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El Ferrari amarillo de Jesé

Liderados por la generosidad del punta, la UD alcanza la excelencia con su arista más fantasiosa ante el Lugo - Ve puerta 552 días después - Abrazó a Mel tras el cambio

Jesé, en un momento del partido.

Jesé, en un momento del partido.

La quinta ola devoró a Sampedro. Una cuestión de arte y no de huso horario. Triturados por la sinfonía del trigoleador Rober González y Sergio Ruiz de matrícula. La UD del novelista José Mel Pérez alcanzó la excelencia en la faceta ofensiva con 22 remates y el estreno realizador de Jesé Rodríguez -que no marcaba desde el 27 de octubre del 2019 con el Sporting de Portugal-. El Big Flow más solidario, entregó a Rober el 4-1, rescató a Las Palmas del averno. Desde el 2 de diciembre del 2006, en un pulso ante el Deportivo Alavés (6-1), el cuadro grancanario no se daba un homenaje de estas proporciones. Que hoy se acaba el mundo.

El tanto de Juanpe (5’), desde un balón lateral y destapando las miserias defensivas amarillas, parecía el penúltimo baile de las hermanitas de la Caridad. Momentos de tensión. Broncas. El viento y la soledad de un escudo en la UVI. Jesé fue el desfibrilador de una UD abrazada al sopor. Provocó el penalti (pisotón de Xavi Torres) y firmó su primera diana a los 403 minutos en la lona de Segunda. La voracidad del galáctico queda retratada en el 2-1. Participan Maikel Mesa, Benito, Araujo y el último toque de Rober González. La quinta ola evidencia la conexión entre el bético y el exjugador del Madrid. Queda patentada una nueva sociedad. El que no precisa compañeros, porque está casado con el éxtasis, es Sergio Ruiz. El salvoconducto de la dirección deportiva hacia la coherencia. Un alta de garantías y directa a la yugular de los rivales. Jugada maestra.

Parecía una causa perdida

La visión y habilidad del cántabro reside en derretir a los rivales. Van cayendo como figuras de cera. No hay límites para el timonero que vino de la tierra de Setién. Made in Cantabria. Ruiz levanta la cabeza y suenan los violines en el Teatro Pérez Galdós. Canta el Roque Nublo. Acordes diabólicos. Es el clon del mejor Roberto Trashorras. Capaz de lo mejor, capaz de lo imprevisible. Balón al ‘Chino’ y 3-1.

Sergio Ezequiel Araujo -seis dianas- no veía portería desde el pasado 10 de enero en San Moix ante el RCD Mallorca. El cuadro bermellón es el próximo rival en el Gran Canaria (19.30 horas). Acaba con nueve jornadas de sequía. Es la primera ocasión que Jesé y el Chino deleitan juntos. Marcan y aplastan el mecano de Sampedro, que dijo en la previa que el Lugo debía aclimatarse al clima y al huso horario del Archipiélago.

Fue la noche de la resurrección. Maikel Mesa, el ‘hombre escudo’, firmó una actuación sideral. Escoltó a Ruiz -retrasó su posición y el dibujó pasó del 4-3-3 al 4-4-2- y las prestaciones del cántabro se multiplicaron a la enésima potencia. En esa capacidad de icono de la precisión, cabe incluir la exhibición de Benito Ramírez. El cohete de La Aldea sepultó a sus demonios. Los tres goles de Rober copan portadas, así como el Ferrari de Jesé, pero el aldeano se llevó la medalla de Mel. “Ha sido el mejor”, pregonó el novelista, que dejó en el aire su renovación, sin precipitar los tiempos. El 5-1 fue el Velázquez de los tantos. Kirian y Aridai Cabrera dejaron pasar el balón entre sus piernas para que Rober encarase y batiese a Cantero. Es un giro a la UD más barroca. Un lienzo que vale de metroguagua para viajar al ‘setienismo’ ilustrado. Aridai Cabrera, también señalado por su bajo rendimiento, se desquitó con el sexto tanto.

Las vueltas que ha dado el atacante del barrio de Lomo Blanco, que también hizo un tanto milagroso ante el Leganés. En esta faceta ofensiva, Kirian se ganó el perdón de Mel y Óscar Clemente está fino. Tocado por una varita mágica trenzó jugadas diabólicas.

Un reino mágico. Con escuadra y cartabón, la UD es capaz de todo. De las hermanitas de la Caridad la quinta ola. El frente ofensivo total deslumbró a falta de diez finales -30 puntos-. Con el reto obligatorio de besar la salvación matemática (50 unidades), hay un pistolero desatado en el lejano oeste de plata. Se llama Jesé y tiene un Ferrari. En el bólido, una constelación de francotiradores sedientos de venganza: Sergio Araujo, Rober, Benito, Pejiño y el indomable Ruiz.

En el caso del gaditano, ayer se quedó en un segundo plano. Jesé, al ser sustituido, se abrazó con Mel para sellar la paz en otro de los fotogramas. De la patada al cartel del cuarto árbitro en el Heliodoro a la arenga del líder: ‘Señores, ahora viene el Mallorca’. Llega un gigante y la UD es un torrente victoriano. Una ola de genialidad.

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