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UD Las Palmas

Un enyesque de plata: La plantilla de la UD Las Palmas de la temporada 95-96 se reencuentra

Una representación nutrida de la historia de la UD Las Palmas conmemora el ascenso del equipo amarillo a Segunda División hace 25 años

Pacuco Rosales, Rafa Méndez, Adrián Déniz, Miguel A. Ramírez, Nicolás Ortega, Luis Sicilia, Manolo López y Juan M. Rodríguez. | | EFE

Pacuco Rosales, Rafa Méndez, Adrián Déniz, Miguel A. Ramírez, Nicolás Ortega, Luis Sicilia, Manolo López y Juan M. Rodríguez. | | EFE

La familia de la Unión Deportiva Las Palmas celebró ayer las bodas de plata de uno de los ascensos más emotivos en la historia del club amarillo, aquel que se perpetró en 1996 para abandonar el infierno de la Segunda División B después de cuatro intentonas frustradas las temporadas anteriores. El que se celebró por todo lo alto en la Playa de Las Canteras con la animación del grupo musical Los Coquillos a altas horas de la madrugada después de que el equipo amarillo regresara a la Isla desde Alicante al vencer al Elche por 0-4 en la quinta jornada de la fase de promoción.

La familia de la Unión Deportiva Las Palmas, con gran presencia de participantes de la plantilla que consiguió el ascenso a Segunda en el 1995-96 . | | CARLOS DÍAZ RECIO

De aquel equipo, que se reencontró ayer en el Restaurante La Marinera para conmemorar la efeméride conjuntamente, destacó el buen ambiente que se vivía dentro de la caseta. «Nos hemos reunido antes de llegar aquí unos cuantos para tomar una cerveza y comentábamos que el compromiso que había esa temporada era lo que nos permitió llegar a los registros tan buenos que hicimos, yo eso no lo volví a vivir en toda mi carrera», destaca Eloy Jiménez, el nombre por excelencia de aquel ascenso al anotar dos goles ante el Elche.

Ese buen ambiente vivido en las entrañas del vestuario también se reflejaba en la afición amarilla, deseosa de salir del atolladero de la categoría de bronce, se volcó con la UD durante toda la temporada. El propio Miguel Ángel Ramírez, presidente actual del club, rememora que lo vivió como aficionado, aunque con cierto cariño el directivo indicó que le hubiera gustado cumplir su ilusión «de ser futbolista de la UD».

Además Ramírez pus énfasis a que el ascenso «volvió a juntar a la afición con el club», después de una época en la que la masa social y la UD mantenían un divorcio sentimental en las gradas de El Insular.

Su homólogo en la temporada del ascenso, Adrián Déniz, también quiso dejar patente que el mérito del regreso a Segunda fue «gracias a la afición que en ese momento se volcó con un equipo que luchaba por su supervivencia y por volver a ser un club de la élite», y que no dejaron de confiar en el proyecto de ascenso en ningún momento.

Fe que mantuvo él mismo con otro de los artífices del ascenso y con quien la afición guarda un cariño mayúsculo, Pacuco Rosales. El entrenador al que Déniz le hizo la promesa de «coger un yumbo, despegarlo y aterrizarlo juntos». Confianza que tuvo que mantener en hasta tres ocasiones, y que el míster relata: «Intentaron cesarme tres veces, pero él lo echó todo abajo», indica.

Junto a Pacuco, su segundo de a bordo fue otro de los históricos dentro del club amarillo: Juan Manuel Rodríguez. Para el actual entrenador de Las Palmas Atlético, ese ascenso «fue algo totalmente diferente a los demás, tenía algo especial», en contraste con los dos posteriores que la UD ha firmado a Primera División.

El por entonces segundo entrenador con Pacuco, también tiene en mente el recuerdo de la afición. «Ya nos costó salir del aeropuerto cuando llegamos a la isla a altas horas de la madrugada y después ver cómo esperaban a toda la comitiva del primer equipo en Las Canteras fue algo impresionante», añade el entrenador.

Horas y horas compartidas con la plantilla que dieron para numerosas anécdotas durante la temporada. En la que una de ellas Eloy Jiménez resaltó la que ocurrió con una patada de Pacuco a una de sus botas, recriminándole que «no servía para nada», y en el siguiente partido el ilicitano vio portería y le contestó a su entrenador «dale ahora una patada a la otra bota, míster», comenta entre risas.

Cuestiones de jerarquía, que Eloy ha ido viviendo con el paso de los años, cuando él mismo ahora es entrenador y que ayer dejó claras sus intenciones. «Me falta ser entrenador de Las Palmas. En ello estamos; ahora sueño con ser entrenador de la UD. Tengo que seguir trabajando», apuntó.

Su compañero de fatigas en la punta de ataque, con quien perforó las redes rivales, Orlandito Suárez, cuestionado sobre quién era mejor de los dos en la ofensiva amarilla, añadió entre risas que: «Por supuesto que Eloy tenía más calidad que yo». Ambos ídolos.

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