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La doble desesperación

Jesé muestra su enfado tras sumar su sexto partido sin marcar mientras la UD alarga su leyenda negra en Tenerife - El ataque total, diluido

El amarillo Rafa Mujica, junto a Carlos Ruiz, después de haber fallado una ocasión clara en el tramo final. | | LOF

El amarillo Rafa Mujica, junto a Carlos Ruiz, después de haber fallado una ocasión clara en el tramo final. | | LOF

Minuto 76. Ha pasado más de una hora y cuarto de partido y Jesé Rodríguez pega una patada al marcador electrónico con el que el cuarto árbitro anuncia los cambios y el tiempo añadido. No lo hace porque sí, sino tras ser sustituido por primera vez desde que llegara a la UD Las Palmas en el pasado mercado de invierno. El motivo en su cabreo, pero probablemente más consigo mismo que por que le hubieran obligado a salir en el tramo decisivo del choque. Fue, en definitiva, por su profundo estado de desesperación.

En su primera vez en el cuadro amarillo, en la segunda mitad de la temporada 2016-17, tardó seis partidos en ver portería –un doblete ante Osasuna–; ahora, como mínimo, tendrá que esperar al séptimo. Porque el delantero sumó una cita más sin mojar y la decepción por no conseguirlo empieza a atormentarle.

Lo sabe Pepe Mel, que algo ha debido de ver en él durante los entrenamientos y los partidos que ayer reconoció que la exigencia que se pone sobre sí mismo es mucho mayor que la que le pide. Reconoció que Jesé quiere marcar goles, pero aclaró que él no le pide eso. En cualquier caso, lo que quiere el atacante es marcar, y si no lo hace se desespera.

Sin ocasiones

Es, en cierta forma, su manera de agradar, sin embargo, nunca fue un goleador. Quizá por eso el técnico no le exige lo que considera que no tiene –gol–, pero cuando le sitúa como delantero centro no puede esperar otra reacción en el jugador que no sea la del enfado cuando no los consigue.

Ayer, en el Heliodoro, no gozó de ninguna ocasión clara para marcar. La escenificación de su desesperación fue un disparo desde lejísimos después de un buen giro que se fue muy desviado poco antes de ser sustituido. Por si fuera poco, Rafa Mujica, el hombre que le sustituyó, gozó de la oportunidad más clara para que la UD Las Palmas volviera a llevarse el triunfo del Heliodoro Rodríguez López dos décadas después. En poco minutos, tuvo una; Jesé, en 76, ninguna.

El remate con la zurda del joven atacante cedido por el Leeds United a un par de metros de la portería de un Dani Hernández ya vencido se fue por encima del larguero, lo que, por otra parte, agrandó la leyenda negra de Las Palmas en el campo del eterno rival.

El golpeo fallido representó de alguna manera la desesperación de toda una plantilla, toda una afición y toda una isla –Gran Canaria– que no ve a su equipo asaltar el Heliodoro desde el 21 de diciembre de 2001, cuando aquel grupo dirigido por Fernando Vázquez y que luego descendería venció por 1-3 en el primer y penúltimo duelo entre ambos en Primera División.

Con todo

No se le puede achacar a Pepe Mel que no pusiera todo lo que tenía. De hecho, se encargó de recordarlo en su comparecencia posterior al encuentro. Apostó por un ataque total en el que incluyó a tres de los cuatro jugadores que más goles acumulan; entre todos, sumaban 14 de 31. Recuperó el dibujo con dos extremos, Pejiño por la izquierda y Rober por la derecha, y colocó en punta a Araujo junto a Jesé, pero en 45 minutos Las Palmas fue inofensiva.

Luego, tras la reanudación, el dibujo varió hacia el 4-2-3-1: Pejiño cambió de banda, Araujo se tiró a la izquierda y Rober se colocó en la mediapunta, por detrás de Jesé. Tampoco funcionó. Porque la UD, por mucho que acumula jugadores buenos arriba, depende del estado de inspiración de Sergio Ruiz.

Sólo cuando el cántabro se desencadenó en el tramo final el cuadro amarillo logró crear algo de peligro por los costados. Antes, al filo del descanso, había marcado su quinto tanto en la temporada con un buen disparo para igualar el partido. Ruiz, en esta UD, lo es todo, pero no suficiente como para acabar con una maldición cerca de cumplir 20 años.

El derbi, por otra parte, no defraudó, porque nadie esperaba más de dos equipos mediocres que se encuentran en una posición cómoda en la clasificación fueran a brindar un espectáculo sobre el césped. Entre eso, la poca ambición de ambos y la ausencia de público en las gradas del Heliodoro, el gran clásico canario habrá resultado igualmente desesperante para muchos.

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