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Carreras torcidas

Pasos hacia la vida

Juan Luzardo, campeón de la Copa del Rey juvenil en 1972 con la UD, se retiró por culpa de un sarcoma que amputó su pierna derecha

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Carreras torcidas: Juan Luzardo

«Perdí la pierna, me quitó el fútbol, pero tengo la vida». La cabeza de Juan Luzardo (Las Palmas de Gran Canaria, 1954) funciona como un ordenador. Es capaz de recitar algunas fechas sin dificultad. «Fue el 17 de noviembre de 1977. Tenía 23 años. No pudieron hacer otra cosa que amputarme la pierna. Cuando me dieron el diagnóstico le dije al médico: mire, es que yo juego al fútbol. Y él me contestó: ‘Vamos a ver si podemos salvarle la vida’. Y aquí estoy, me la salvaron», cuenta entre pequeñas pausas con los ojos en puro brillo.

Luzardo, a la derecha, en un partido amistoso salta con Germán Dévora. | | LP/DLP

Juan Luzardo había vuelto a Gran Canaria hacía bien poco. La ‘mili’ le alejó de su Schamann querido y del fútbol para llevarle a Bilbao y Vitoria. Eran sus tiempos de carrilero en el Aficionado de la UD Las Palmas. Se fue con la esperanza de jugar, el macuto y una carta de Jesús García Panasco, secretario general del club. «Conocía a algún directivo del Alavés y me dijo que me presentara con ella en Mendizorroza. Llegué y vi una altura de nieve... ¡Qué va! Me eché para atrás», narra. En Bilbao probó suerte en el Basauri, pero se cansó de esperar una oportunidad.

«Volví a casa y empecé de nuevo en el Aficionado, pero tenía un dolor en la ingle que no se me iba. No estaba localizado y empecé a hacer una ronda de médicos. Me decían que no tenía nada. Manuel Betancor, un directivo de la UD, me envió a Enrique Recarte, en la Clínica del Pino», explica. Algo no convencía al doctor. Los rayos X alrededor del cuello del fémur dejaron una sentencia muy dura: había un sarcoma que tenían que extirpar. «La única solución era la amputación», cuenta.

Sin tiempo para pensar

Aquel era el único camino. «Mi novia y mis padres se movieron, pensando en que podría haber otra solución en otro lado, en Madrid o donde fuera. Pero el médico fue tajante. Había que hacerlo y había que hacerlo ya. Era eso o morir», cuenta.

Sin tiempo para asimilarlo, Juan Luzardo, el bravo lateral del equipo juvenil de la UD Las Palmas que había hecho historia al proclamarse campeón de la Copa del Rey en 1972, vio cómo su vida dio un vuelco total. «Fue una gran frustración. Tenía mis ilusiones, mi pasión que era el fútbol, con la esperanza de llegar algún día... Cuando entré en el quirófano pensaba que igual podían hacer algo por la pierna, que no me la tendría que amputar, pero cuando me desperté, levanté la sábana y miré, fue un trauma», confiesa más de 40 años después.

Aquel niño que empezó a pelotear en las calles de Schamann, que vistió los colores del Audaz y que ingresó en la UD Las Palmas para hacer historia con el primer y único título nacional de la entidad en sus 70 años de historia, tuvo que enterrar el fútbol. «Fue muy difícil. Recarte me animó a hacer mi vida normal. Tenía mi novia, tuve a mi novia y tengo a mi mujer, a Loli, que se convirtió en mi psicóloga», apunta emocionado.

Empezaba una vida nueva. Tras dos meses y medio de ingreso tenía que comenzar de cero. Primero, las pruebas con la prótesis; después, volver a andar. «Sujeto de la valla del paseo de San Antonio volví a aprender a caminar, siempre con Loli. No quería salir de casa y era ella la que me empujó a hacerlo. En cuanto salí aprendí a vivir de nuevo», agrega.

Lo que al principio eran unos metros se convirtieron en caminatas. «Salía de Schamann y llegaba al Metropole; cine Plaza, Clínica del Pino, Ciudad Jardín y Metropole». Espantados los complejos se lanzó a vivir. Siguió con su trabajo en una empresa en el Puerto de Las Palmas, tuvo dos hijas «maravillosas» y encaró el camino que le tocaba andar. Pasos por la vida.

Lo que más le costó entonces fue volver a ver el balón rodar. «Mi ilusión era el fútbol, mi ilusión era la UD Las Palmas. Cuando pasó todo esto, dejé de pensar en el fútbol. Me centré en vivir y me costaba verlo. La vida de las personas suele ser dura, si tienes una discapacidad, pues más. Pero aquí entran después las ganas de vivir de cada uno, de cada persona, y según ese ímpetu, esas ganas, están tus metas. Eso es lo que hice».

La huella de Luzardo en la enciclopedia del fútbol canario estaba ya filmada entonces como integrante de un grupo pionero e irrepetible. Casi medio siglo después nadie ha igualado lo que hizo aquel juvenil de la UD dirigido por Manolo Torres en el banquillo y por José de Aguilar en la presidencia de los filiales. «Fue el 8 de julio de 1972», puntualiza Luzardo. En el Santiago Bernabéu, la UD tumbó al Real Madrid por 1-2, con remontada incluida, para levantar la Copa del Rey. Por el camino, los amarillos dejaron al Tenerife, Atlético Malagueño, Damm de Barcelona y el Sanse de dos mitos de la Real Sociedad: el portero Arconada y el punta Satrústegui. «Funcionábamos como un reloj», afirma.

Luzardo se quedó sin jugar aquella final en el Bernabéu. El motivo: una fractura en la tibia. «Fue en Atocha el 24 de junio de 1972». Aparece de nuevo su ordenador de fechas. «Llevaba el balón por mi banda, el defensa fue a cortar la pelota y fortuitamente me llevé una buena patada», cuenta mientras dibuja la jugada con los dedos en el aire. Seis meses sin jugar. Yeso, rehabilitación y vuelta al ruedo. Eso sí, en Madrid vivió el partido como uno más en una generación de futbolistas donde estaban Félix Marrero, Miguel Ángel, Eladio, Falo Oramas, Leocadio o Artiles. Lo mismo en una celebración que colapsó el camino del Aeropuerto a la capital.

Desde hace algunos años Luzardo es el ‘secretario’ de ese grupo de futbolistas que se cita cada anualmente para rememorar una hazaña que hoy todavía no tiene igual. «Aquello es inolvidable», concluye. Tanto como el hueco que dejó su nombre y el de su quinta en la historia del balompié de Canarias.

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