Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

La presión a hombros de 17 años

Pedri, siempre presente, experimenta un bajón reconocido por su entrenador

Pedri González, centrocampista de la UD Las Palmas.

Pedri González, centrocampista de la UD Las Palmas. QUIQUE CURBELO

Cuando Pedro González López, Pedri, se incorporó a la pretemporada de la UD Las Palmas el 11 de julio de 2019, tenía 16 años. Meses después, el 25 de noviembre, cumplió los 17. Entonces era y ahora es un referente y un intocable para Pepe Mel, que le vio jugar unos cuantos partidos con el juvenil División de Honor la temporada pasada y decidió, de acuerdo con el club, necesitado el verano pasado de sacar dinero de donde fuera, que debía formar parte de la plantilla.

Luego llegó el Barcelona, después de que el Real Betis y el Real Madrid rechazaran su compra, para poner cinco millones de euros más una serie de variables y tener bajo su propiedad al futbolista, que hoy juega como cedido en el equipo amarillo, por lo menos hasta final de curso. Más adelante deleitó con el comienzo del campeonato y formó una sociedad mágica junto a Jonathan Viera, tanto que la UD, con ellos dos sobre el terreno de juego, ganó ocho partidos y empató dos -acabó perdiendo el de Girona, pero cuando el de La Feria fue sustituido el choque marchaba empate a cero-.

Y ahora, transcurridas 26 jornadas de LaLiga SmartBank, soporte una presión y un responsabilidad que quizá no debiera corresponder a un chico de su edad, sobre todo desde que la marcha del '21' le dejó solo en la representación del talento. Lo reconoció el propio técnico al término del partido del domingo pasado en Riazor al ser cuestionado por el supuesto bajón que habría experimentado el tinerfeño en el último mes. "Es normal", sentenció.

Cansancio acumulado

Argumentaba el madrileño que Pedri había jugado casi todo. De hecho, no desde que regresó del Mundial sub 19 de Brasil en noviembre sólo se perdió 22 minutos en 11 partidos, con el parón navideño de por medio. Al de Tegueste se le aprecian síntomas de fatiga en los últimos encuentros y Mel no descarta darle descanso próximamente, tal y como confirmó ayer en la Ser. En ese último tramo su incidencia en el juego ha decrecido y sus números se han estancado: únicamente sumó un pase de gol, a Viera contra el Oviedo, el 24 de noviembre.

Así, el futbolista sigue anclado en los tres goles -Sporting de Gijón, Ponferradina y Lugo- y las cuatro asistencias -Málaga, Deportivo de La Coruña (dos) y Oviedo-. Precisamente la cita mundialista supuso un antes y un después en el rendimiento del tinerfeño, que aún así mantiene su condición de guía del juego ofensivo de Las Palmas.

Pero no la ejerce de la manera tan brillante como antes, en parte por un ligero bajón físico, pero sobre todo por el exceso de responsabilidad que quizá ha asumido tras el adiós de Viera, lo que por otra parte, le engrandece como jugador y le aventura un futuro envidiable. A sus 17 años, Pedri ha asumido un rol que nadie le pidió pero que desempeña con gusto, porque sabe que sus compañeros le necesitan para elaborar.

Un todoterreno

Por eso es habitual verle bajar al centro del campo, trasladarse de la banda hacia la mediapunta o regatear para romper líneas. Busca, en definitiva, que pasen cosas. Son funciones que también hacía en el tramo inicial del campeonato, pero entonces tenía al de La Feria como socio y el resto se movía alrededor de ambos, algo que ahora brilla por su ausencia, lo que dificulta la elaboración ofensiva y frustra al de Tegueste, que baja sus prestaciones si no hay movimientos.

A él, sin embargo, se aferran Pepe Mel y la UD para liderar la reacción de un grupo, que no gana desde hace seis jornadas y busca alcanzar cuanto antes los 50 puntos -tiene 35- que garantizarían la permanencia. La presión autogenerada, la mala dinámica del equipo y el bajón físico han propiciado una caída momentánea. Tiene 17 años.

Compartir el artículo

stats