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El error propio y ajeno

El árbitro Sánchez López tritura a la UD tanto como el propio equipo amarillo a sí mismo - La aportación de Jesé, la única luz de Las Palmas

Benito Ramírez –izquierda– y Eric Curbelo, después de que la UD Las Palmas recibiera un gol por parte del Castellón. | | LOF

Benito Ramírez –izquierda– y Eric Curbelo, después de que la UD Las Palmas recibiera un gol por parte del Castellón. | | LOF

Entre que Gorka Sagués Oscoz, sentado en una silla en Madrid frente a un sinfín de cámaras, advirtió al árbitro de que fuera a revisar en el VAR una posible mano de Javi Castellano –cuanto menos, muy interpretable– en el minuto 19; que Rafael Sánchez López expulsó a Sergio Araujo en el minuto 27 por una doble tarjeta amarilla que debió ser una, porque la primera fue un escándalo; y que la UD Las Palmas en todo su conjunto fue un auténtico desastre desde el preciso momento en que algo se le puso cuesta arriba, todo estaba listo para una hecatombe monumental.

Tal y como dijo Pepe Mel en su acalorada comparecencia posterior al choque en la entrañas de Castalia es muy difícil explicar por qué el cuadro amarillo se arrastró como un equipo vulgar en el campo del colista. Porque no todo se puede argumentar en la pésima actuación del colegiado, que lo fue, ni en la actitud penosa de los jugadores sólo por recibir un traspié, por duro que fuera, ni en la nula capacidad de reacción del técnico ante la adversidad, porque el cuadro amarillo estuvo igual durante todo el choque e hizo todo lo necesario para que el rival se luciera.

Es la suma de todo. El problema de aludir continuamente –entre otras cuestiones– a “los avatares” del fútbol para describir la tendencia de un partido, tal y como ha hecho Mel en las últimas tres jornadas, es que quizá diga muy poco de los planteamientos puramente futbolísticos y del trabajo que se hace durante la semana, porque nada salió.

En Almería fue que un empujón muy leve de Javi Castellano se convirtió en penalti y en gol en contra al filo del descanso; frente al Cartagena, que otra mano –muy light– también supuso un penalti, pero a favor, al igual que un rebote muy poco después significó que la UD ganara por 2-0 antes de los primeros 20 minutos; y en Castellón, que a la media hora Las Palmas había recibido otro penalti en contra señalado por el VAR y se vio en ese momento con uno menos.

Pero más allá de todo eso, y también Pepe Mel lo dijo bien claro, el conjunto isleño cometió una infinidad de errores, tanto técnicos como de actitud, que explicaron tanto ayer como hace dos semanas los fiascos en Almería y Castalia, sólo que en el primer caso la caída fue por 3-1 y ante uno de los favoritos al ascenso y en el segundo fue por 4-0 frente al último clasificado.

El guión de partido transcurrió tal y como quería el cuadro blanquinegro y la UD no tuvo el más mínimo interés en cambiarlo. Perdida en una posesión totalmente estéril, con pases horizontales entre los laterales y los centrales, tuvo mucho tiempo la pelota, pero para nada. Comprobado ha quedado a lo largo de todo el curso que es un equipo que vive mejor sin el balón, porque es limitado.

Bajón de Ruiz

Si a ello se le suma que Sergio Ruiz ha sufrido un bajón preocupante desde que marcara un golazo al Leganés –24 de enero–, con regalo imperdonable en el segundo gol por una pérdida en el inicio de la jugada incluido, la capacidad de generación es nula. Por si no fuera suficiente, la pareja de centrales –Álex Suárez y Curbelo–, muy fiable en este 2021, naufragó de manera estrepitosa, al igual que los laterales –Ale Díez y Dani Castellano–, el mediocentro defensivo –Javi Castellano–, el extremo izquierdo –Benito– y los delanteros –Araujo y Mujica–. Todos.

Lo que vino desde el banquillo no mejoró nada. A Kirian le falta ritmo, aunque no es excusa para que estuviera tan flojo, y de Espiau y de Fabio se espera poco. Sólo hubo una luz en la UD: la irrupción de Jesé Rodríguez, todavía fuera de forma, pero cada vez mejor. En únicamente dos minutos sobre el terreno de juego ya había disparado a puerta, en la que la mejor ocasión de Las Palmas en todo el partido.

Luego, disparó un par de veces más y realizó buenos movimientos, lo que vislumbre un futuro cuanto menos prometedor. Ante la ceguera ante el gol de Araujo, que no marca desde el pasado 10 de enero, en Mallorca, el grancanario aparece como una esperanza en el ataque amarillo, porque a Rober, que se encuentra en Sevilla con “secuelas terribles” del coronavirus, según Mel, no se le espera a cortísimo plazo. Ayer, entre los errores propios y ajenos la UD volvió a caer fuera de casa. Para volver a estar en su sitio.

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