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La lucha constante contra el ‘efecto fotocopiadora’

Las Palmas vuelve a acusar un arranque de partido parsimonioso y encaja el cuarto tanto antes del minuto 15 en los cinco últimas jornadas

Varios jugadores del Mallorca se abrazan a Dani Rodríguez, autor de la asistencia del tanto de Amath, mientras Curbelo -6- se lamenta. | | ANDRÉS CRUZ

Varios jugadores del Mallorca se abrazan a Dani Rodríguez, autor de la asistencia del tanto de Amath, mientras Curbelo -6- se lamenta. | | ANDRÉS CRUZ

Seguramente las nuevas generaciones desconozcan los inconvenientes que presentaban las fotocopiadoras no hace más de dos décadas. Hasta la llegada del láser a esta herramienta imprescindible en tantos ámbitos laborales y académicos, todo dependía del calor que iba adquiriendo el sistema desde que se activaba el botón de encendido. Lo más normal es que las primeras copias ni se llegaran a reproducir o saliera por la bandeja de papel un churro emborronado de tinta hasta que el fusor del sistema adquiriese la temperatura idónea para que el calco del documento situado bajo la tapa fuera el deseado.

Este efecto fotocopiadora bien podría diagnosticársele a Las Palmas durante el transcurso de la temporada y con mayor sintomatología en lo que va transcurrido en el último mes. Desde la visita de la UD a Fuenlabrada, los inicios de partido se están convirtiendo en una losa pesada con la que combatir el resto de la brega.

Es arrancar el balón desde el punto central y la velocidad con la que se mueven los once jugadores de camiseta amarilla no parece ser la más adecuada para plantearle problemas serios a sus rivales. La parsimonia se adueña del espíritu del equipo y como si se dedicara a medir al púgil que tiene enfrente, no reacciona hasta que le llega el primer impacto al mentón.

Ayer el mandoble llegó en el minuto 13, cuando un cúmulo de errores en la zona defensiva, con la pareja de centrales ya inamovible para Mel formada por Álex Suárez y Eric Curbelo, se encontraba fuera de lugar, y Amath apareció libre de marca en los dominios de Álvaro Valles para rematar a placer mientras el guardameta no podía hacer nada para blocar el balón llevado por la incercia de su movimiento y cayó a contrapié para el 0-1 bermellón.

Una película que ya va siendo costumbre en los cuatro últimos partidos ligueros disputados. Película por concepto, pero bien podría decirse que los goles encajados de Las Palmas llegan en las secuencias de lostrailers.

Ya pasó en Fuenlabrada, cuando Borja Garcés aprovechó un despiste en el minuto 2 en la salida de balón insular y abrió la lata.

Ante el Girona fue el día de las hermanitas de la Caridad, regalando otro gol nada más arrancar la segunda mitad para que Sylla pusiera el primer granito de la derrota 1-2 en el Gran Canaria y echar por la borda el tanto de Lemos.

Se perpetró ante el Tenerife, en otro día en el que la fotocopiadora se quedó atascada en el arranque del derbi y Vada aprovechó la torrija inicial para el 1-0 en el 10’.

Y la penúltima concesión, hasta la de ayer a Amath ocurrió el pasado jueves ante el Lugo, cuando Juanpe a los cinco minutos se elevó por encima de la defensa insular con el que mandar un testarazo a Valles. Ese dolió menos porque no fue la fotocopiadora la que entró en calor, sino que se despertó un dragón amarillo que arrasó con seis fogonazos a los gallegos y el jet-lag de Sampedro.

Ayer la puesta a punto del fusor de la UD se demoró hasta la segunda parte, pero a partir de ahí, con el calorcito metido en el cuerpo, el plantel de Mel empezó a reproducir con buena tinta las mejores ocasiones del partido.

Esfuerzo extra

Pero claro, el termostato de los jugadores amarillos también tiene un límite. El sobresfuerzo físico que ponen en liza para arreglar los desaguisados que las hermanitas de la Caridad se empeñan en no perder su cita del último mes tiene un peaje que pagar.

Menos mal que la respuesta de Araujo no se demoró en exceso tras la vuelta de vestuarios y ya en el 47 puso el empate tras una jugada trenzada entre Ruiz y Jesé, que le cedió una guirnalda con el que el argentino sumara su séptimo tanto de la temporada, preámbulo de lo que iba a verse en los siguientes compases.

Porque sí, dominó Las Palmas en la segunda parte al Mallorca. Alcanzó el 61% de posesión el equipo amarillo, pero el cansancio hizo mella para que los tres puntos no se quedaran en la Isla.

Faltó aire en los últimos minutos para que la UD se viera con el premio. La tuvo el Chino en el 88’, pero precisamente por esa falta de pulmones no pudo batir a Reina cuando se le presuponía una carrera en solitario ante el guardameta mallorquín que Valjant se encargó de deshabilitar con un sprint en el repliegue defensivo que volvió a dejar tran helado a Las Palmas como arrancó el partido.

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