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En casa de Pedri

El teguestero no siente miedo ni presión, y su única obsesión es no dejar de ser él mismo

Pedri, paseando por Tegueste.

Pedri, paseando por Tegueste. A.G.

Son las 10:05 de la mañana y un sol de justicia castiga la Cancha Municipal de Las Toscas, en Tegueste (Tenerife). Quien entra por la puerta es Pedro González López (Tegueste, 25 de noviembre de 2002), más conocido como Pedri. Autodefinición literal, "un chico de 17 años que piensa en fútbol las 24 horas del día y que quiere triunfar en el Barça".

Intentando romper el hielo, quien escribe estas líneas le pregunta cuánto hacía que no pisaba ese cemento. "Aquí venía hasta hace poco incluso después de entrenar", responde. Un minuto ha bastado para confirmar que solo un enfermo del balón iría a jugar a fútbol después de jugar a fútbol. Su otra gran pasión es el Catán, popular juego de mesa. Construir no se le da nada mal: en un año ha picado piedra suficiente como para pasar del juvenil de Las Palmas al primer equipo del Barça siendo el hombre con más minutos y máximo asistente del conjunto insular.

Pedri piensa y después habla. El hijo de María Rosario y Fernando se toma siempre un par de segundos antes de responder. A sus 17 años, asombra su tranquilidad ante el marcaje de una grabadora. Cero nervios, cero dudas.

Tegueste es una burbuja de 12.000 habitantes en la que la presión y el miedo no tienen cabida. Sus padres, que llevan juntos un bar del pueblo, son el mejor espejo para Pedri. "Trabajaré al máximo. Hay jugadores que empiezan despuntando y después acaban en nada", añade. En el otro lado de la barra del bar, su padre escucha con discreción.

Pedri es pura calma. Y también paciencia con quienes durante nuestro paseo nos paran para saludarle. "No me molesta porque yo en su día también hacía lo mismo". En Barcelona todo será dos o tres grados más intenso pero por más que insistimos no arrancamos el más mínimo síntoma de preocupación por su nueva vida.

Ya en la Peña Barcelonista de Tegueste, presidida por su padre, el tinerfeño nos revela que es de esos que le sigue dando vueltas al partido horas después de su conclusión. Y mientras un servidor ejerce de sparring en el futbolín, el joven talento dibuja por primera vez una sonrisa de cosquilleo. "Mis amigos me han preguntado mil veces que qué le diré a Messi cuando lo vea. Si ya me pongo nervioso con todo el mundo en el primer contacto, imagínate con Messi? Es un momento que está a la vuelta de la esquina y lo he imaginado muchas veces en mi cabeza", cuenta.

Si por Pedri fuera, la pretemporada del Barça arrancaría mañana mismo. Hasta que eso no suceda, no podrá empezar a demostrar que engulle la presión igual que las croquetas de atún de su madre. Es cuando rueda el balón que aparece el Pedri más irracional, aquel que no planea sino que inventa. Queriendo o no, el jugador ha hecho suyo el lema de que al final lo mejor es improvisar sobre la marcha. Pensamiento de genio: ¿o acaso los cracks antes de empezar la jugada proyectan en su cabeza todo lo que sucederá en cadena décimas de segundos después?

Algo diferente

Pedri llega al Barça con las ideas claras. Sabe que debe seguir creciendo como futbolista pero no olvida que es su descaro el que le ha llevado a gozar de esta oportunidad de oro. "Lo único que no me perdonaría es dejar de ser yo mismo". Igual que la altura, la fecha de nacimiento es solo un número.

Llegamos a la Plaza del Ayuntamiento y nuestro recorrido concluye. Sin prisa alguna para deshacerse de nuestro incordio, el tinerfeño solo enfila el camino a casa cuando le transmitimos que no nos hemos dejado nada en el tintero. El reloj marca las 13:11 del mediodía y el sofocante calor ha dejado paso a un clima más soportable. Lo que no ha cambiado es nuestra visión sobre Pedri: tiene algo diferente a los demás.

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