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El debate de la pólvora

Prescindir de Rubén, el último debate

Herrera retira al Moña, pichichi de la UD, en el 67' y la grada silba el cambio

Rafa Mir, de titular a revulsivo invisible.

Rafa Mir, de titular a revulsivo invisible. QUIQUE CURBELO

El miedo devora a la UD. La figura de Herrera se presenta como el único reclamo de redención. Y el estratega comienza a publicitar veredictos calientes. Cuatro cambios en relación al once de la debacle ante el Cádiz, dos fueron por obligación, Parras no cuenta y hay un problema con Rubén Castro. El Ferrari está en sus manos. Pero vuelan los kilómetros y no llega el éxtasis. Falta una victoria para enterrar los fantasmas.

"Debo tomar decisiones", aseguró en relación a la controvertida retirada del Moña (67'), que activa el último debate. El cambio fue silbado por el Gran Canaria. La sustitución del pichichi es otro contratiempo a un sello carente de fantasía. No hay creación. Sigue faltando un timonero creativo -la entrada de Galarreta le dio otro aire- y hay intocables en otro planeta -el declive de David Timor es incontestable-.

El valor de los puñales

La metamorfosis del estratega del ascenso del 21-J es silenciosa.Las reapariciones de David García y Juan Cala llegan condicionadas por las tarjetas. El de Maspalomas cubrió la baja de Lemos y el sevillano la desaparición de Martín Mantovani, fuera de la relación de 18 citados. El argentino es el gran señalado por el desplome en el estadio cadista.

Parras quedó relegado a la suplencia, y Herrera lo trató de justificar: "Era un partido trampa (...) Pensé en apostar por su entrada con el partido avanzado, pero no pude por la situación de la lesión de Martín Mantovani". Cala, tras cumplir su castigo federativo, regresó al eje central en compañía de Deivid, que fue silbado por el estadio de Gran Canaria -ya le pasó en Copa-.

En el carril zurdo, De la Bella pagó por el error en el Carranza y Dani Castellano fue el relevo natural. El gemelo cumplió y dejó buenas sensaciones. En todo el frente ofensivo, solo un movimiento: Mesa fue titular y Mir se fue al banquillo.

Rubén malogró la más clara en el primer acto en el único tiro a portería. Prescindir del concurso del pichichi -ocho goles y una asistencia en 16 jornadas- se presenta como el primer caso de riesgo de Herrera. Además, fulminó a Blum -fuera de la convocatoria- y relegó al banquillo a Mir. El tridente saltó por los aires, una circunstancia esperada en el guion. Las valoraciones del exdelantero del Valencia y los Wolves a este medio, con su frase "no puedo permitírmelo, lo de ser suplente", resultaron una bomba.

El murciano fue el revulsivo, junto a Galarreta, en una escenificación frustrada del nuevo amanecer. No se generó tiro alguno. Con Rubén, la UD plasmó más poderío.

¿El Moña debe ser suplente? ¿Y por qué no Araujo? ¿Qué rol debe asumir el argentino? El Chino sigue empeñado de hacer miles de kilómetros en el verde. "Lo quiero pegadito a Rubén", determinó Herrera en la previa del pulso del Carranza. Luego hizo lo que le dio la gana. Latió en una zona intermedia, jugó de mediapunta y organizador. Sigue sin definirse un estilo diáfano.

Diagnóstico

La tabla clasificatoria de las últimas diez jornadas no miente. Se convierte en el mejor diagnóstico de un gigante sin rumbo: nueve puntos de 30 en litigio. En la citada franja del campeonato, la UD, 19,2 'kilos' de inversión en el plantel con 17 fichajes, ocuparía plaza de descenso (19º puesto). La radiografía del desplome. Un dato incuestionable.

Diez partidos, 900 minutos, solo una victoria, seis empates, tres derrotas, nueve goles a favor, trece en contra, nueve puntos y un laberinto. El primer revés ante el Sporting de Gijón en El Molinón -29 de septiembre- activó un despertador demoníaco. Van 65 días de epidemia, que le costó el puesto al costalero Manolo Jiménez y no ha sellado un revulsivo contundente -Herrera está en el camino-.

El (0-0) ante el Real Oviedo estira la agonía en el partenón de Siete Palmas. Mantiene los frentes abiertos y se detecta una mínima evolución. Crecer desde el balón es un alegato insuficiente. No hay extremos, falta ritmo de transición y el pelotazo se ha convertido en el mejor argumento ofensivo.

La UD, en esa búsqueda por la regeneración y escapar de las llamas del pánico, completó un tiro a portería (el de Rubén). Manejó el 61% del esférico, hizo cinco remates y lanzó tres saques de esquina -recibió la escandalosa cifra de ocho córners-. La retirada de Rubén desnuda uno de los propósitos de Herrera: dosificar al Moña. Se veía venir. El estratega catalán no se casa con nadie. Hay debate. Esa firmeza la debe mantener con otros mimbres invisibles en el verde. Este equipo es un flan. Y el Moña es una garantía.

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