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Como el satélite Ingenio

La UD, comprometida por su nulo rigor defensivo, es incapaz de despegar en la clasificación | Lleva 18 goles en contra en 13 partidos y cinco expulsiones

Como el satélite Ingenio

Como el satélite Ingenio LOF

Una de las noticias bizarras de la pasada semana fue la de Ingenio —el satélite español, que no el municipio—. Resulta que el proyecto de la ingeniería espacial más importante de la historia del país perdió el rumbo sólo ocho minutos después de su lanzamiento en la Guayana Francesa: nadie sabe por dónde anda dando vueltas el cacharro, que estaba destinado a tomar imágenes en alta resolución de la Tierra.

En ocho minutos se marcharon por el desagüe unos 200 millones de euros y el trabajo de años —13 para ser concretos—. Su rumbo se desvió y su vida fue efímera. El motivo, “un fallo humano” en una investigación abierta que señala a unos cables mal conectados. Algo que, a priori, dentro de la complejidad del asunto, parece elemental: empalmar bien los cables.

Un buen punto de partida para señalar que sin lo básico, sin lo obvio, no se puede ir a ningún lado en ningún aspecto. Sin lo mínimo no es imposible despegar. A la UD le pasó algo similar, salvando las distancias entre una misión espacial y un equipo de fútbol, en Sabadell: los despistes y caminar sin lo fundamental lo mandaron al hoyo en la Nova Creu Alta. Todo para cumplir con una tendencia que arrastra desde hace ya un buen puñado de partidos: Las Palmas no entra en órbita.

Para empezar, la UD no cuenta con un valor que es primordial en esto del fútbol: defender bien. Las Palmas acumula 18 goles en contra en solo 13 partidos –a 1,38 por encuentro–. Ayer volvió a mostrar su bisoñez e ingenuidad en los tres goles que se llevó en su contra. En el primero, jugó con fuego y se quemó. Envió una cesión envenenada a Álvaro Valles, este se la dio a Álex Suárez y el canterano, en su empeño por ser correcto con el balón, se metió en un buen lío. La salida desde atrás se complicó, intentó acabar con un pelotazo y para entonces el drama ya se olía. El rebote dejó el 1-0 ante un equipo que hasta el momento se había acercado lo mínimo al área. Todo con la desdicha de Fabio, cuyas piernas mandaron el disparo para adentro.

En el segundo, Aythami perdió su zona –se marchó a presionar a un rival casi al centro del campo–, el Sabadell cambió el balón de sentido y el centro, tan plácido como bien servido, contó con la complicidad de todos en la UD para que Guruceta, a placer en el segundo palo, marcara el segundo.

Pero Las Palmas no se conformó con eso. Volvió a pecar otras dos veces con dos patinazos severos. El primero, otro más en el partido, de Jonathan Silva, en las nubes para ver cómo su par le comía la espalda desde campo propio. El agarrón al rival cuando el balón ya se le iba tras un nefasto control fue un desgarro. A la calle con la roja. Quinta expulsión del año. Otra desgracia para analizar con amplitud en la vida de esta UD.

Y cuando quiso agarrarse al partido con un gol de Sergio Ruiz, ya con uno menos, otro palo: Álvaro Valles, con el pie, regaló el tercero. Como si el mundo se compensara después de la cantada de Ortolá hace una semana La historia era ya para llorar, de risa o de pena, pero para soltar la lágrima. El éxtasis del derbi, ganado con las manos escurridizas de Ortolá, duró lo mismo que el satélite Ingenio. Todo se descompone si no está bien atado.

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