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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Una revolución, un 5-0 y una bronca en Santo Domingo

En 2011, la UD de Paco Jémez, que había hecho cambios importantes en el once, recibió una 'manita' en Alcorcón

De pie: Lequi, Quiroga, Pignol, Borzani, Perea y Pindado. Agachados: Samuel, Armiche, Pedro Vega, Hernán y David García. LOF

Que el Estadio Municipal Santo Domingo de Alcorcón se le da mal a Las Palmas es un hecho: en sus ocho visitas, jamás ha ganado. Pero lo que pasó aquella tarde del 12 de febrero de 2011, hace ya algo más de nueve años, alcanzó la categoría de esperpento. Aquel día infausto, la UD entonces dirigida por Paco Jémez, que había llegado la temporada anterior a la entidad amarilla, sucumbió de una manera penosa: 5-0 y para casa. Sin embargo, más allá del resultado escandaloso, el antes, el durante y el después del partido fueron de traca.

Llegaba el cuadro insular a la cita en el extrarradio de Madrid en plena crisis, después de nueve partidos consecutivos sin ganar, con sensaciones muy malas y con el técnico contra las cuerdas. Para callar los debates, el presidente Miguel Ángel Ramírez declaró durante la semana que pasara lo que pasara, el cordobés seguiría en el banquillo. "Paco Jémez seguirá aunque el equipo pierda 5-0", dijo. Pareció, más que una defensa de su entrenador, una premonición.

Porque Las Palmas, efectivamente, se llevó una manita de Santo Domingo en una de las peores tardes que se recuerdan en la historia del club. Si la previa estuvo marcada por la crispación provocada por una racha desastrosa y la confirmación del técnico por parte del mandatario pese a todo, el choque fue un auténtico despropósito.

Debut de Hernán y de Borzani

Incluso desde antes de su comienzo, porque Jémez, extremadamente fiel a su estilo, ideó una revolución en el equipo titular que luego, transcurridos los 90 minutos, le salió rana. Va en la forma de ser del estratega, que aquella tarde de invierno se cargó a Barbosa, indiscutible bajo los palos, para introducir a Pindado; colocó a Samuel, un central, como lateral derecho; hizo debutar a Hernán, entonces un canterano imberbe, y a Borzani, un central de lo más mediocre, en el campo menos indicado; y puso al colombiano Edixon Perea, sin protagonismo en todo el curso, como acompañante de Quiroga en la delantera.

Por si fuera poco, Pedro Vega se lesionó al poco de comenzar el partido y tuvo que ser sustituido por Sergio Suárez (7'). Pese a la crudeza del desenlace final Las Palmas aguantó todo la primera parte sin recibir un gol. El choque se fue al descanso con empate a cero pese al dominio de los alfareros. Sin embargo, la reanudación iba a resultar fatal.

Nada más comenzar el segundo periodo, Quini, el delantero centro, adelantó al Alcorcón (47'), y a partir de ahí sucedió el desastre. Borja, sólo unos minutos después (58'), marcó el segundo y convirtió el duelo en una pesadilla para la UD.

Sin argumentos, sin actitud y sin dignidad, Las Palmas, que ese día había salido con los colores blanco y negro del Real Club Victoria, deambuló por el campo hasta que en los últimos 13 minutos recibió tres tantos para el bochorno, otro de Quini (77'), uno de Gerardo (85') y uno de Paco Montañés (90'). En la banda, Jémez no cabía en sí.

Pero el desastre no quedó ahí, sino que se prolongó durante más de una hora en los vestuarios de Santo Domingo. Tal y como refleja la crónica del postpartido publicada por este diario el 13 de febrero de 2011, pasadas ya las nueve de la noche, bajo un frío aterrador que envolvía el ambiente, los jugadores mantenían una reunión. De ella pudo entenderse, a través de un ventana, el grito de uno de los veteranos: Stéphane Pignol.

"La culpa es de cada uno de nosotros. Y me cago en la puta si alguno dice lo contrario", espetó a sus compañeros. Antes habían hablado David García, Pedro Vega y Javi Guerrero, y entre las consignas que salieron a la luz, una fue concluyente: "Esto hay que arreglarlo. Y vamos a hacerlo ya".

Ramírez, presente en el campo, también reprobó la actitud de los jugadores. "Si no valen para esto, que se dediquen a otra cosa", comentó. Cumplió su palabra y no echó a Jémez, aunque lo hizo dos semanas después, tras un nuevo empate y la derrota en Granada. Juan Manuel Rodríguez le sustituyó y la UD se salvó, pero dejó para siempre aquel episodio negro de Alcorcón.

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