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UD Las Palmas

Una caída libre en 65 días

La UD Las Palmas registra números de descenso en las últimas 10 jornadas

Una caída libre en  65 días

Una caída libre en 65 días

Cuando la UD Las Palmas ganó al Málaga (1-0) el pasado 23 de septiembre nadie podía prever que el equipo entrara en colapso e iniciara una caída libre tan radical que le llevara desde el segundo puesto de la clasificación hasta el noveno en tan sólo 65 días, algo más de dos meses. Pero ha sucedido. El cuadro amarillo, después de imponerse al entonces líder de LaLiga 123 y dar un golpe de autoridad contra un equipo que llegaba invicto al Gran Canaria después de cinco jornadas, sólo ha sumado una victoria en 10 partidos, ha gastado la bala del entrenador y ha salido de los puestos de playoff por primera vez en todo el curso.

Hay un dato revelador: si sólo contaran los últimos 10 encuentros, únicamente la diferencia de goles le salvaría del descenso. El punto de partida de la enorme crisis de resultados, consecuencia a su vez de múltiples carencias desde el punto de vista del juego e incluso de la propia identidad del equipo, fue El Molinón, en Gijón, donde Las Palmas sufrió ante el Sporting su primera derrota del campeonato (1-0).

Sucedió justo seis días después de que el ya extécnico de Las Palmas, Manolo Jiménez, hubiera dicho que los suyos, por fin, habían logrado coger el pulso a la Segunda División. Se justificó, a grandes rasgos, en el hecho de haber superado a la plantilla más cara de la categoría -la del Málaga- sin haber pasado excesivos apuros. Nada más lejos de la realidad.

Lo único cierto es que el devenir de la UD desde su visita a Asturias ha sido un drama. Se llevó por delante a Jiménez, desenmascaró el secreto oculto de los dirigentes de que el objetivo principal era conseguir el ascenso pero de manera directa y dejó la conclusión de que, por lo demostrado a día de hoy, Las Palmas no cuenta con la mejor plantilla de la competición, tal y como se había anunciado desde el propio club. El bajo rendimiento de los futbolistas así lo atestigua.

El balance y las causas

En 10 encuentros, los amarillos han cosechado una victoria -Numancia-, seis empates -Alcorcón, Mallorca, Deportivo, Elche, Granada y Oviedo- y tres derrotas -Sporting, Almería y Cádiz-. Un balance desalentador que les sitúa a cuatro puntos de la promoción y a ocho del objetivo principal tras la disputa de 16 choques. En total, la UD sólo suma nueve puntos de 30 posibles y sería decimoctava en una hipotética clasificación de sólo 10 partidos.

Estaría empatada con el Lugo, decimoséptimo y próximo rival, y el Córdoba, cuarto por la cola y, por tanto, en puestos de descenso. Por debajo, sólo tendría al Zaragoza, con siete puntos, al Nàstic de Tarragona y al Reus, ambos con cinco. En cualquier caso, números demasiado pobres para un equipo llamado a estar en cotas mucho más altas.

Son varias las causas del desplome, pero casi todas se explican a partir de una máxima: la UD no sabe a lo que juega. Pareció que lo sabía, pero los bandazos, primero de Jiménez y luego de Herrera, la dejaron sin una identidad que se había definido como la ideal para buscar el ascenso a Primera desde el mismo momento en que la entidad anunció el fichaje del técnico sevillano.

La pretensión era dejar atrás el fútbol de toque, de posesión, de ataque, aquel que había enamorado a la afición y que tantos éxitos había dado al equipo durante la mayor parte de la etapa de Quique Setién. Mientras los resultados fueron buenos, la idea tuvo aval, sin embargo, la crisis provocó las prisas en las oficinas de Siete Palmas hasta tal punto que acabaron con Jiménez en la calle y con Herrera en el banquillo.

Fue una cuestión de fe, de intuición. De momento, no ha dado resultado. La UD, y el propio técnico lo confiesa, no es un equipo. Antes tampoco, sólo que acciones puntuales de sus estrellas, dígase Rubén con sus cinco goles en otras tantas jornadas, o Rafa Mir con su tanto surgido de la nada ante el Málaga, la habían dotado de puntos pese a que las sensaciones no eran del todo buenas.

A Las Palmas le falta juego, creación, bandas, gol, solidez. Le falta casi todo. Y en esas se encuentra Herrera, que ya se lo toma como algo personal: "Esto no se acaba hasta que yo no lo consiga", reitera. Lo que pasa es que el tiempo se agota y a la UD le urgen las victorias.

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