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Enzo, Ruiz, Silva y la esencia

La UD, en la mejor actuación de visitante del año, maniata al Girona desde la fortaleza en la medular | Se perciben garantías para triturar al Tenerife de Suso

Enzo, Ruiz, Silva y la esencia

Enzo, Ruiz, Silva y la esencia

Combustible súper para el clásico del silencio del 15-N. El precio del rigor. La UD respondió, con la mejor actuación del timonero galo Enzo Loiodice y el desparpajo de Jonathan Silva, a la durísima exigencia del embrujo de Montilivi, como aperitivo al enfrentamiento del domingo ante el CD Tenerife.

En seis días, llega la gran reválida del 2020. Una fecha señalada en amarillo. La primera en el ciclo de las mascarillas. Sentimiento y escudo para acabar con el maleficio -desde 2014 no se tritura al ogro del Teide con el eterno tanto de Vicente Gómez-. Las Palmas recuperó su impronta de seriedad con la presencia de Fabio como elemento bisagra. Ahogando al frente ofensivo de Francisco y saliendo como aviones. Rober y Benito, por fin, ejercieron de ese factor de la velocidad explosiva.

Pero la recuperación de la esencia, de esta UD esclava del vértigo, no obedece únicamente al termómetro físico. Ruiz confirmó su rol omnipresente, en la generación y en la defensa, para destaparse como uno de los grandes centrocampistas de la categoría. Emulando al mejor Milla, ex del Tenerife, que estamos de derbi, y ahora enrolado en las filas del Granada.

En ese triángulo, excelso e imperial -Ruiz, Enzo y el gran Fabio-, la UD se proyectó hacia el más allá dejando en evidencia a uno de los colosos de la competición. Monchu, Saiz, Gumbau, Bustos y Cristóforo no dieron con la fórmula para maniatar a esta nueva UD.

Sin Araujo, con la ausencia destacada de Pejiño, Mel le ganó la partida de ajedrez a Francisco. Jaque mate al millonario. La esencia del pobre, correr más y disponer de un cohete como Jonathan Silva. Aquí radica otro elemento fundamental del despertar a la puertas del clásico del silencio. El brasileño abrió el campo, elevó el mapa de visión y cambió el traje de la UD. Del ramalazo previsible, mostrado ante el Oviedo, a un sello sin complejos. A las puertas del derbi más raro de la historia, los amarillos -sin dos actores capitales como el Chino y Pejiño- cautivaron desde el rigor táctico. Armados como una potencia atómica.

Se cierran los debates en el eje central -valiente Álex Suárez tras su doble pifia ante Nahuel- y Dani Castellano lo tendrá complicado para jugar el domingo. Lamentar la falta de determinación de Valles, que quedó en mal lugar en el tanto de Bernardo. El ariete italiano Pietro Iemmello pasó de puntillas. Duró 54 minutos. Era su gran noche, apuesta de inicio y sigue huérfano de gloria. Mel lo retiró, elevando la temperatura de un divorcio cantado. No hay vida sin Araujo, el gran amuleto de esta UD generosa en el compromiso.

Al golazo de Ruiz, subrayar la contra de libro amarilla, el mejor arma del rival, se añade el misil de Enzo al travesaño. El cuadro de Francisco, sin Stuani y con Sylla en el tramo final, fue devorado por la anticipación. Lo nunca visto. El bloque hermético y sin ideas en la tarde del UD-Oviedo, ya es presa de la memoria. Mel ha logrado resetear el ordenador. Modificó la mentalidad de un ejército cadavérico. Enzo, Ruiz, Benito y Silva. Testigos del nuevo amanecer. Llega el derbi, que tiemble Suso.

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