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La historia que la UD no quiere repetir: la dejadez de 2017

Con la salvación casi en la mano, como ahora, Las Palmas perdió ocho de los últimos diez choques

Jesé Rodríguez, en su primera etapa en la UD Las Palmas, protesta al árbitro durante el empate ante el Alavés (1-1).  | | QUIQUE CURBELO

Jesé Rodríguez, en su primera etapa en la UD Las Palmas, protesta al árbitro durante el empate ante el Alavés (1-1). | | QUIQUE CURBELO

Eran otros tiempos, en otra categoría y con otros protagonistas, pero la situación clasificatoria del equipo era parecida. En resumen, la UD Las Palmas estaba casi salvada y de la misma forma había dinamitado cualquier opción de soñar con algo más, cuestión que, por otra parte, nunca dejó de ser una utopía. Se encontraba el cuadro amarillo, por tanto, en un lugar cómodo, como ahora. Entonces no era 2021, sino 2017; el equipo no estaba en Segunda, sino en Primera; y Pepe Mel no era el entrenador ni había resuelto su futuro, sino que lo era Quique Setién, que acababa de anunciar que no continuaría en el banquillo el curso siguiente. Pero el trabajo, al fin y al cabo, estaba hecho.

Lo que sucedió después del preciso momento en que el técnico cántabro acabó con la guerra dialéctica que él mismo había protagonizado junto con el presidente Miguel Ángel Ramírez y otros miembros del club con su renovación como centro del debate fue un descalabro. El anuncio tuvo lugar el 18 de marzo de 2017. Quedaban diez partidos para la conclusión del campeonato; desde entonces, la UD sólo ganó un partido, empató otro y perdió ocho, cinco de ellos de manera consecutiva para cerrar el curso.

Mal ejemplo

Eso, precisamente, es lo que quiere evitar Las Palmas en las ocho fechas que quedan. Con la permanencia en la mano tras haber goleado al CD Lugo hace dos semanas (6-1), y sumado un punto de mucho mérito ante el segundo clasificado, el RCD Mallorca (1-1), los amarillos se plantaron en el Carlos Tartiere de Oviedo para marcharse sin un sólo disparo entre palos ni fuera de ellos en 99 minutos de juego. Con casi nada en juego, y más allá de la mejor o pero oposición del cuadro carbayón, la UD evidenció una actitud mucho más apática.

Así se mostró también cuatro años atrás desde que Setién dijo que se iba. Del juego vistoso, preciosista y medido se pasó a todo lo contrario. El objetivo se había cumplido y la imagen comenzó a dar igual. La UD, que venía de ganar al Villarreal, perdió en sus dos siguientes salidas, en Vigo (3-1) y en Eibar (3-1), hasta que venció al Betis para sellar definitivamente la salvación (4-1, con un gol de Jesé, de penalti).

El fiasco final tras el anunció de Setién de que no seguiría manchó la buena imagen del equipo

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Luego vino una derrota en Bilbao (5-1), un empate frente al Alavés (1-1) y las cinco caídas finales, ante el Leganés (3-0), el Atlético de Madrid (0-5), el Sporting de Gijón (1-0), el Barcelona (1-4) y el Deportivo de La Coruña (3-0). Un balance terrible que empañó el trabajo bien hecho anteriormente.

El cambio radical que experimentó la UD cuando se quedó sin objetivo y supo que el jefe se bajaba del barco –las versiones de las partes aún hoy son contradictorias– manchó la imagen de un equipo pulcro que había despertado el interés y la simpatía de toda España. La UD de ahora ni se le parece, sobre todo en cuanto a nombres, pero podría dejar un sabor amargo a una temporada aceptable si entra en la misma dinámica que cuatro años atrás.

Las Palmas, al fin y al cabo, habrá cumplido el objetivo que marcó la dirigencia el verano pasado, pero tanto Pepe Mel como los jugadores podrían salir muy tocados y quedar señalados si no cambia la tendencia de Oviedo. El sábado (17.15 horas) tiene la primera oportunidad para no repetir la historia de 2017.

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