad con ninguno de los cuatro entrenadores, salvo con Manolo Márquez, porque su rendimiento ha estado muy por debajo de lo esperado. Por otro lado, Peñalba, que había llegado a petición de Paco, se lesionó la rodilla en su séptimo partido, contra el Sevilla, y luego, por si fuera poco, fue víctima de un error en el tiempo de recuperación por parte del médico del club, lo que le ha impedido jugar hasta ahora.

Antes, Márquez había confiado en el filial Fabio para sustituir a Roque, pero sólo lo hizo en los dos primeros partidos hasta que llegó Aquilani. Mientras, futbolistas que ya estaban el año pasado como Hernán Santana, Javi o Vicente tampoco han funcionado en la creación del juego. El primero rescindió en diciembre, el segundo sólo ha tenido continuidad a ratos y el tercero, titular indiscutible para Setién, ha experimentado una bajada de rendimiento alarmante. Es la maldición del mediocentro tras la marcha de Roque.