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César y la guagua ‘voladora’ de la UD Las Palmas

El conductor del vehículo que transporta a la UD en la Península empezará su tercer curso con el equipo y ya es uno más de la familia | Recorrió 600 kilómetros en Marbella

César Robledo, chófer de la UD Las Palmas en la Península, junto a la guagua antes de abandonar Marbella para poner rumbo al garaje de Asturias. | | LP/DLP

César Robledo, chófer de la UD Las Palmas en la Península, junto a la guagua antes de abandonar Marbella para poner rumbo al garaje de Asturias. | | LP/DLP

César Robledo es el conductor de la guagua de la UD Las Palmas en la Península. Sí, de la guagua de la Península, la que se encarga de mover a la expedición amarilla fuera del Archipiélago. Porque hay dos. La otra, evidentemente, está en Gran Canaria y no es exclusiva. Esa simpleza, sin embargo, no la conoce todo el mundo.

Cada dos semanas, sin fallo, es protagonista de la misma anécdota. «Me preguntan como 30 o 40 veces, pero todo el mundo, desde policías hasta aficionados, que cómo hacemos para traer la guagua a la Península. Y tengo que explicarles que está en la Península para mover al equipo por esta zona. Pero un día en Zaragoza, harto, después de contar la misma historia de siempre a una pareja, le dije a otra: ‘La trajimos en el avión y a veces tenemos que quitarle las ruedas. Y precisamente ahora acabamos de ponerlas».

Ese sentido del humor es el mismo que César, como le llaman todos en la UD, tiene cuando le toca trabajar con el equipo amarillo. El próximo sábado 21 de agosto comenzará al frente de la guagua de la UD, de última generación y valorada en unos 300.000 euros. Ese día recogerá a la expedición amarilla en el aeropuerto de Barcelona para trasladarla a Gerona, donde al día siguiente habrá partido en Montilivi en la segunda jornada, pero él también ha tenido su pretemporada.

Porque estuvo presente durante toda la concentración de Marbella para trasladar al equipo a los campos de la Dama de Noche para entrenar y jugar frente al Cádiz, al Marbella Football Center para medirse con el Espanyol y el Wolverhampton, y a la Línea de la Concepción (provincia de Cádiz) para enfrentarse con el Sevilla. En total, unos 600 kilómetros desde que recogiera a la UD en el aeropuerto de Málaga el martes 20 y la depositara en el mismo lugar anteayer por la tarde.

El regreso

Pero luego César tuvo que recorrer unos 1.000 kilómetros más, con una parada para dormir en Guarromán (Jaén), hasta Gijón, donde la guagua de Autobuses Cabranes descansa ya hasta Las Palmas vuelva a aparecer por la Península. Porque esa, que luce el nuevo eslogan de La Unión hace Las Palmas, sí es exclusiva.

Calcula el conductor que en una temporada, en 20 veces –la otra salida es a Tenerife y allí va la guagua de Gran Canaria en barco–, puede llegar a recorrer más de 20.000 kilómetros, en los que no pasa desapercibido.

«Por la autopista es una odisea porque siete de cada 10 coches en los que van dos personas, una te va haciendo fotos o vídeos, hasta tal punto que se te ponen en paralelo o por delante y bajan la velocidad para que tengas que adelantarles y puedan grabarte por todos los lados. Y cuando de repente quieres parar en un área de servicio para descansar, y pones el intermitente, pues tres o cuatro coches salen contigo», relata.

Simpático pero cauteloso, cuenta que en los traslados a los estadios impera el silencio. Sólo se escucha la música «de activación» que pone el delegado Rubén Fontes, sentado a su lado en el transportín –asiento ubicado en la escalera delantera–. Detrás de él, Pepe Mel, y luego otros miembros entre el cuerpo técnico y demás trabajadores hasta llegar a los jugadores, que se ubican desde la mitad hasta el final.

Después de los encuentros resuenan algunas palabras de los capitanes, pero poco más. Sucede lo habitual. Si el equipo ha ganado hay alegría; si ha perdido, no se oye nada. César forma ya parte de la familia amarilla. Tanto, que en la última cena en Marbella tuvo que cantar el Bailar pegados de Sergio Dalma por petición popular. Es el alma de los viajes.

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