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Pejiño suma su cuarta lesión, la segunda en el mismo tobillo

El barbateño, que aún espera las pruebas médicas, se habrá perdido la mitad del curso

Francisco Jesús Crespo Pejiño, atendido por uno de los fisios de la UD tras sufrir el percance en el tobillo..

Francisco Jesús Crespo Pejiño, atendido por uno de los fisios de la UD tras sufrir el percance en el tobillo.. Andrés Cruz

Es uno de los pocos fichajes que ha funcionado, pero la UD Las Palmas casi no ha sacado provecho de él. Porque Francisco Jesús Crespo Pejiño, que llegó el verano pasado procedente del Sevilla Atlético para firmar por dos temporadas, con opción a una tercera, sólo habrá podido participar en 21 partidos, es decir, en la mitad de los establecidos, por culpa de las lesiones. En concreto, cuatro, la última de ellas el sábado pasado durante la cita frente al Real Zaragoza (0-2).

Volvía a la titularidad después de su último percance y volvió a sufrir un infortunio. Sucedió en la primera parte y precisamente en una de sus acciones favoritas: profundizar hasta la línea de fondo y centrar al área con la zurda. Vigaray, que sólo intentaba evitar el pase, llegó tarde y le piso el tobillo. El barbateño detectó bien pronto que lo que sentía no era un simple dolor provocado por el golpe, sino algo más grave. Pidió el cambio, aunque aguantó hasta el tiempo de descanso.

Entrada y esguince

A falta de unas pruebas que le realizarán entre hoy y mañana, Pejiño sufre un esguince que podría impedirle participar en la últimas tres jornadas del campeonato –ante el Sporting de Gijón, el jueves; el Albacete, el lunes; y el Logroñés, el domingo siguiente–. Se marchó del Estadio de Gran Canaria con el pie bastante hinchado y suspira por que la lesión sea lo más leve posible.

La mala suerte quiso, además, que fuera en el mismo tobillo que ya le generó un quebradero de cabeza en el primer cuarto de temporada y que le tuvo fuera de los terrenos de juego durante casi tres meses y medio. Era su segundo percance del curso, pero, sin duda, el más grave.

Semanas antes, el barbateño había estrenado su calvario de lesiones con una pequeña rotura en el isquiotibial justo el primer día que descansaba, en Cartagena, donde fue suplente, salió y se fastidió en la media hora que jugó. Y luego, cuando ya se había incorporado al grupo y estaba listo para volver a entrar en una convocatoria, una jugada desafortunada en un entrenamiento acabó con su tobillo encima de un pie de Loiodice después de un salto y se rompió de verdad.

No tuvo un esguince, sino un edema óseo detectado tiempo después, cuando el jugador se trasladó a Madrid para visitar a un doctor y conocer su versión después de varios intentos fallidos de reincorporarse. Los dolores no remitían y cada vez que intentaba dar un paso más, volvía a recaer.

De octubre a febrero

Así, entre unas cosas y otras, estuvo fuera desde el 24 de octubre hasta el 7 de febrero, día en que reapareció en la derrota en casa frente al Sabadell (0-1). Tras dos suplencias con el objetivo de acumular minutos y ritmo de juego, fue titular durante seis encuentros seguidos, incluidos el del Cartagena en Siete Palmas, donde marcó un gol, y el de Fuenlabrada donde hizo dos para sumar un total de cuatro en todo el curso.

Tras el derbi estuvo en el banquillo tres choques hasta que salió de inicio otra vez ante el Málaga. Días después, en un entreno, sufrió su tercera lesión, nuevamente en el isquio, que le privó de jugar dos partidos. –Espanyol y Ponfe–. Hasta que reapareció en Alcorcón y una semana después padeció su cuarto infortunio, ese que podría privarle de acabar la campaña. Es el resumen de la mala suerte de un buen fichaje que la UD no ha podido aprovechar del todo.

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